Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

El MoMA ahora más contemporáneo

 


Publicidad

El Museo de Arte Moderno de Nueva York ha empezado a realizar cambios en algunas de las salas principales que guardan la colección moderna, la más apetecida del museo. La intención era crear una experiencia museística fascinante, cambiar el recorrido y la mirada de las piezas.

Podría decirse que Ann Temkin, la curadora principal, y su equipo están contribuyendo a que el MoMA se supere a sí mismo, minimizando su rol de árbitro, juez y custodio del canon, según informó Revista Ñ.

Donde más a fondo se llevó a cabo esta reinstalación es en las salas del cuarto piso, dedicadas al arte desde 1940. La primera obra es “Sleeping Figure”, 1950, una oscura escultura totémica de Loui se Bourgeois, estacionada frente a una pared vacía donde normalmente habría estado colgada una pintura de Jackson Pollock o de alguno de los otros Expresionistas Abstractos de primer nivel. La concentración de Bourgeois en el Surrealismo es secundada por un gran entramado de madera y soga de Frederick Kiesler, que evoca un ancla y un crucifijo; los garabatos retorcidos de la pintura “The Kill” de André Masson; y obras de Wifredo Lam, Leonora Carrington e Yves Tanguy.

El cambio se siente aún más al final, en una progresión de obras de Arte Conceptual, muchas de ellas adquiridas recientemente. Con este despliegue, las salas con la colección permanente, que en general concluían con el arte de fines de los años 1960, se extienden, no sin cierta cautela, por primera vez hasta 1980.

La tercera sala, generalmente un bastión del Expresionismo Abstracto, está consagrada ahora a siete trabajos de Robert Rauschenberg, Cy Twombly y Jasper Johns. Cinco fueron realizados con diferencia de meses entre 1954 y 1955, cuando los artistas vivían en estrecha vecindad en el Lower Manhattan.

La cuarta sala, que se concentra en obras de los años 1960, desborda de discordantes relieves, montajes, collages y esculturas con objetos hallados de Lee Bontecou, John Chamberlain, Yayoi Kusama, Arman, Daniel Spoerri y Jacques de la Villiglé.

“Package in Wheelbrow” de Christo, 1963, un viejo clásico de las obras envueltas, no se veía desde hacía años. “Compact Object” de Natsuyuki Nakanishi de 1962 un ovoide estilo Brancusi en resina fundida lleno de piezas de relojes será una novedad para la mayoría de los visitantes, al igual que una síntesis pequeña y vehemente, una especie de reliquia con clavos, papel metálico y hierro sobre madera de 1959 realizada por el artista Mathias Goeritz. La sala es como una explosión, y más de materiales que de estilos: nada aquí entra en la categoría de pintura o escultura tradicionales.

El estilo vuelve, pero en versiones ampliadas, en las dos salas siguientes. El Pop se estira para incluir a Alex Katz y Marisol, junto con su principal artífice británico, Richard Hamilton. Una sala de apariencia particularmente audaz yuxtapone las iniciativas Minimalistas de los neoyorquinos Donald Judd, Dan Flavin y Jo Baer y sus pares de Los Angeles Craig Kaufmann, John McCracken y DeWain Valentine.

Con lo que viene después, A continuación, el monumento Temkin y su equipo casi parecen en cambio estar siguiendo el ensayo incendiario de Douglas Crimp “The End of Painting”, publicado en la revista October en 1981. La instalación retoma su planteo de que la pintura se está atrofiando y también que el objeto artístico casi desaparece. Una tela blanco sobre blanco de Robert Ryman y cuatro paneles pequeños pintados por Blinky Palermo comparten una sala con Conceptualistas como Lawrence Weiner y Hanne Darboven.

Al reductivismo de Frank Stella de 1959, “Marriage of Reason and Squalor”, con sus bandas negras, está colgado en medio de esculturas en la pared y en el piso de Lynda Benglis, Richard Serra, Eva Hesse, Bruce Nauman y Giovanni Anselmo. De aquí en más, sigue una dieta estricta de obras Conceptuales y del Process Art compuestas principalmente por textos y fotos.

Esta conclusión es decepcionante porque traduce algo más exclusivo que lo que venía antes.

De todas maneras, es inmenso el territorio que se ha cubierto, en general con frescura, y estableciendo una nueva idea de fluidez.