Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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‘Guayaquil Superstar’ vuelve a la ciudad

 


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‘Guayaquil Superstar’ es el clásico del grupo que abrió la escena teatral guayaquileña: El Juglar. Treinta y cinco  años después de su estreno, la obra volvió a presentarse en escena en el Teatro de Ángel. Aunque Alfredo Martínez y Enrique Ponce, dos de los principales integrantes del grupo, fallecieron, su creador Ernesto ‘el flaco’ Suárez está en la ciudad para darle vida nuevamente a esta pieza mítica y recordar a la agrupación de los 80.

Expresiones realizó una entrevista a este personaje  y una crónica de la obra:

El padrino del teatro local visita la urbe

Tras cuatro años de ausencia, el actor y director teatral argentino Ernesto ‘El Flaco’ Suárez vuelve a Guayaquil, la única ciudad que le sirvió de antídoto contra el dolor del exilio en los años de la dictadura militar argentina (1976-1983). ‘El Flaco’ volvió a dictar talleres y a participar por dos fines de semana en la ya clásica obra teatral Guayaquil Superstar, que vuelve a reunir a los integrantes de El Juglar, la mítica agrupación creada y dirigida por él en los años 80.

¿Qué significa para usted volver a Guayaquil?

Una mezcla de alegría y tristeza. Se nos fue Enrique Ponce y Alfredo Martínez, dos personas muy queridas. Y también una alegría porque están todos los otros compañeros, a quienes quiero tanto. Porque hacer la obra es como darle vida a los otros.

¿Qué es lo que más extraña de la ciudad?

El cebiche, el encebollado. Yo me fui a Argentina con la idea de estar unos días y volver a Guayaquil. Pero me enamoré de una mujer y me quedé. Y me enamoré de mi patria otra vez. Me recibieron muy bien tras los años de exilio.

¿Y qué significó para usted el exilio?

Un dolor muy grande. Y Guayaquil (estuve antes en Perú, viajé a México) fue la única que puso paños tibios sobre ese dolor. El exilio es terrible, yo creo que es el peor de los castigos.

Participa también en la obra Guayaquil Superstar o se queda en las butacas.

Sí voy a participar, tengo un papelito chiquito, entro y salgo. No quiero entrar mucho para no opacar a los otros (risas). Juglar fue sumamente importante acá en Guayaquil y de ahí se abrió un camino para un montón de gente que ahora hace teatro.

¿Se siente de cierta manera un padre del teatro guayaquileño?

Un tío (risas). Un tío no tiene tanto compromiso, un padre sería hacerme responsable por las cosas que se mandan los otros.

¿Un padrino?

Sí. Me siento orgulloso de que todos hayan seguido. Yo vine a dar un taller para la Municipalidad, era por 15 días y me quedé 7 años. Me pidieron que me quedara. Fuimos un grupo emblemático, de llenar salas y llenar salas. Catorce tipos en una cooperativa y nos repartíamos la plata por partes iguales. Nos compramos un terreno en pleno centro, un vehículo.

¿También habla ello de los duros años de su infancia?

Claro, soy una persona que viene de un hogar muy humilde, de trabajar desde que tenía 7 años vendiendo periódicos. Por eso con ellos tuve una comunión inmediata, era como estar en mi barrio. Creo que una de las coherencias que intento mantener es no haberme descalzado nunca.

La salida fue el humor…

El buen humor está por mi vieja, yo creo que eso se hereda. Mi padre nos abandonó de chiquitos, éramos cinco hermanos y ella se reía todo el tiempo, nos contaba chistes, nos cantaba.

¿De dónde sale Guayaquil Superstar?

Nace de la creación colectiva, de la calle. Un día le dije a los actores que salgan a buscar historias. Y se fueron todos y trajeron un montón de historias, como 20, empezamos a seleccionar, yo le fui dando una estructura dramática y surgió la creación colectiva que en toda América Latina es muy importante.

Este tipo de teatro también ha recibido críticas, hay quien acusa su risa fácil. ¿Qué opina al respecto?

Yo creo que no es una risa fácil, que ven la parte de afuera de la obra, se quedan en la parte superficial del chiste, pero no ven la parte de adentro. Guayaquil Superstar es una sátira a todas las estructuras terribles del subdesarrollo. No es risa fácil si estás hablando de lo terrible que es no encontrar cama en un hospital. Si estás hablando de lo terrible que es viajar como animales hacinados en los colectivos, si estás hablando de lo terrible que es hacer un trámite. Los pendejos superficiales van a decir que es una obra liviana, pero la historia que estás contando es dramática.

¿Cómo toma este homenaje que le rinden los miembros de El Juglar?

Para mí estos homenajes significan que estás por morirte. Estás veterano ya, son como despedidas.

¿Ha pensado alguna vez en el retiro?

Espero morirme en el escenario y que la gente se cague de risa pensando que es mentira… (risas).

Alexander García y Anderson Boscán

 

Grupo actoral

Una ciudad que no cambia

Se encienden las luces y aparece en escena un hombre fornido sentado sobre un cubo blanco mientras lee una revista. La escenografía minimalista representa el interior de una vivienda, el sujeto comienza con una coreografía, lanza gritos y ejecuta movimientos simétricos. “Es que el pobre que no tuvo para clases de karate se las tiene que ingeniar para aprender de alguna forma”, dijo Luis Miguel Alcívar, espectador de la obra. Y es que Guayaquil Superstar es una tragicomedia que presenta en 6 bloques “la sabiduría criolla” que caracteriza a los porteños. La obra se reestrenó el pasado jueves en el Teatro del Ángel (Bálsamos entre Las Monjas y Ficus), después de 31 años.

Entra en cuadro la señora de la casa, quien le cuenta a su esposo “la última”: “El vecino ha llegado de la ‘Jonny’ con mercadería”; de inmediato son interrumpidos por el llamado de la puerta. En la entrada espera el vecino, una maleta, su actitud manipuladora y un grito con tono inglés que dan un giro a la historia. “Miss Margaret” dice el visitante, a lo que responde la mujer: “Yo me llamo Margarita”; este replica “A las Margaritas en la ‘Yunái’ les dicen Miss Margaret”.

La situación, como espectador y guayaquileño, trae a colación recuerdos de amigos, vecinos, primos, conocidos, en fin, aquellos que al visitar, ya sea por una semana o meses otro país, llegan con el acento más pegado que un chicle en el zapato.

“El uso del spanglish o un español argentinizado como el de Sharon, de esos hay muchos en la urbe porteña”, comentó Alcívar .

El vecino saca de su bolsa “una cream” para la mujer, la cual recomienda se aplique “antes y después de cada comida”. Una camiseta para el señor de la casa que -según el vendedor- es el último grito de la moda, en la que lee literalmente “Bruce Lee”, mientras en las butacas los asistentes ríen a carcajadas.

Los bloques están separados por intervenciones musicales que recuerdan a la obra Charlie y la fábrica de chocolates, en la que al final de cada intervención los Umpa Lumpa cantan una melodía referente al acto que se ha presentado. Aquí todos los actores entonan temas, como La vida te da sorpresas, de Rubén Blades, o El colectivo, de Les Luthiers, entre otras.

Continuando con la función en escena aparece Ernesto Suárez, ‘El Flaco’, junto a Azucena Mora. Todo se detiene en el tiempo, el público aplaude jubiloso por varios minutos desconcertando a los actores, quienes sorprendidos solo pudieron sonreír ante la sorpresa.

Tal vez seguir contando la historia no tenga sentido porque Guayaquil Superstar lo hacemos todos. La gente que usa buses a diario, historias que ahora se repiten en la metrovía, del tipo que se trepa al vuelo, la mujer que es morboseada, los pillos que nunca faltan, los frenazos abruptos, el calor, el que vende caramelos, el ebrio… un sinfín de vivencias que no se pueden perder porque presentan la realidad de una ciudad que fue escrita hace más de tres décadas y que a pesar del tiempo subsiste en cada esquina de la urbe.

Johanna Cedeño