Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Artista se encierra 8 días en museo chileno para obra de arte sobre golpe de 1973

Última imagen del presidente chileno Salvador Allende, en el exterior del Palacio de la Moneda, durante el golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973.

Santiago de Chile, 12 oct (EFE).- Ocho días y ocho noches, este es el periodo durante el cual el artista francés Vladimir Cruells, hijo de exiliados chilenos, decidió encerrarse en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, en Chile, para crear y “respirar” su última exposición sobre el golpe militar de septiembre de 1973.


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“Pensar, dormir, soñar, montar y modificar”. Así transcurre el día a día del artista durante las jornadas previas a la inauguración de su exposición “¿Y si?”, que transformó el Museo de la Solidaridad Salvador Allende en una casa-taller que palpita al ritmo de su creatividad y su memoria.

La muestra, que el artista francés desarrolló junto a su amigo y coreógrafo Lorca Renoux y se inauguró esta semana, explora los acontecimientos en torno al golpe militar liderado por el general Augusto Pinochet y los cruza con su biografía personal, mostrando la particular perspectiva de quien vivió los sucesos desde la distancia de los suburbios de París.

“Por las noches nos empapamos de la historia. Investigamos, leemos, y miramos documentales. Durante el día discutimos y creamos en base a lo que hemos aprendido”, explica Cruells en una entrevista con Efe, en la que recalca la importancia de mantenerse “encerrados” con su creación para poder “concentrarse mejor” y respirar al compás creativo.

Cruells, que dejó Chile hace cuarenta y un años junto a su madre, reconoce que, aunque sí aprendió a bailar cueca en las calles de su humilde barrio parisino, su familia le mantuvo distanciado de los acontecimientos que sucedían en la tierra que lo vio nacer.

“Siendo pequeño, sólo me di cuenta de mi condición de exiliado cuando inauguraron la piscina de mi barrio bautizada como Piscina Municipal Salvador Allende”, relata Cruells, quien aseguró que fue gracias a la curiosidad por descubrir quién se escondía tras ese nombre lo que le llevó a conocer la historia de Salvador Allende.

Por ese motivo en las paredes de las dependencias del museo se compilan fotografías, objetos y recuerdos de su niñez en Francia, a principios de los años setenta, junto a icónicas imágenes del golpe de Estado, creando una “narrativa especulativa” sobre la historia de Chile.

“No trato de mostrar un trabajo sobre la memoria sino más bien exponer cuál es la relación que tengo con el Chile que dejé hace más de cuarenta años”, señala.

Así, se crea una especie de fabulación a caballo entre el sueño y la realidad en la que se da la posibilidad de que Allende hubiera sido otra persona como Nelson Mandela, un artista como Steve McQueen o un futbolista como Maradona, eventualidades que pasaron por la mente del artista cuando éste era pequeño.

“Hay que entender que cuando se instauró la dictadura yo era solo un chiquillo y para mí esas personalidades podían ser todas las mismas. A nosotros nos llegó tarde la historia de este país. La conocimos desde la distancia y vivió en nuestra imaginación”, cuenta.

Una imaginación que ahora se entrelaza con los hechos reales y que, según Renoux, pone en evidencia que “la historia es diferente dependiendo del ángulo desde el que uno la vivió”.

“No hay una visión definitiva de los acontecimientos, ni discusiones finalizadas”, responde Cruells al ser preguntado por la necesidad de transformación de imágenes históricas como la de Allende con casco durante el bombardeo del Palacio de la Moneda, el 11 de septiembre de 1973.

Las curiosas interrelaciones “generan nuevas discusiones y son el inicio de debates diferentes”, apunta el artista francés delante de la fotografía anteriormente citada, alterada de tal forma que elimina la figura del presidente del centro de la imagen.

Un juego que pone a prueba la memoria y bagaje histórico del espectador y lo convierte en un elemento partícipe de la obra, pues es quien debe desentrañar la cadena de relaciones imprevisibles y conexiones, no siempre evidentes, entre los universos relativos de los artistas y los acontecimientos históricos.

Considerado un autodidacta, el artista Vladimir Cruells desarrolla una producción plástica que se hace eco de problemáticas y temas tan diversos como el conflicto palestino-israelí y los disturbios en los suburbios de París en 2005.

El coreógrafo Lorca Renoux, en tanto, combina el breakdance y el arte callejero en sus obras y hace más de 10 años que trabaja junto a Cruells, quien además de ser su compañero de trabajo es su gran amigo desde hace más de tres décadas. EFE