Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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La muerte de Balcells abre interrogantes sobre el futuro de su agencia

Carmen Balcells

La muerte de Carmen Balcells, cuyos restos descansan ya en su pueblo natal Santa Fe de Segarra (Lérida), abre serios interrogantes sobre el futuro y la viabilidad de la agencia literaria que fundó en 1954, después de que fracasara el intento de forjar una superagencia asociada a la de Andrew Wylie.


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En mayo de 2014, los dos superagentes literarios del panorama mundial, la española Carmen Balcells y el estadounidense Andrew Wylie, dieron a conocer su alianza como respuesta a un contexto editorial cambiante, al que se habían incorporado nuevos agentes como Amazon o Google, en el marco de la revolución digital.

“Nuestro objetivo es dar mayor fuerza, alcance y duración a la representación de los clientes, y estamos entusiasmados y totalmente comprometidos con las oportunidades que se nos presentan”, anunciaban ambas agencias en un escueto comunicado para justificar la alianza sellada el 27 de mayo.

Al margen del sector literario, siempre sometido a los avatares de la crisis y, desde la irrupción de internet, también sujeto a la zozobra de la piratería, como antes lo estuvo la música y el cine, la creación de esa superagencia internacional Balcells & Wylie suponía un valor añadido para ambos.

Con la unión, Wylie conseguía entrar en las letras hispanas en sentido amplio, pues Balcells fue una de las impulsoras en los años setenta desde Barcelona del llamado ‘boom’ latinoamericano, con nombres como Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa en su catálogo de representados.

Balcells, que entonces tenía 83 años, garantizaba con la operación la continuidad de su influyente agencia más allá de su existencia, un proceso que ya había iniciado meses atrás con el nombramiento como director del joven Guillem d’Efak.

Fue el propio D’Efak quien en Nueva York, donde tiene su sede la agencia de Andrew Wylie, apodado ‘el Chacal’, acabó de cerrar los flecos de aquel “acuerdo de intenciones”.

Pensando en ese futuro, cuatro años atrás, Balcells había vendido por tres millones de euros su archivo al Estado español, con lo que correspondencia privada, borradores, primeras ediciones, fotografías y bibliografías completas de autores esenciales en lengua española como Pablo Neruda, Vicente Aleixandre o Camilo José Cela, pasaron a formar parte del patrimonio público.

Los vientos favorables a una fusión de las dos grandes agencias literarias soplaban en un ecosistema propicio, poco después de la fusión de los grandes grupos editoriales en España, la incorporación de Santillana al grupo Random House.

Como muchos autores han reconocido en las numerosas reacciones al fallecimiento de Balcells, ‘Mamá Grande’ -como la llamaban muchos- ya fue pionera en los años setenta cuando consiguió acabar con los contratos vitalicios y otras tiranías editoriales e imponer las cláusulas de cesión por tiempo limitado de un libro.

Entre su cartera de autores, más de 200 escritores del mundo hispánico, como los nobel Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, García Márquez, Vargas Llosa y Camilo José Cela, y también Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Miguel Delibes, Álvaro Mutis, Juan Carlos Onetti, Juan Goytisolo, Alfredo Bryce Echenique, Juan Marsé, Eduardo Mendoza o Isabel Allende.

En el catálogo de Wylie, con más de 800 autores, figuran autores no menos envidiables, como Martin Amis, Jorge Amado, Saul Bellow, Claudio Magris, Vladimir Nabokov, J.G. Ballard, Jorge Luis Borges, Salman Rushdie, Philip Roth, William Burroughs, Guillermo Cabrera Infante, Milan Kundera, Italo Calvino, Orhan Pamuk, Kenzaburo Oe, Roberto Bolaño, Haruki Murakami, Paul Preston, John Updike, Paul Theroux, Susan Sontag, W.G. Sebald o Antonio Muñoz Molina.

La caída en desgracia en las últimas semanas de Guillem d’Efak, que ayer despachó la muerte de Balcells en su Twitter con un escueto “Sí, es cierto. DEP”, y la ruptura de aquel “acuerdo de intenciones” con ‘el Chacal’, confirmado por la agencia norteamericana a finales de agosto con el anuncio de su desembarco en España desde este mes de septiembre, dejan abierto el futuro de la agencia literaria.

Con la previsión de que el acuerdo con Wylie no llegara a buen puerto, el pasado mes de mayo Balcells anunció que ponía las negociaciones en manos de Atlas Capital para buscar nuevos compradores, una vía que le acercó en las últimas semanas al agente británico Andrew Nurnberg.

Sin embargo, la muerte de la agente literaria ha dejado en suspense el futuro de su empresa. EFE [I]