Ecuador. Martes 28 de Marzo de 2017
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Aida, la guerra y los refugiados, una puesta en escena de la “Deutsche Oper”

VALENCIA, 05/12/2015.- La mezzo-soprano Ekaterina Semenchuk, como Lady Macbeth, durante el ensayo general de "Macbeth", la ópera de Giuseppe Verdi, producción del Palau de Les Arts Reina Sofía de Valencia. EFE/ Manuel Bruque

Berlín, (EFE).- La ópera “Aida” de Giuseppe Verdi tuvo que ver desde su estreno, en 1871 en El Cairo, con una reflexión sobre la guerra y el destino de los individuos sometidos a intereses colectivos.

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Ahora la “Deutsche Oper” de Berlín ha hecho una escenificación que apunta a las guerras actuales y el destino de los refugiados.

Tal vez pueda decirse que la guerra que aparece en el libreto -y que termina marcando el destino de los protagonistas Aida y Radamés- proyecta una sombra sobre los conflictos actuales.

En la práctica, eso se expresa en una mesa llena de recortes de prensa -que se reflejan en un monitor encima del escenario a medida que los personajes juegan con ellos y representan sus papeles- en los que hay fotografías de aviones de combate y de embarcaciones llenas de refugiados.

Ante ello, mientras el argumento va dando cuenta de la preparación de la guerra de los egipcios, capitaneados por Radamés, contra los invasores etíopes, comandados por el padre de Aída, el espectador se ve transportado irremediablemente a conflictos más actuales.

Los cantos de guerra del coro -los sacerdotes invisibles- lo sorprenden porque no vienen desde el escenario sino desde el público, donde parte del coro se ha repartido, e involucran a la audiencia de manera casi terrorífica.

Tras la victoria de los egipcios viene el verdadero drama de la ópera que es el amor imposible entre Radamés y Aída.

El director de escena, Benedickt von Peter, ha definido “Aida” como una ópera en la que “los individuos aislados e impotentes están ante un aparato social cerrado”.

Verdi, como recuerda el programa de la Deutsche Oper, empezó a escribir la obra cuando estaba a punto de estallar la guerra francoprusiana (1870-1871), que rechazó desde el principio y ante la que se sentía impotente.

“No evitaremos la guerra europea y ésta nos devorará”, escribió Verdi en una carta a una amiga.

En la misma carta, Verdi expresa su temor de que si Francia cae, todas las libertades que le trajo al mundo desaparecerán.

“Francia le trajo al mundo moderno la libertad y la civilización. Si Francia cae -no nos hagamos ilusiones- caerán con ella nuestra civilización y nuestras libertades”, dice la carta.

Esa situación se refleja en la ópera en la medida en que los individuos -Radamés, Aída y Amneris- están rodeados y manipulados de poderes extraños que manejan su vida desde la oscuridad.

Para ellos, en último término no hay escapatoria posible y por eso intentan refugiarse, sin éxito, en un mundo ideal.

“Evitar la realidad, huir de la realidad y el miedo a la realidad son temas permanente presentes”, dijo von Peter en el cuadernillo del programa interrogado acerca de la actualidad de Aída.

Se trata, según el director, de temas que además están presentes en muchas óperas y ante ellas “hay que procurar darle valor a los espectadores para que no se sumerjan en un exilio interior”.

“A la larga nuestro mundo es el mejor de todos los mundos conocidos que tenemos que mejorar todavía a través de acciones concretas y en contacto con otra gente”, dijo.

En las pantallas que rodean el escenario, se ven imágenes relacionadas con esa realidad de que la que muchos quisieran huir: el dolor de los refugiados, la guerra en Siria. Y el coro parece apuntar a cosas que están pasando hoy -dictadas por aparatos anónimos. y ante las que los individuos sienten la misma impotencia que tenían Radamés y Aída ante sus destinos. EFE

(I)