Ecuador. domingo 22 de octubre de 2017
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Carlos Luis Ortiz: “Mi obra es una habitación abierta”

Carlos Luis Ortiz, poeta. Foto de cortesía.

Son las tres de la tarde y en Quito el sol emana rayos con una fuerza inusitada. El departamento del poeta Carlos Luis Ortiz está en el barrio Las Casas. El viernes 11 de marzo, su libro ‘Memoria y vértigo’ verá la luz, ingresará al reino de la música.


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El poeta espera con una sonrisa. Su departamento tiene lo justo. Él está trabajando en una computadora. Varios libros están desperdigados sobre la mesa de la sala. Carlos Luis Ortiz, que su vida ha transcurrido entre la Sierra y la Costa, brinda a su entrevistador una cerveza helada. “El sol en Quito siempre está bielero”, dice. Se da cuenta que mi mirada se pierde entre los libros. “Estos son pocos los libros que he traído de Guayaquil, para qué, se pregunta”, comenta.

Conversamos un momento del festival de poesía que en días anteriores se dio en la ciudad capital. Retornamos a lo nuestro y ‘Memoria y vértigo’ se refleja en la luz.

– Leo ‘Memoria y vértigo’ y siento la necesidad de redescubrir la memoria, ¿por qué por medio de la escritura?

– La memoria para la literatura es la materia prima. Un escritor sin memoria no podría lograr su ficción. La escritura surge de un pasado, del recuerdo de un ayer; cambia, tiene un nuevo origen en el presente. Mi libro tiene que ver con la memoria por la necesidad de ir registrando hechos del pasado, a su vez, darle sentido a la memoria como un legado y como condena.

– ¿‘Memoria y vértigo’ sería una poesía de la derrota?

– No. Para mí la poesía es intangible. La derrota está dentro de los textos en el sentido en que uno vuelve a surgir en los textos. Uno se derrota en la medida en que piensa en que no puede surgir. La derrota está en la vida cotidiana. Para mí no existe poesía de la victoria, más hay poesía de la memoria, de los sentidos; la derrota es una experiencia personal. Mi poesía es testimonial.

– “La felicidad me pertenece cuando me olvido del color de mi nacimiento”. ¿En estas líneas niegas la infancia para poder reconstruir el presente?

– El negar la infancia es soltar aquellos recuerdos que pudieron ser dolorosos y a la vez poder reinventar a ese niño que ya no existe. El color de mi nacimiento es una metáfora en la cual se nace todos los días, el color de mi nacimiento tiene que ver con una sensación intrauterina que no la siento sino que la intuyo; el calor, la humedad. En sí, ‘Memoria y vértigo’ tiene que ver con ese retroceso en el tiempo para crear una sensación.

– Si bien tu libro es testimonial, en ‘Memoria y vértigo’ el símbolo del padre y del abuelo está presente en tu construcción poética.

– La mayoría de mis textos, desde mi primera obra, tienen que ver con retratar, no directamente, a quien formó parte de mi vida, en ese lugar donde crecí, que está fragmentado entre Alausí, Guayaquil y Quito; dentro de eso está mi abuelo, en otros libros está mi madre; y en este libro aparece el padre como una necesidad de rendirle un homenaje a quien me ha legado las lecturas, los libros, más cuando el tiempo pasa y uno se va volviendo más huraño, más ingrato, o queriendo regresar a la casa siempre. La familia está presente en mi poesía.

– ¿Entonces, tu temática será crear un Álbum de familia?

– No. No es un álbum de familia, porque mi obra no es un registro de imágenes, más bien es un registro metafórico de lo que yo siento hacia la gente que me rodea.

– Volviendo a los símbolos. Utilizas a la bicicleta como reconstrucción del atrás y al tren como ese descubrir el camino.

– A veces me pongo a pensar en las cosas que ya no hago y que tenía mucho cariño, la bicicleta es una de ellas, como cuando uno pierde esas sencillas cosas de la vida. La bicicleta es como un boomerang: viene el presente y se va la infancia. Así, la bicicleta representa ese jinete que va atravesando los páramos y que siempre retorna a la casa, está en ese puente en que se extiende la infancia y la juventud. En cambio, los trenes están en mi obra porque representan el sonido en cuanto a un sentido histórico; el tren une la costa y la sierra, los viajes de Durán a Alausí. Y con ello se forma la nostalgia. El tren es mágico, podemos ver las obras del Hernán Rivera Letelier, García Márquez, en fin, el tren es un retorno constante.

– Hablando de colores, ¿‘Memoria y vértigo’ qué color tendría?

– ‘Memoria y vértigo’ es un libro duro. Lo he sufrido. Este libro estaría entre el violeta y el gris, esta mixtura a mi libro le va dando un discurso fantasmagórico, son colores de la ausencia.

– En el poema ‘El acto de sobrevivir’ y obedeciendo a los colores que has escogido, ¿crees que en tu poesía exista la esperanza?

– El ser humano está compuesto de esperanza. Yo creo que mi libro es una poesía de la nostalgia, de la tristeza. Pero si considero que cuando alguien lea mi libro deba tener cuidado de no hacer un libro del dolor, más bien que lea como una reconstrucción del pasado.

– ¿“Despierto frente al pabellón C” es un poema que deriva en el vértigo?

– El vértigo es perder el equilibrio, es una sensación de pánico o de miedo. El vértigo, desde mi sentir, tiene que ver con el pánico a la ciudad, a la gente, a la muerte, pero tengo que aceptar ese miedo, con la desesperanza que conlleva.  El vértigo es parte de esta sociedad cosmopolita. Y el poema “Despierto frente al pabellón C” está pensado en una persona interna en el Sagrado Corazón de Jesús, alguien que tenía momentos de lucidez, pero que el encierro le agobiaba. Entonces, ese lugar que era imaginado como un lugar de descanso, a la vez era un lugar de la locura. El reposo, en esos lugares, está vigilado y castigado.

– ¿Tu obra está en la habitación del suicidio?

– Mi obra es una habitación abierta. Yo no pretendo con mi obra influenciar a nadie, solo pretendo que la gente lo lea y tenga una reacción. Que la poesía tenga más lectores de poesía.

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Por Cristian López Talavera

* Poeta y columnista de La República