Ecuador. Domingo 25 de septiembre de 2016
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“What We Become”, Pérez-Reverte en inglés y con el pasado como clave

Foto: Fotografía de este 11 de junio de 2016 del escritor español Arturo Pérez-Reverte, que está presentando en EE.UU. "What We Become", la traducción al inglés de "El tango de la Guardia Vieja", en la librería Books&Books de Coral Gables, Florida. Pérez-Reverte afirma que el pasado pesa mucho en sus obras porque es la clave para entender el presente. EFE/Alicia Civita

Miami (EE.UU.), (EFE).- El escritor español Arturo Pérez-Reverte, que está presentando en EE.UU. “What We Become”, la traducción al inglés de “El tango de la Guardia Vieja”, afirma que el pasado pesa mucho en sus obras porque es la clave para entender el presente.

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“Sin pasado no hay presente”, dice el escritor y académico, quien cree que el mundo actual, y España especialmente, es “desmemoriado” y por eso no saca ventaja de las lecciones que deja el ayer.

“No hay nada nuevo, hay cosas olvidadas, pero no nuevas”, señala en una entrevista con Efe en Miami, la primera ciudad de Estados Unidos donde este fin de semana presentó la traducción de un libro que considera “muy europeo”.

“El tango de la Guardia Vieja” es una historia de amor que evoca una vieja Europa que ya casi no existe, con conceptos, situaciones y sensaciones que no son habituales para un anglosajón, dice.

El autor de “El club Dumas”, “La reina del Sur” y la saga de Alatriste esta sorprendido porque el inglés ha hecho de “What We Become” un libro diferente a “El tango de la Guardia Vieja”.

“Hay diferencias, linguísticamente es otro mundo”, la traducción transforma al libro, afirma Pérez-Reverte, quien encomia la “labor de aproximación” hecha por los traductores.

Entre otras cosas, dice, la traducción le ha dado al libro una cierta corrección política.

Precisamente Pérez-Reverte, al que le gusta llamar a las cosas por su nombre y hablar sin tapujos, no comulga con la corrección política.

“A mí no me hace falta” ser políticamente correcto, no soy político, ni profesor de universidad, dice, aunque matiza que no se trata de una “provocación”, sino que no ve la necesidad de ajustarse a unas normas que “no son la ley”.

Hay escritores, que no menciona, que han caído en la “esclavitud” de ser políticamente correctos, también hay escritores “destroyers” (destructores), y menciona a Charles Bukowski, que son aceptados como tales y a los que no les reprochan que llamen a las cosas por su nombre.

Él no es ni una cosa ni otra, él “cuenta historias” y no dejaría sin escribir una novela en la que el protagonista sea un machista, que fume, beba alcohol y blasfeme sin mesura.

Pero a lo largo de su carrera literaria -hace 20 años se retiró del periodismo, aunque sigue siendo articulista- ha recibido sugerencias, consejos, de los editores para que rebaje el tono o cuente las cosas de una manera menos fuerte, pero nunca lo ha hecho.

Pérez-Reverte siente que como escritor ha cruzado “una línea”, con 15 millones de libros vendidos y sus obras traducidas a 44 lenguas y muchas llevadas al cine y la televisión, en la que no le hace daño una mala crítica.

“Al principio la crítica me trataba mal, sobre todo en España”, dice este escritor nacido en 1951 en Cartagena (sureste de España), que tiene a Joseph Conrad como el favorito entre los de su mismo oficio.

Sobre su fama de gruñón, malhumorado y temperamental afirma que se trata de un “personaje” que ha creado para poder decir ciertas cosas y generar debate, sobre todo en Twitter, donde tiene 1,65 millones de seguidores.

Asevera que el verdadero Arturo Pérez-Reverte es correcto y educado con la gente. Hasta se hace fotos si se lo pide el publico, dice.

También usa Twitter para “causas nobles” como la búsqueda de perros perdidos -“Lo que me pone blandito son los perros”, dice recordando a sus dos teckel, Sherlock y Rumba- y para responder de manera rápida a los lectores que le escriben.

Además de Conrad, la literatura y los perros, Pérez-Reverte tiene otro gran amor: el mar.

Pronto se embarcará para un viaje de un mes y medio y no piensa responder un solo correo. A Estados Unidos ha llegado sin computador. “No hay correo que no pueda esperar una semana”, dice convencido de que es necesario mantener “razonablemente a raya el mundo de la inmediatez”. EFE

ar/dmt

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