Ecuador. Martes 27 de septiembre de 2016
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Javier Cercas, o la novela como revolución moral

Javier Cercas, escritor español. Foto de Clara del Río para La República.

Barcelona.- Nos encontramos en el bar Escocés de la calle Mandri, en Barcelona. Javier Cercas tiene una personalidad impregnada de sincera cortesía. Está feliz. Hace poco terminó su novela El impostor (2014, Random House), que pocos meses después de este encuentro entró en la lista de los mejores libros del año.

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“Estoy en ese momento raro en el que he acabado un libro y tengo la inquietud de no saber qué hacer de mi vida”, me cuenta. Piensa que se trata de su mejor pieza. Pero siempre ha sentido lo mismo al acabar cada una de sus novelas. “Paul Valery decía que los libros no se acaban, se abandonan”, comenta.

A Cercas le brillan los ojos al hablar de libros, quizá no hay nada que le emocione más. A veces parecería que está en trance, pero no, solo es la lucidez de quién conoce los rincones más ocultos de la palabra y el silencio. Mi conversación con él gira en torno a su proceso de escritura, a partir de tres de sus novelas, en el orden que las leí: Las leyes de la frontera (2012, Mondadori), Soldados de Salamina (2001, Tusquets Editores) y Anatomía de un instante (2009, Mondadori), tres libros que condensan buena parte de los momentos más representativos de la historia española reciente: la guerra civil, el franquismo, la transición y ese gesto, cargado de enorme significado, del presidente Adolfo Suárez al quedarse sentado en su curul durante el intento de golpe de Estado.

– En su escritura, ¿cómo asume las influencias literarias?

– Me encanta lo que dice un personaje de Pazzolini en una película: “i maestri si mangiano in salsa picante”. Hay dos tentaciones con los maestros, una es hacer lo mismo; la otra es simplemente matar al padre. Cualquiera de las dos es mala, la primera te lleva al epigonismo y la segunda a la ornamentación, a la literatura insustancial. Lo que hay que hacer es matar al padre, abrirlo, tirarlo al fuego, asarlo, echarlo en salsa picante y comértelo. Hay que practicar el canibalismo, en eso consiste la literatura.

– En su última novela Vila-Matas criticaba la asociación del arte con un mensaje de vertiente comunista. ¿Qué piensa usted?

– Esa asociación es simplemente grotesca. Estoy de acuerdo con él, ahora tenemos que hacer la novela de la crisis o la novela del catalanismo. La literatura no funciona así. No es periodismo ni sociología. Los españoles siempre estamos haciendo el ridículo, seguimos en el realismo decimonónico de Galdós o en el costumbrismo. Que la literatura tenga el compromiso de contar lo que ya dice el periodismo es una idea totalmente primitiva y pobre.

– En ese sentido, ¿qué es la novela para Cercas?

– La literatura no es la búsqueda de la belleza sino de la verdad, aunque quizá en el fondo sean la misma cosa, como decía Keats. Entonces la novela es muchas cosas, por ejemplo un instrumento para alcanzar verdades que no se pueden alcanzar de otra manera. La novela cambia la percepción del mundo para los lectores. Eso es lo que logra la gran literatura, como decía el formalista ruso Shklovski: la desautomatización de la realidad. Vivimos de manera automática, eso hace que borremos el perfil de la realidad física y moral. La literatura nos permite ver esas realidades. La novela nos revoluciona moralmente.

Javier Cercas, escritor español. Foto de Clara del Río para La República.

Javier Cercas, escritor español. Foto de Clara del Río para La República.

– ¿Qué novelas le han causado esa revolución?

– Voy a decir una obviedad pero es la mejor novela que conozco y la que contiene todas las novelas. Es la más divertida, la más inteligente, la más revolucionaria, la más loca: El Quijote. La primera parte es genial pero la segunda parte parece que la escribió Dios. Allí están todas las risas, todos los llantos.                                                                                

– ¿Los lectores deben estar preparados para leer las grandes novelas de la literatura?

– Los libros nos leen a nosotros, están vivos y cambian a medida que nosotros cambiamos. Un libro es una partitura y es el lector el que la interpreta. Un libro en un determinado momento te puede hacer un efecto tremendo y luego caérsete de las manos. Leí Rayuela cuando tenía 17 años y me transformó. Luego de años intenté leerlo y ya no me dijo nada. Yo soy, sin embargo, de los que defiende a Cortázar frente a esta moda de quienes en los setenta lo seguían e imitaban y ahora dicen que el mejor Cortázar es un mal Borges.

– ¿La novela propone una verdad?

– Desde el punto de vista formal y profundo la novela no contiene una verdad estable, sólida, inatacable. Existen verdades en conflicto, es decir, cambiantes, contradictorias. Las leyes de la frontera hizo que cambie mi visión del género novelístico o que entienda algo muy importante, que voy a exponer en un libro que se titulará El Punto Ciego.

– ¿En qué consistirá?

– En el corazón de todas las novelas –y de la narrativa breve- hay un punto ciego a través del cual no se ve nada. Ahora bien, ese no ver es la forma en que la novela ve, ese silencio es la forma en que la novela es elocuente, esa oscuridad es la forma en que la novela ilumina. En el corazón de toda novela hay una pregunta y toda la novela es una búsqueda de respuesta. Al final vemos que la respuesta es el propio libro. No hay una solución nítida, clara, taxativa. Hay respuestas ambiguas, contradictorias, esencialmente irónicas.

– ¿Haría suya esta frase: “Soy de los que piensan que la ficción siempre supera la realidad, pero la realidad siempre es más rica que la ficción”?

– Sí, la realidad es infinitamente rica, por eso es caótica e inteligible. Lo que hace la literatura –el arte en general– es que entendamos las cosas. ¿Cómo? Reduciendo las líneas significativas.

– En Soldados de Salamina hay un punto en el que Bolaño le dice a Cercas que el escritor tiene que inventar. Cercas prefiere descubrir lo que realmente pasó. ¿Se confrontan dos modos de ver la literatura?

– Es interesante eso. Pero, primero, vale decir que eso nunca lo dijo Bolaño, él era un personaje del libro. Tu pregunta alude a uno de los debates que Soldados de Salamina plantea. El personaje Bolaño tiene razón. Yo pienso que la literatura es engañar. Hay una frase que yo repito como si fuese la biblia, es de Gorgias, citado por Plutarco: la poesía es un engaño en el que quien engaña es más honesto que quien no engaña y quien se deja engañar más sabio que quien no se deja.

– ¿Su amistad con Bolaño tuvo impacto en su escritura?

– Él era diez años mayor que yo y estaba en el momento más creativo de su vida, después de haberse pasado treinta y tantos años escribiendo sin publicar y sin que nadie le leyese. Estaba desesperado y de repente comenzó a escribir con ferocidad, en gran parte debido a que veía que se le acababa el tiempo. Yo estaba en el peor momento de mi carrera y él fue muy generoso. Dicen que el problema de los escritores es que no tenemos entrenadores. Los deportistas lo tienen. Bolaño fue mi entrenador. En fin, hay errores que no se pueden cometer. Por ejemplo, morirse joven cuando estás en lo mejor de tu vida. Hay que aprender a no morirse.

– ¿Qué es Anatomía de un instante, una novela o una crónica histórica?

– Los géneros literarios se distinguen por las preguntas que formulan y por las respuestas que dan. La pregunta que plantea Anatomía de un instante es: ¿por qué Adolfo Suárez se quedó sentado en su curul el 23 de febrero de 1983? No es la pregunta de un historiador ni de un ensayista político. Es la pregunta de un novelista, por ende una pregunta moral. La respuesta también es novelesca, porque no hay una definitiva. La literatura, y en esto coincido con Umberto Eco, se escribe para no sacar conclusiones. A las verdades de la literatura se llega a través de la forma.

– En el prólogo de esa novela usted dice que quería hacer una novela de ficción pero ese libro se le reveló como un relato apegado a los hechos.

– El intento de golpe de Estado era una ficción en sí misma y escribir ficción sobre otra ficción era una idea literariamente irrelevante. Hay una forma de novela que hemos olvidado: la cervantina. Esa novela donde cabía todo: todos los géneros narrativos, todas las formas. La novela es la libertad total. Así la fundó Cervantes: como un monstruo que se lo come todo. Y la novela va así: con Balzac asimila la historia, con Flaubert la poesía, con Mann el ensayo, con Capote empieza a acercarse al periodismo. Lo que debemos hacer es que el monstruo siga metamorfoseándose.

– ¿Existen todavía las dos Españas?

– Mueren exactamente en el momento de Anatomía de un instante. Yo lo descubro mientras escribo el libro. Las dos Españas enemigas se acaban cuando un excomunista, un exfalangista y un exmilitar de Franco deciden jugarse el pellejo por la democracia.

– Entonces, ¿el gesto de Suárez dio paso al nacimiento a la democracia española?

– Él era un tipo serio y sobre todo era un hombre como la gente; Suárez era como su país. Por eso lo entendió como nadie, sobre todo al principio de su gestión. Y logró lo increíble: pasar de una dictadura a una democracia sin un derramamiento de sangre. Eso, que luego se dio en América Latina y en el Este de Europa, primero se logró en España. (I)

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Por Miguel Molina Díaz

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