Ecuador. Jueves 29 de septiembre de 2016
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Alberto Salcedo Ramos, el cronista “fisgón” del caribe colombiano

LIMA (PERÚ), 18/7/2016.- El cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos habla hoy, lunes 18 de julio del 2016, en Lima (Perú). El Caribe que el "fisgón" Alberto Salcedo Ramos describe en sus crónicas "no huele a guayaba" como el de Gabriel García Márquez, pero sí "a guiso", y suenan "tambores y las voces que hablan a gritos, porque allí, hablar en voz baja es sospechoso", aseguró hoy en una entrevista con Efe en la capital peruana. EFE / Ernesto Arias

Lima, (EFE).- El Caribe que el “fisgón” Alberto Salcedo Ramos describe en sus crónicas “no huele a guayaba” como el de Gabriel García Márquez, pero sí “a guiso”, y suenan “tambores y las voces que hablan a gritos, porque allí, hablar en voz baja es sospechoso”, aseguró hoy en una entrevista con Efe en Lima.

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El periodista, nacido en Barranquilla (norte de Colombia), visita la capital peruana con motivo de la XXI Feria Internacional del Libro, donde su país es invitado de honor y en la que ha participado en varios coloquios donde ha dado algunas claves para acercarse a las historias que lo han hecho ganador de premios como el Rey de España de Periodismo (1998), el Ortega y Gasset (2013), entre otros.

El Caribe, muy presente en sus crónicas, es para Salcedo Ramos “un territorio en el que coincide todo lo que parece imposible que coincida: el tambor y el clarinete, la pimienta y el orégano, el pirata y el pianista”.

En esta vasta región, “nos divide la lengua pero nos une el amor por la grasa, porque si te encuentras con un jamaiquino o un haitiano tendrás dificultades para entenderte, salvo cuando llegas a una mesa de fritos”, afirmó.

Salcedo Ramos se definió como “un fisgón” de historias que, a la hora de escribir, se rige por mandamientos “ajenos”, como el de Ernest Hemingway, que dice que hay que “escribir sobre lo que conoces”.

Aseguró que “todo aquello en lo que no pueda dejar de pensar” es su tema y que para contar una historia “tiene que haber un nivel de obsesión”, porque “un buen tema es aquel que excita en uno la voluntad de dejar un testimonio”.

Como en la crónica “Un país de mutilados”, publicada en 2009 y que relata el testimonio de las víctimas de las minas antipersonas en el oriente de Antioquia (Colombia).

Este texto fue premiado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y es uno de los que más lo ha desafiado como periodista.

“Recorrí la zona, hablé con víctimas para contar su drama y no era fácil abordar el tema y enfrentarme a esa geografía de horror de una forma que respetara la dignidad de la misma y al mismo tiempo contara esa realidad”, afirmó.

El autor consideró que Colombia es un país “desmemoriado, que inventa la historia porque la olvida” y por eso “la gente deforma elementos de la realidad y los convierte en ficción”, como describe en “Viaje al Macondo real”, una historia que aparece en una antología que lleva este mismo nombre y fue publicada en España el pasado marzo.

Además de su país, otra de las características de sus historias es la presencia de la figura del perdedor, porque “cuando una persona tiene mucho éxito, está distorsionada por las luces del glamour y del poder”, en cambio “cuando una persona fracasa, está desnuda porque me muestra su alma de manera más fácil”.

Los “perdedores” le permiten “explorar la condición humana de una manera más sincera” y como cierta vez le dijo el famoso periodista Gay Talese: “todos somos perdedores, es una cuestión de tiempo”.

Salcedo Ramos aclaró que no se considera pionero en este aspecto ya que, según remarcó, “por los siglos de los siglos, el gran tema de la literatura universal ha sido la derrota”.

Para encontrar “originalidad” en un mundo tan globalizado, el cronista dijo que le da “mucho valor a la naturalidad a la hora de escribir” y tiene una máxima: “ser auténtico y ser uno mismo”, ya que “todo escritor que busca pegarse a una corriente termina haciendo un pastiche y una obra que será olvidada muy fácilmente”.

Aunque si hay algo por lo que el colombiano se ha dedicado a las historias es “para contar los conflictos del ser humano” porque “cuando veo gente feliz me provoca juntarme con ellas para ver si se me pega algo, pero no para escribir”.

Si hubiera nacido en Suiza, sentenció, “sería relojero, haría quesos y también me moriría de aburrimiento”, porque se trata de pueblos “con mucha prosperidad y desarrollo, y el exceso de desarrollo da sueño”, concluyó entre risas. EFE (I)

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