Ecuador. jueves 21 de septiembre de 2017
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Waters: Intento captar momentos perdidos del pasado, de los que no se hablaba

Sarah Waters, escritora británica. Foto del diario The Independent.

La escritora británica Sarah Waters, que hoy presentó en Barcelona “Los huéspedes de pago”, una historia de amor entre dos mujeres complicada por un crimen, considera que desde hace años intenta captar momentos del pasado “que se han perdido, porque no se podía hablar de ellos”.


Publicidad

Si en su anterior novela, “El ocupante”, viajaba a una mansión rural victoriana, ahora lleva al lector a la Inglaterra de 1922, a una casa de una zona residencial de las afueras de Londres, donde Frances Wray y su madre, unas mujeres de clase alta en apuros económicos tras la Primera Guerra Mundial, deben alojar como inquilinos a una pareja, la formada por Leonard y Lilian Barber.

Entre Frances y Lilian empezará a surgir una pasión prohibida, que culminará en un acto violento, un inquietante suceso que tendrá graves consecuencias para ambas y su entorno.

Waters explicó que en otros libros suyos la espoleta para sentarse ante el ordenador era algún hecho que ya conocía, ya fuera en pleno siglo XIX o en la década de los cuarenta del siglo pasado, mientras que en esta ocasión fue ella la que se acercó hasta los años veinte para descubrir qué ocurría en ese tiempo.

A pesar del estereotipo del “charlestón”, se dio cuenta de que la “sombra del final de la Primera Guerra Mundial era muy clara, las familias todavía estaban de duelo por la muerte de hijos y hermanos, mientras se veía que se habían creado más problemas que resuelto los que había antes del conflicto, lo que literariamente es muy interesante”.

Además, en sus indagaciones constató “tensiones entre clases sociales, luchas entre generaciones, puesto que los más jóvenes criticaban que se los hubiera enviado a la guerra, y también las que había entre mujeres y hombres, puesto que cuando éstos volvieron descubrieron que ellas habían ganado en libertad y licencias”.

A su juicio, precisamente, una característica de los periodos de guerra es que “son traumáticos, pero comportan, especialmente entre las mujeres, un aumento de libertad, que luego se intenta cortar”.

Por otra parte, se fijó, especialmente, en un crimen protagonizado por Edith Thompson y Freddy Bywaters y pensó, sin intención de recrear con exactitud aquellos hechos, qué pasaría si el implicado, en vez de ser un hombre amante fuera una mujer, cómo habría sido el impacto y cómo hubiera actuado la policía.

“En el año 1922 justo se empezaba a hablar públicamente de lesbianismo”, precisa, y en la novela queda claro que aunque existe el peligro de que Frances y Lilian sean descubiertas como autoras de un crimen, “todo pasa desapercibido gracias a su relación”.

Además, muestra como esta relación no pasa siempre por momentos óptimos, “pero al final se superará, lo que no suele pasar en las relaciones homosexuales, que suelen terminar en tragedia”.

Por otra parte, reconoce que como escritora siempre tiene en cuenta que debe “encontrar un equilibrio entre el periodo que narra y las convenciones diferentes del momento actual”.

No esconde que se documenta hasta encontrar el tono más adecuado y que lo que busca en el pasado viene “condicionado por las preocupaciones del presente”.

En el caso de las relaciones entre mujeres, remarca que ahora es habitual hablar sobre ello, mientras que hace unas décadas, “aunque existían, no se relataban y, si se decía algo, era desde el punto de vista pornográfico”.

Seguidora de una serie como “Downton Abbey” y encantada con la adaptación cinematográfica que el coreano Park Chan-Wook ha hecho de su novela “Falsa identidad”, también se ha pronunciado sobre el “brexit”, que ve como “el resultado de un discurso político erróneo que prometía cosas que eran pura fantasía” y que ha puesto en evidencia la “división existente en la sociedad británica”. EFE (I)