Ecuador. martes 26 de septiembre de 2017
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Carlos Aráuz: “Mi poesía está en contra del poder”

Poeta guayaquileño Carlos Aráuz.

“Soy culpable de ser inocente/ ingenuo, en la era del asesinato”, versos que habitan el libro La vida trae palabras, publicado en Guayaquil, en el año 1962. ¿Qué le hace a un ser denunciar su inocencia en una época de engaño? ¿Asumir la condición de clase y su rol como escritor?. En los años 60, la escritura reconfigura su subjetividad, la modernidad y los problemas existenciales devenidos de la Revolución Cubana configuran un discurso político, es en este contexto que aparece el poeta Carlos Aráuz, el lobo.


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Al respecto del libro La Vida trae palabras, Donoso Pareja  escribe: “La vida es fundación y creatividad […] inventa para convertir nuestras vidas en existencia”, aquí la escritura es la única posibilidad de trascender, la palabra como la dialéctica del sentido. La propuesta de Carlos Aráuz, en su estética revolucionaria, se remarca en el libro publicado en 1974 Poemas del militante, donde el poeta concibe a la palabra como el pasillo de los olvidados; las luchas sociales fortalecen las frases: “porque uno sufre al Dios que cree”. Sacrílego, así es el poeta guayaquileño.

Carlos Aráuz nació con la poesía y es en la adolescencia en que “las lecturas de Neruda y de los poetas franceses influenciaron en el modo de ver la vida”. El sufrimiento amoroso que sufrió en la juventud marcó su palabra “… quiero quejarme/ porque estoy hecho de fracasos” escribe.

La Habana es intensa para el poeta, y ya siendo parte del Partido Comunista, publica Cuadernos Cubanos y Segundo Cuadernos Cubanos. Temática que habla sobre la cotidianidad de un pueblo que vivía en un constante cambio, transformación hacia esa utopía revolucionaria. “Mis libros son ideológicos, pero buscando el sentido poético, la imagen reflexiona por sí”, y esto se clarifica en el poema Signo Fatal:

“…un muerto te saluda.

Un cadáver sensible te piensa.

El ataúd de mi cuerpo te reclama.

Mi muerte ama tu vida”

“Para mí, la poesía es la vitalidad, hace 18 años sólo leo y escribo”, dice el Lobo Aráuz, comprendiendo que cada imagen atraviesa la verdad imaginada, el ojo es el visor que guarda en sus adentros a la realidad y lo transforma en surrealismo.

“La poesía no tiene límites, toda la vida es un verso”. Guayaquil con Aráuz tiene una relación de vida, la ciudad que lo vio crecer. Mediante la poesía, el poeta puede asumir la libertad de los espacios, en uno de sus últimos poemarios escribe: “El corazón se allana al caos/ con la gravedad visceral determinante del orden/ de la violencia del robo/ y la maldita resignación/ detiene las ganas democráticas de llorar”.

De la infancia, el poeta de Cuaderno de Odas (2006) y Versos libres, Intención, Sonrisa, y otros poemas (2008), se niega a hablar. La vejez llega con su reencuentro con Dios “En Moscú, en la soledad me reconcilié con Dios”, así en Dos poemas, escribe:

“Estoy en buenas relaciones

con don Jesús

joven de 33 años para siempre

Lo respeto aunque no voy a su casa

y no busco  que me invite

pero como ocurre en estas

o en otras palabras

cursa la impertinencia

por lo que comedidamente le digo buenas noches.”

Un poeta renovado, a sus 87 años sigue escribiendo y leyendo. Tiene más de tres libros inéditos, en su poesía encontramos un humor renovado, como buen cristiano hace hincapié en ese versículo del Génesis “Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo” (21:6), por eso, utiliza el lenguaje popular para profanar la realidad:

“Sufrí cuando se llenó la buseta

[…] Las chicas presionadas concesionan

Sus traseros sobre hombros

Se pretende propiedad de los asientos

Donde el derecho colectivo

Y toda la diversidad étnica

Sometida al albedrío del conductor

[…]especializado en violar normas”

“Siempre el pueblo ha estado en opresión”, recuerda la frase de Juan Montalvo, El día que escriba sobre el indígena haré llorar al mundo. En la poesía de Aráuz ilumina la historia de nuestra patria. “Mi poesía está en contra del poder”, sentencia el poeta. (I)

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Por Cristián López Talavera