Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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Valencia llega a la Liga Inglesa

El triunfo de Toño Valencia El Manchester, con Toño Valencia, es el nuevo monarca del fútbol inglés.

  El Manchester United, con el volante ecuatoriano Antonio Valencia de titular, se convirtió este sábado en el campeón de la Premier League, tras empatar a un tanto ante el Blackburn en la 37ª jornada del campeonato, por lo que consiguió su 19º título.


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Recuperó la gloria el Manchester City y parte del infinito dinero que se ha gastado -más de 400 millones en tres años- el Abu Toño y el ManchesterDhabi Group para confeccionar un equipo campeón. Absorbió el cuero, generó fútbol de alto copete por momentos y despersonalizó al Stoke, rival que amenazaba por su juego directo pero que se quedó en agua de borrajas al perseguir la pelota y no el marco contrario. Fue el Manchester City un equipo valiente y brioso, que encontró en el gol de Touré el laurel que tanto ansiaba, el premio a un fútbol que se le presuponía por condiciones pero que no exhibía por precaución, la medalla de oro de la FA Cup.



El Manchester City adoptó la mejor versión en el partido más importante de su temporada. Se desentendió de la tacañería en el juego, de su músculo por encima de todas las cosas, para hilar un fútbol más atildado y vistoso, impulsado sin duda alguna por la alineación. Mancini se sacudió del apelativo de defensivo, utilizó a los tres mediocentros como eje de la medular (De Jong y Barry, con Touré de trescuartista) y le entregó los costados del ataque a Balotteli y Silva. Aunque el aguijón de las alas llegaba con los laterales, con las ascensiones de Richards y Kolarov. Arriba se movía sin tregua Tévez, infatigable, travieso. Pero a la apuesta ofensiva le faltaron dos ingredientes: la llegada desde la segunda línea, el ensamble de una pieza en área adversa. Algo que comprendió Touré.

Menos impulsivo era el Stoke. Cobijado en su casa, sin más intención que tirar de los contragolpes, de las veloces piernas de Pennant por el flanco derecho, los Potters se despreocuparon de la posesión del balón y de la iniciativa. Ataque corto y balones largos al generoso pecho de Jones, que le discutía la parcela a los dos centrales, que aguantaba el cuero para una segunda línea que tardaba una eternidad en darle el relevo. Por lo que hastiado de tan poca compañía, se las ingenió en dos ocasiones para girarse y probar el disparo, ambas veces desatinado. No tenía más chicha el Stoke, que como recurso utilizaba la potencia de los brazos de Delap -otrora lanzador de jabalina- en los saques de banda para colgar balones al área. Poco peligro para Kompany y Lescott, infranqueables por alto. La acción corría en el área contraria.

Con Silva como trampolín, imán para catapultar cualquier ataque, timón para aclarar la hoja de ruta, el Manchester City alcanzaba con cierta comodidad las inmediaciones del área. Pero no había un último pase, una asistencia definitiva. Más que nada, porque Tévez se esmeraba en tirar desmarques de dentro hacia fuera, en realizar arrastres para generar huecos a las llegadas de los hombres más retrasados. No se dieron, no llegaron. Por lo que los citiziens recurrieron al disparo de larga distancia, poco efectivo ante Sorensen. Kolarov y Touré chutaron con el tobillo torcido; Balotelli, Kompany y Tévez se estamparon con las efectivas manoplas de Sorensen. Pisó, en cualquier caso, dos veces el área adversa el City: cuando Silva recogió un rechazo y, demasiado mordido, el disparo botó en el suelo y se marchó por encima del larguero; cuando Silva, demasiado tranquilo, se enredó en unos quiebros en vez de soltar un latigazo.

La deficiencia en el remate también repercutió en el espectáculo de Wembley, tan fervoroso y expresivo en la grada como atrabancado sobre el césped. Debió enfilar el túnel de vestuarios Huth tras un codazo sobre Balotelli cuando el balón no estaba siquiera cerca; debió ver la roja también Touré, que hizo una plantilla con los tacos por delante a la pierna de Wilkinson. Le penalizaba el barullo al Manchester City, que empezó a atender más el retrovisor y menos el frente; le beneficiaba el abigarramiento al Stoke, que encontró por fin a Jones a las espaldas de la zaga, pero que palideció en la definición porque midió mal el bote, puso la puntera y Hart desbarató la ocasión.

Demasiado farragoso el duelo para este novedoso City, que prefería negociar con el balón y no con los rivales. Por lo que Mancini, atrevido, quitó a Barry para dar cabida a Adam Johnson. Un medio centro por un extremo. Un minuto después, llegó la recompensa a la osadía, a una propuesta que le hubiera dado más protagonismo en Europa y en la Premier: el gol. A una jugada por la banda izquierda, llegó un centro al punto de penalti, donde Silva primero y Balotelli, después, pusieron el remate sin éxito, anulados por la zaga rival. Pero a la tercera fue la vencida y Touré, que sí se atrevió a dejar de lado la timidez del medio defensivo, soltó un zapatazo que ya nadie pudo detener. Una recompensa al atrevimiento, un galardón al ataque, un gol que bien valió la FA Cup, 35 años después.