Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Carlos Gruezo ya supera a su padre

Es normal que los hijos decidan seguir los pasos de sus padres, tomando el relevo en los negocios familiares o en profesiones liberales. Este es el camino que ha emprendido Carlos Gruezo, centrocampista de la selección ecuatoriana, rival de Brasil en octavos de final de la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA. Sin embargo, el propio jugador destaca ya una diferencia: quiere ir más allá de lo logrado por su progenitor, con quien comparte nombre.


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Carlos Gruezo padre fue un delantero cuya carrera se prolongó durante casi 15 años, que compitió en clubes ecuatorianos como Barcelona, Espoli y Nacional y que también pasó por la liga de Arabia Saudí. El hijo, de solo 16 años, está comenzando su carrera, y milita en el Independiente José Terán. Pero eso no le impide decir, con una sonrisa contenida: “Espero tener una carrera mayor que la suya. Ahora, mi objetivo es ser campeón del mundo. De cara al futuro, aspiro a jugar en Europa, en un equipo como Barcelona o Real Madrid, un sueño que tengo desde pequeño”.

En opinión de su seleccionador, Javier Rodríguez, posee las cualidades necesarias para triunfar. “Es más joven que el resto del grupo, pero tiene una diferencia, que es maduro mentalmente, tiene mucha personalidad”, analiza el técnico. “Cuenta con las características necesarias para prosperar: es agresivo, disciplinado, inteligente y creativo. Eso es lo más importante en un jugador”.

Firmeza
En una entrevista con FIFA.com, el futbolista se expresa en todo momento con gran tranquilidad, en voz baja, lo que podría transmitir la impresión de que es introvertido. No obstante, sus palabras son directas, y sus frases siempre concisas, algo indicativo de quien, a pesar de su juventud, está seguro de lo que hace.

Así pues, no sorprende la confianza que Rodríguez deposita en él, uno de los seis integrantes de la selección nacidos en 1995, al alinearlo como primer volante de un mediocampo que dispone de jugadores de tanto talento como José Cevallos y el organizador Junior Sornoza. “Tiene aquello que no se puede mejorar, y carece de lo que aún se puede mejorar, de modo que estamos hablando de un muchacho que está creciendo como futbolista y como persona”, señala el entrenador.

Dentro de la cancha, Gruezo exhibe esa actitud serena, al desplegar un juego firme por delante de los centrales, con la ventaja de ser también un buen distribuidor, lo que ayuda, y mucho, en la salida de balón de su equipo.

Un comodín
En ese aspecto, el secreto de Carlos hijo es su asombrosa polivalencia. Empezó a jugar en su club a los ocho años, y al principio fue designado como un futbolista de ataque. No se trataba de un error. “Ahora lo estoy utilizando como volante de equilibrio en el mediocampo, pero puede jugar de atacante, en punta o por los extremos”, declara Rodríguez. El muchacho, quien considera que “Ronaldinho todavía es el mejor del mundo en el Flamengo”, lo confirma: “Me gusta mucho jugar como un volante mixto, suelto, con libertad para moverme por el campo”.

En el plano ofensivo, Gruezo ya ha visto puerta, en el estreno ante Alemania, aunque el equipo acabase siendo goleado (6-1). Ahora espera que, si vuelve a marcar, Ecuador obtenga un mejor resultado. “Para mí el gol fue muy importante, me dio más tranquilidad para el resto del torneo”.

De esta forma, convocado para un certamen de la FIFA, y con un gol en su haber, la meta de Carlos Gruezo de superar a su padre ya va por buen camino. “Él jugó en la selección sub-20, pero no tuvo la oportunidad de disputar un Mundial”, afirma. “Así que me ha dicho que ya estoy consiguiendo lo que él no pudo, al llegar hasta aquí. Eso para mí es lo más importante, una motivación más, saber que estoy jugando un Mundial con solo 16 años, con un futuro largo por delante, y que me esperan muchas Copas Mundiales”.

Fuente: FIFA