Ecuador. sábado 16 de diciembre de 2017
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Laudrup se enfrentó al dueño del Mallorca y lo pagó con su marcha

Con la misma elegancia con la que se movía en los terrenos de juego, Michael Laudrup (Frederiksberg, Copenhague, 1964) ha puesto punto final a su etapa como entrenador del Mallorca quince meses después y tras un tenso enfrentamiento con el vicepresidente y máximo accionista del club, el también exentrenador Lorenzo Serra Ferrer.


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Puesto entre la espada y la pared por su ayudante, Erik Larson, que calificó a Serra Ferrer en un medio de comunicación danés de “mala persona” e “inepto”, Laudrup aceptó marcharse por la mitad del dinero que le correspondía (700.000 euros) “por el bien del equipo”, como él mismo ha señalado.

El exjugador del Lazio, Juventus, FC Barcelona y Real Madrid, entre otros, ya no se sentía a gusto en el banquillo balear, al que llegó la temporada pasada para sustituir a Gregorio Manzano.

“No puede ser que todos los días me vaya a casa enfadado, tengo una familia”, reconoció en la rueda de prensa en la que anunció que iba a negociar su salida del Mallorca.

El desencuentro con Serra Ferrer comenzó el pasado mes de agosto, cuando Laudrup criticó su política de fichajes y lo que calificó de “improvisación” en la salida y llegada de futbolistas.

Unas declaraciones de ese calibre colocando a los pies de los caballos nada menos que al propietario de la entidad, habrían bastado para una destitución fulminante, pero Serra Ferrer no movió ficha a la espera de acontecimientos.

Pero no olvidó. Bregado en mil batallas en los despachos del Betis y del Barcelona -sus diferencias con Manuel Ruiz de Lopera marcaron una época en el club verdiblanco- Serra Ferrer rehusó entrar al trapo, pero a cambio, trazó una línea de separación con Laudrup inamovible.

El dirigente balear evitó cualquier encuentro con su entrenador, y ya no viajaba en el mismo avión ni el mismo autocar que lo hacía el equipo.

La fractura fue de tal envergadura, el ambiente tan insostenible en el club, que ya se cruzaban apuestas por el tiempo que le quedaba al danés en el banquillo.

Las declaraciones de Larson fueron la chispa que encendió la mecha, pero la directiva se guardaba aún una última carta en el bolsillo: despidió al amigo de Laudrup, pero no a éste, al que colocó en la disyuntiva de dimitir sin cobrar, o continuar sin su ‘número dos’.

Laudrup ya es historia en el Mallorca, club que para él ha supuesto el segundo adiós traumático de un banquillo, ya que tampoco acabó la temporada en Spartak de Moscú.

Si en el Getafe marcó una época clasificando a los ‘azulones’ para una final de la Copa del Rey y los cuartos de final de la Copa de la UEFA, su trayectoria en el Mallorca no pasó del aprobado raspado.

El equipo balear se salvó del descenso en la última jornada de la pasada Liga, y en esta llevaba tres derrotas seguidas antes de ganar el pasado domingo a la Real Sociedad (2-1).

Laudrup siempre ha declarado que no vino al Mallorca por dinero, sino por un proyecto que le pareció ilusionante, que no es otro que dirigir a un equipo formado mayoritariamente por jugadores jóvenes, a los que dio la oportunidad de debutar en Primera, como Cendrós, Kevin, Tejera, Pina, Nsue y Pereira, entre otros.

Se marcha con la tarea a medio finalizar, fastidiado porque a él le hubiese gustado continuar, como ha confesado, pero con la conciencia tranquila de no haber sacrificado sus principios.

Al técnico nórdico se le recuerda con la frase “Enjoy Laudrup” (disfrute de Laudrup) cuando era considerado el mejor futbolista de Europa. Ahora, se va del Mallorca conociendo, de nuevo, la parte ingrata de la profesión de entrenador.