Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Miguel Ángel, Beethoven, Pelé: genios precoces

“O Rei” Pelé puede pecar de arrogancia cuando se compara con Miguel Ángel Buonarroti o con Ludwig van Beethoven, pero nadie oculta que pintó asombrosas jugadas artísticas y compuso sinfonías de pases, regates, “sombreros” y goles que emocionaron a millones de aficionados.


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Pelé sorprendió con tal comparación en una reciente entrevista con “Fifa.com” e inmediatamente surgieron acusaciones de ser un engreído o de que no había meditado bien sus palabras.

Pero si el fútbol es una “maravilla de arte”, como asegura el escritor uruguayo Eduardo Galeano, la comparación no parece tan exagerada, impresión que crece cuando se vislumbra alguna que otra coincidencia en sus biografías, sobre todo la referida a la temprana edad en que empezaron a mostrar que eran unos genios en potencia.

Los tres gozaron de un don especial: el uno para el fútbol, el segundo para la música y el tercero para la arquitectura, la pintura y la escultura.

Pelé enlazó las tres carreras en una entrevista con FIFA.com: “Yo nací para el fútbol como Beethoven nació para la música y Miguel Ángel nació para pintar”.

“O rei” (El rey) no exageraba, ni mentía.

Pelé tenía cuatro años de edad y ya pateaba una pelota en las calles de Baurú, en la provincia de Sao Paulo. Con 15, debutó con el Santos, donde militó 18 años, con 17 logró su primer mundial (en Suecia 1958), con 21 el segundo (Chile 1962) y con 30 el tercero (México 1970).

Miguel Ángel, apodado “El divino”, entró con 12 años en el taller de los Ghirlandaio como aprendiz y con 23 talló “La Piedad” del Vaticano. En 1505, a la edad de 30 años, recibe de Julio II el encargo de su monumento fúnebre, que el pontífice abandona, si bien en 1508 vuelve a llamar al artista de Caprese para dirigir la decoración de la bóveda de la Capilla Sixtina.

Beethoven demostró sus dotes interpretativas con siete años de edad en un concierto organizado por su padre; compuso sus primeros cuartetos y conciertos con 14, a los 35 publica sus primeras obras y a los 40 su Primera Sinfonía.

Pelé fue descubierto a los once años, mientras jugaba en el Ameriquinha, por Waldemar de Brito, su primer técnico;Miguel Angel asombró a Lorenzo el Magnífico, Príncipe de Florencia, y Beethoven hizo pronosticar a Mozart que daría mucho que hablar.

Los tres lograron una abundante producción en sus carreras: Pelé anotó 1.284 goles en 1.363 partidos;Miguel Ángel pintó y esculpió decenas de obras maestras y Beethoven dio lustre a todos los géneros de la música clásica con más de un centenar de composiciones (sonatas, cuartetos, tríos, conciertos, sinfonías).

Los tres componían y ejecutaban obras de arte que suscitaron una admiración y entusiasmo que el paso del tiempo nunca ha podido aminorar.

Millones de personas siguen acudiendo todos los años a Roma para contemplar la Capilla Sixtina;millones de amantes de la música continúan emocionándose con las sinfonías de Beethoven y millones de aficionados al fútbol han visto y revisto los goles y las jugadas de Pelé.

En la final de Suecia 1958 ante la selección local, el Mundial de su explosión como jugador, Pelé controló con el muslo un pase por alto en el borde del área, elevó el balón por encima de su cabeza, se dio la vuelta y lanzó una volea que superó a Svenson. Fue el 3-1 de un duelo que terminó con 5-2 para la “verdeamarilla”.

Pelé dice que éste no fue su mejor gol, que la palma se la lleva uno que hizo con el Santos al Juventus, en el estadio de Sao Paulo. Dominó el balón con los pies, hizo un sombrero a un defensa, sin dejar caer la pelota realizó dos más a otros dos contrarios y cuando salió el portero le pasó el balón por encima, le superó y marcó de cabeza.

Una obra plástica, de suaves trazos, de notas armoniosas, un espectáculo para los ojos que hace que la comparación de Pelé parezca menos atrevida.