Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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“Pescador”, de Cordero es aplaudida en San Sebastián

El ecuatoriano Sebastián Cordero ha regresado a sus orígenes con “Pescador”, una divertida “road movie” filmada a ritmo de salsa e incorporando “todo lo que vino por el camino” que, hasta el momento, fue una de las películas latinas más aplaudidas por el público de San Sebastián.


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“Me saqué una espinita con este filme”, dijo hoy el director en una entrevista con Efe, en la que también participaron sus actores principales, la colombiana María Cecilia Sánchez, y el guayaquileño Andrés Crespo, de visita en este festival de cine del norte de España para presentar la cinta, que compite en la sección “Horizontes Latinos” de Zabaltegi.

Tras la claustrofóbica “Rabia” (2009), rodar “Pescador” fue un proceso liberador para Cordero, quien explicó que, si la primera fue planeada al milímetro para que funcionara el encierro, la segunda es justo lo contrario: “Habla de libertad, de decidir un cambio de vida e ir por caminos diferentes”.

El realizador ecuatoriano aprovechó una historia real ocurrida en el mismo pueblo donde rodó la mayor parte de la película, El Matal, cuando un cargamento de cocaína de un barco hundido llega a las playas y los pescadores se reparten el alijo.

Casi todos se conforman con el dinero que el narco les paga por recuperar la droga, pero uno de ellos, Blanquito, quiere empezar una nueva vida y conocer a su padre, un importante político con hijos repartidos por el país, y decide actuar por su cuenta.

Al tiempo, Lorna, una preciosa colombiana amante del “rico” del pueblo, llega a un callejón sin salida y necesita igualmente un cambio. Como pareja obligada, Blanquito y Lorna emprenden una road movie en la que ambos tendrán que elegir. Uno consigue lo que quiere, el otro no.

“Blanquito es la muerte del aburrimiento -explicó Crespo a Efe-, él se crea una búsqueda, tiene un sino, algo que hacer, y eso es lo que le hace interesante”.

El actor y guionista se ve identificado en el personaje en la libertad que rezuma: “Es que si a uno le dan varias opciones, puede decir simplemente no”, reflexiona Crespo, quien aseguró que, en Ecuador, el modo de actuar de Blanquito es “el proceder natural de las personas”.

“Lo que venga se aprovecha y se lo lleva uno adelante de la mejor manera posible, porque todos tenemos conciencia de que siempre podría ser peor, y por lo general, lo es, por eso él no se enfrenta a un dilema moral; es un designio, y los designios no se cuestionan”, dijo entre risas.

Por su lado está Lorna, una bellísima mujer que, a diferencia del resto, explicó la actriz a Efe, “mira como desde arriba, porque cree que sabe mucho de la vida, cuando al final la ingenuidad de Blanquito es lo que termina siendo su protección”.

“No sabemos bien para dónde va, pero sí tiene una evolución personal, que es más una involución, y que su deseo es uno y lo que termina pasando es otra cosa”, resumió Sánchez, quien destacó que la cinta no cuenta una historia “pretenciosa” y sí del interior de los personajes, dejando la mirada al narco “sólo en pretexto”.

La película fue rodada cronológicamente, lo que permitió “ir incorporando elementos según nos iban pasando”, añadió el director.

Otro elemento indispensable de la película es la música, encargada específicamente a la “33”, once músicos de salsa de Bogotá, capitaneados por Sergio Mejía, que respaldan absolutamente el tono de la película. “Le da una vida distinta al filme”, afirmó Cordero.

Este es el cuarto largometraje del cineasta ecuatoriano, que se dio a conocer en Venecia con “Ratas, ratones, rateros” (1999), convirtiéndose en todo un hito social y cultural en Ecuador.

Su país, señaló hoy el director, experimentó un importante cambio gracias a una ley de ayudas a la financiación del cine, que permitió “pasar de rodar un filme al año a los ocho más o menos que se ruedan ahora, lo cual es mucho para Ecuador”, consideró.

Cordero prepara ya un nuevo filme, con total cambio de registro: se pasa a la ciencia ficción y rodará en inglés.