Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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Paloma San Basilio: Reducida a cantante, mi vida habría sido una cárcel

Dice Paloma San Basilio, al despedirse de los escenarios y estudios y estrenarse como escritora, que está en una etapa sin metas ni presiones, de “volar en otro cielo”, que “el tiempo no es impedimento” para afrontar nuevas aventuras, como ha demostrado a lo largo de una carrera polifacética.


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Soy una cantante-actriz, carne de escenario. Mi vida reducida a la vida de cantante habría sido una cárcel“, confiesa a Efe la llamada “reina de los musicales”, en un encuentro en su casa de Madrid, ante la publicación de “La niña que bailaba bajo la lluvia” (Ed. Aguilar).

Se trata, precisa, no de unas “memorias”, sino de un “diario introspectivo” en el que no es ella siempre la protagonista, a veces lo es el momento, y en el que salta de pasado a presente, desde su infancia entre Sevilla, Lugo y Madrid hasta su gira de despedida de la música, que se postergará hasta diciembre.

“No he intentado juzgarme, sino ser sincera y reecontrarme con el ser humano que a veces se quedaba escondido”, afirma San Basilio, que, desde una posición de “generosidad” consigo misma y con el público, aborda momentos felices y también otros de vulnerabilidad.

No obstante, desde la introducción deja claro que no piensa convertir su vida en un “mercadillo”. “Mis pecios, esos tesoros ocultos en el mar, no son negociables, están a salvo en mis aguas, y mis afectos no son moneda de cambio”, escribe.

Solo hay una concesión a los piratas del morbo, un único párrafo en el que intenta “aclarar de una vez por todas” la “leyenda urbana” en torno a su presunta relación con el rey Juan Carlos. “Ha salido hasta en negro sobre blanco y me parecía una tontería evadir el tema”, justifica San Basilio (Madrid, 1950) sobre ese brevísimo interludio en el que niega la mayor.

A cambio, comparte ampliamente otras sensaciones de una biografía plagada de hitos, como cuando actuó en el Madison Square Garden o en el Carneggie Hall, o de cuando conoció a Salvador Dalí en su casa de Figueras (Girona).

“Uno de los momentos más bonitos fue cuando canté con Plácido Domingo por la dimensión del artista, por su parte humana y por lo que allí se generó, con miles de personas embravecidas. Fue mágico”, recuerda.

Universitaria de clase media, a la música llegó casi por azar del destino, a través de pequeñas incursiones televisivas y en el mundo del modelaje, aunque se sintiera “cantante desde niña, haciendo personajes y montando historias”.

Esa dualidad como actriz y cantante la permitió acceder a uno de los papeles fundamentales, el que cambió “diametralmente” su carrera y consideración, el de Evita Perón en el famoso musical dedicado a la ex primera dama argentina, con once funciones semanales.

“Estaba empezando y mucha gente no creía que pudiera hacer el personaje, porque me tenían encasillada en otro registro. Había además mucha gente que intentaba hacerme daño, porque yo estaba ‘usurpando un sitio’ que muchos codiciaban, así que defendí mi sitio a base de voz y de dejarme la piel todos los días”, afirma.

Y eso que aquellos días de gloria no fueron fáciles. En su obra relata cómo el estreno coincidió con el fallecimiento de su madre y cómo hubo de tragarse las lágrimas hasta el parlamento final del personaje. “Se lo tenía que dedicar a mi madre y hacerlo no solo por mí, sino por toda la compañía que estaba detrás”, recuerda.

La primera candidata al papel fue Rocío Jurado, a la que desecharon porque, según relata San Basilio, sus grandes condiciones no se adaptaban a la escena. “Nunca hablamos del tema, yo ya sabía lo que había supuesto para ella no hacerlo y también cómo me había apoyado desde el principio”, señala.

En sus páginas, la artista habla también de lo complicado que fue embarcarse en esa profesión siendo una joven madre soltera. “Sentía que siempre estaba mal en cualquier sitio; si estaba haciendo algo, me parecía que debía estar haciendo otra cosa y viceversa”, dice.

El éxito de “Evita” propició que su primera discográfica, la que la había condenado al ostracismo de un cajón, desempolvara su tema “Juntos”, al que se refiere como “una canción intergeneracional convertida en un himno”.

“Confieso que no he sido ni de baladas, ni de ‘Juntos’ ni de nada de eso. Lo que me gustaba era la música negra, pero lo único que me traían eran baladas, y yo estaba muy tiernecita. Con que me trajesen un contrato… Tenía unos vaqueros, una camisa y unas botas. Si ves que todo el mundo se revoluciona y te dice que tienes una voz maravillosa, ¿cómo te vas a poner tonta?”, cuenta.

Desde aquel primer “Sombras” (1975), uno de los dos álbumes “más importantes” de su carrera, se han publicado otros “treinta y tantos” más hasta “Amolap” (2012), el otro disco que le gusta destacar.

“Estoy muy contenta de retirarme de esta profesión tras hacer ese trabajo junto a mi hija (productora). Me gusta mucho la música electrónica y el haberme metido en esa aventura, como en la de este libro”, defiende San Basilio, que aún siente a la “niña que bailaba bajo la lluvia” decirle desde dentro, “por qué no”, al embarcarse “en una etapa tan importante o más que las anteriores”. EFE