Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Documental de Malala transforma a Davis Guggenheim

LOS ANGELES (AP) — Davis Guggenheim ha hecho películas sobre líderes mundiales (Barack Obama, Al Gore) y estrellas de rock (U2, Jimmy Page, Jack White), pero la obra que más lo ha afectado es su nueva película sobre una niña y su padre.


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Claro, Malala Yousafzai no es cualquier chica. Guggenheim pasó un año y medio con la ganadora del Premio Nobel de la Paz y su familia para realizar el documental “He Named Me Malala” (“Él me nombró Malala”), que se estrena el viernes. Salió de la experiencia profundamente conmovido.

“Ella es mi favorita”, dijo el documentalista ganador del Oscar por “An Inconvenient Truth” (“Una verdad incómoda”). “No se supone que uno tenga favoritos, pero ella es increíble. Me he enamorado de esta familia”.

Más que por el activismo de Malala, Guggenheim se sintió inspirado por la dinámica familiar de los Yousafzai, cómo valoran la tradición, la educación y la diversión.

“Quería que mi familia fuera más como su familia”, dijo el cineasta de 51 años, quien tiene tres hijos con su esposa Elisabeth Shue. “Quería que mi familia sintiera este amor alegre por los otros, este sentido del amor tan expresivo”.

“He Named Me Malala” es un retrato personal de la activista adolescente, que recibió un disparo en la cabeza del Talibán en el 2012 por defender la educación de las niñas en Pakistán. Se recuperó y continuó su trabajo a nivel global, hablando ante las Naciones Unidas en el 2013 y ganando el Nobel de la Paz el año pasado.

El filme se centra en la cercana relación de Malala con su padre, Ziauddin Yousafzai, un profesor y orador público que sabía que el género de su hija no limitaba su potencial.

“Tengo dos hijas, y mis hijas son un misterio para mí”, dijo Guggenheim. “Quiero saber lo que él hizo, lo que ella hizo en esa relación. Quiero desembalar la relación de algún modo”.

Aprendió sobre el historial de oradores públicos en la familia de Malala: su abuelo fue un clérigo y su papá ha defendido por años la educación y la libertad frente al extremismo religioso. El realizador aprendió sobre la heroína de Pashtun por la que le dieron su nombre: Malalai de Maiwand, una valiente joven que congregó tropas afganas contra el ejército británico en 1880 y fue asesinada por ser tan franca.

Siguió a Malala y a su padre mientras viajaban a Kenia, Nigeria y Jordania para apoyar los derechos de los niños. Guggenheim también filmó a Malala en su casa, donde hace sus tareas, bromea con sus hermanos y se sonroja viendo fotos de Roger Federer en Internet.

Pero incluso después de las cientos de entrevistas y las incontables horas que pasó con los Yousafzai, Guggenheim dice que Malala, de 18 años, sigue siendo “un total misterio” para él.

“Claramente, ella es una combinación de todas estas cosas maravillosas: el sueño de su padre para ella, la intensa espiritualidad de su madre”, dijo. “Pero también es simplemente quien es”.

Un ícono mundial y una adolescente corriente, la predilecta de Guggenheim.

“Esta película ha sido mi favorita porque realmente me cambió la vida. Me deslumbró”, dijo. “Quiero lo que ellos tienen. Quiero ser el padre que Zia es. Quiero que mis hijas sientan el amor que éI le da a Malala. Quiero que sientan ese amor y ese respeto”. (E)