Ecuador. Domingo 11 de diciembre de 2016
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Putin gana un pulso a Erdogan con sanciones y apoyo a los kurdos

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha ganado un pulso a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, con una batería de sanciones económicas y con un arma no menos importante: el apoyo a los kurdos de Siria, vistos por Ankara como una amenaza para la integridad territorial de Turquía.

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La victoria del jefe del Kremlin ha sido total e inapelable: el líder turco se avino a pedir perdón por el derribo, en octubre del año pasado, de un cazabombardero ruso en la frontera turco-siria y el asesinato de uno de sus dos pilotos, Oleg Péshkov.

El aviador fue tiroteado por las milicias turcomanas opositoras al régimen de Damasco cuando descendía en paracaídas después de catapultarse de su caza Su-24, alcanzado por misiles de dos aviones turcos, tras haber invadido, según Ankara, el espacio aéreo de Turquía.

Además, Erdogan ofreció compensaciones económicas a la familia del piloto fallecido, así como resarcir el daño causado a Rusia.

Por último, aseguró que se ha abierto una investigación en relación al ciudadano de Turquía “al que se asocia con la muerte del piloto ruso”.

Erdogan manifestó todo esto en un mensaje a Putin, que constituye una capitulación en toda regla habida cuenta de la postura de fuerza que adoptó nada más producirse el conflicto, cuando aseguró que Turquía no tenía por qué pedir perdón y que volvería a derribar un avión ruso en caso de invasión de su espacio aéreo.

La respuesta de Putin al derribo del avión y la muerte del piloto fue inmediata: acusó a Turquía de asestarle una “puñalada por la espalda” a Rusia y ordenó imponerle una serie de sanciones económicas, cuyo impacto en la economía turca fue valorado en un primer momento en 9.000 millones de dólares de pérdidas.

Las represalias de Moscú incluyeron la derogación del régimen de exención de visados para los ciudadanos turcos y el veto a la firma de nuevos contratos con empresas turcas, en particular con las que trabajan en Rusia en el sector de la construcción.

Además, Rusia suspendió los vuelos chárter a Turquía y prohibió a las agencias de viajes vender paquetes turísticos a destinos turcos, que antes de la crisis desatada por el derribo del S-24 recibían a millones de turistas rusos.

Como si esto fuera poco, las autoridades rusas decretaron un embargo a la importación de frutas y verduras turcas.

“Nuestra reacción ha sido más que moderada ante este crimen militar. Las autoridades turcas cometieron un gran error al derribar nuestro avión. Y, más aún, la gente en la tierra, a la que ellos supuestamente defendían, ametralló a nuestro piloto”, dijo Putin al comentar a comienzos de año la respuesta rusa.

En esa ocasión, el jefe del Kremlin consideró “prácticamente imposible” llegar a un acuerdo con Erdogan, al que acusó de dar la espalda a Ataturk (Mustafa Kemal, el fundador del actual Estado laico turco) al dar rienda suelta a los islamistas en Turquía.

Además, acusó a Turquía de proteger las vías de suministro del petróleo que el grupo yihadista Estado Islámico extrae en los territorios bajo su control en Siria e Irak.

A todo esto se suma el apoyo militar de Moscú a los kurdos sirios y la insistencia rusa de que sean incluidos en el proceso de arreglo al conflicto en Siria.

El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, declaró recientemente que Moscú intenta persuadir, y no sin éxito, al Gobierno de Damasco “de cooperar con los kurdos y de no limitar su futuro papel en el Estado sirio”.

Los kurdos sirios aspiran a un régimen de autonomía como el del Kurdistán iraquí, a lo que Turquía se opone debido a que su proximidad con los kurdos turcos supone una amenaza para la estabilidad e integridad del país.

La “rendición” de Erdogan no podía producirse en mejor momento para Putin, ya que coincide con el comienzo de la campaña para los comicios parlamentarios rusos, que se celebrarán el próximo 18 de septiembre.

En cualquier caso, la normalización de las relaciones entre Moscú y Ankara no será “cuestión de días”, como advirtió hoy el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov. EFE (I)

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