Ecuador. Martes 6 de diciembre de 2016
  • Seguir en Facebook
  • Seguir en Twitter
  • Seguir en Google+
  • Seguir en YouTube
  • Seguir en Instagram
  • Seguir en LinkedIn

Trump y su particular guerra con la prensa

EFE/Jim Lo Scalzo

Washington, (EFE).- El candidato republicano a la Presidencia estadounidense, Donald Trump, suele siempre dedicar un tiempo en sus mítines a señalar a los periodistas, llamarles deshonestos y orientar las iras de su audiencia contra ellos.

Publicidad

Trump presume de dar más ruedas de prensa que su rival demócrata, Hillary Clinton, pero casi siempre utiliza esos encuentros, muchas veces un monólogo del candidato más que otra cosa, para señalar a los informadores o a los medios que le critican y amenazarles con incluirles en su “lista negra”, que engrosan los que tienen vetado el acceso a sus actos de campaña.

En un mitin hoy en Ashburn (Virginia), Trump lo volvió a hacer: “Este sistema está amañado. Estamos compitiendo contra un sistema amañado y unos medios deshonestos. Los medios son muy deshonestos, muy, muy deshonestos”, dijo.

En otras ocasiones Trump opta por pedir a la audiencia que se dé la vuelta y eche un vistazo a los periodistas, para posteriormente realizar comentarios como: “Allí atrás, encerrados, es como me gusta verlos”.

La campaña de Trump ha creado lo que se ha dado en llamar su “lista negra”, un conjunto de medios de comunicación a los que no se deja ingresar en los actos de campaña del candidato o se les obstaculiza en lo posible la cobertura.

El diario The Washington Post, el canal hispano Univisión, la publicación Político, o los medios digitales Buzzfeed y Huffington Post han sido incluidos en esta lista, cuyos miembros parecen entrar y salir dependiendo de si a Trump le gusta la cobertura que recibe.

Anoche Trump amenazó con incluir al diario The New York Times en la lista por no saber cómo escribir positivo sobre él, después de historias en las que se exponen las conexiones del jefe de campaña de Trump con líderes ucranianos prorusos o sobre las prórrogas que permitieron al candidato no ir a la Guerra de Vietnam.

“El New York Times es muy injusto. Escriben tres o cuatro artículos sobre mí cada día”, explicaba anoche Trump al canal Fox News.

“El Washington Post ha mejorado un poco últimamente”, observó antes de amenazar al diario neoyorquino con prohibirle la entrada a sus actos de campaña.

Trump señaló a la periodista Maggie Haberman por no “escribir bueno (good)”, algo que con sorna Haberman apuntó en Twitter era un error gramatical, con el que probablemente el candidato quería decir escribir “bien sobre él”.

Los periodistas del diario The Washington Post fueron de los primeros en ser vetados de los eventos de campaña de Trump, incluso tras comprar entradas como público para poder asistir a ellos.

Trump no se preocupa en guardar las formas cuando realiza sus “ruedas de prensa”, en las que ha llamado “asqueroso” a un veterano periodista de la cadena ABC o en las que apoda a la CNN (Cable News Network) “Clinton News Network”.

Para las mujeres periodistas, Trump reserva inauditas dosis de misoginia como cuando recientemente espetó un “cállate” a la reportera Katy Tur, de NBC, o cuando ha interrumpido las preguntas de otras con comentarios como: “A ti te he visto en televisión, eres una belleza”.

En una columna de opinión publicada hoy, el experto del centro de estudios Brookings Institution Robert Kagan, argumenta que Trump sufre alguna patología psicológica que por orgullo o narcisismo le lleva a responder a toda crítica en su contra, aunque al hacerlo actúe en contra de sus intereses.

“Hay algo mal en este hombre. No es solo su incapacidad para la empatía; no es solo que responda a toda crítica que recibe atacando o denigrando al crítico, sin importar lo pequeño o inconsecuente del comentario. El problema real es (…) que no puede controlarse”, reflexiona Kagan.

Con la prensa, Trump se controla a medias: “Le debería revocar la credencial al New York Times, pero no lo haré porque luego eso me da (mala) prensa”, dijo este lunes.

Otras veces no puede evitar que aflore ese otro yo, como cuando el pasado diciembre exclamó en un mitin: “Odio a la prensa, los odio (…) De todas formas no los mataría, nunca haría eso”. EFE (I)

Publicidad