Ecuador. Jueves 29 de septiembre de 2016
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Marcela Temer, la espectacular rubia, nueva primera dama del Brasil

Marcela Temer, primera dama del Brasil.

Marcela Temer, una exreina de belleza 43 años más joven que su esposo, se convirtió esta semana en la primera dama de Brasil y tiene ante sí el reto de rebelarse ante la etiqueta de mujer trofeo para millonarios que se le ha colocado en su país.

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La nueva primera dama carga el estereotipo de encarnar la típica historia repetida mil veces en las telenovelas brasileñas de una joven guapa, rubia teñida, que enamora al rico y poderoso de turno para llevar una vida de lujos y sin trabajar.

Recientemente una revista levantó polvareda al decir que Michel Temer es “un hombre de suerte” por estar casado con una mujer “bella, recatada y hogareña”, virtudes al parecer deseables para las esposas en las clases más tradicionales (y adineradas) de Brasil, pero que soliviantan a los grupos feministas por el tufo machista que se desprende de esa descripción.

Ese perfil desentona notoriamente con el de Dilma Rousseff, la primera presidenta de la historia de Brasil, destituida hoy por el Senado, que siempre fue reconocida por su pasado guerrillero y por su carácter duro y trabajador con el que construyó una fulgurante carrera política.

Desde que saltó a la fama al salir al balcón del Palacio de Planalto en la investidura de Rousseff en 2011, Marcela se ha ajustado muy bien a la descripción de “hogareña”, pues casi no se ha dejado ver en público.

En los últimos tres meses, desde que su marido asumió la Presidencia de forma interina, sólo participó en dos actos oficiales y además posó para la prensa junto a Temer en el primer día de escuela de su hijo Michel, de siete años.

La discreción ha formado parte de la vida de la pareja desde que se conocieron en una fiesta del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) en 2002, a la que le llevó su tío.

Marcela Tedeschi (su apellido de soltera) pidió hacerse una foto con Temer, que por aquel entonces ya era una figura conocida, y el político se encandiló con la joven de 19 años y le pidió una cita.

Para sorpresa de Temer, Marcela fue acompañada por su madre, que a pesar de la diferencia de edad dio su permiso para el noviazgo, que fue rápido.

Ella se tatuó el nombre de Michel en la nuca, que deja entrever cuando se deja una trenza, y él le escribió unos ardorosos poemas que ha publicado en un libro.

La pareja se casó un año después, en 2003, en la más absoluta intimidad, con doce invitados de la familia, y después mantuvo una vida discreta.

Hasta entonces, sin hacer gala de ningún recato, Marcela había soñado hacer pinitos en el mundo de la moda, para lo que se presentó a varios concursos de belleza.

Quedó segunda en el Miss Paulinia, su ciudad natal, y ganó el Miss Campinas en 2002 y un año después fue segunda en un Miss Sao Paulo no oficial, pero decidió abandonar los concursos al contraer matrimonio.

El único trabajo que desempeñó en su vida, durante unos meses, fue de recepcionista en un diario de Paulinia que ya ha cerrado sus puertas.

Recientemente estudió derecho, aunque no llegó a hacer los exámenes para obtener el título de abogada porque en aquella época nació el único hijo del matrimonio, llamado en casa “Michelzinho”.

Desde que Temer asumió la Vicepresidencia en 2011, ella ha vivido con su hijo en Sao Paulo, donde, además de estudiar, se ha dedicado a hacer vida casera y a pasearse por centros comerciales, establecimientos de belleza y peluquerías de lujo, según ella misma ha revelado en las escasas entrevistas que ha concedido.

Se mudó a Brasilia el pasado julio, después de que unos militantes de izquierda le hicieron un par de escraches en la puerta de su mansión, despertando a toda la familia a cacerolazos.

En una reciente entrevista, Temer afirmó que, una vez concluyese el juicio político a Rousseff, planeaba cederle a Marcela las funciones de “toda el área social” del Gobierno porque su mujer tiene “mucha preocupación” con esos temas.

La posición de primera dama no está regulada en la legislación brasileña y ha habido algunas muy activas en labores sociales, como fue el caso de Ruth Cardoso, mujer de Fernando Henrique Cardoso, pero otras, como Marisa Letizia Lula da Silva, mantuvieron un perfil bajo.

En la mano de Marcela está decidir si aprovecha la oportunidad que le confiere su nueva posición para moldear su perfil a partir de ahora. EFE

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