Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Isla más militarizada de la Guerra Fría se abrirá al público

Vlora (Albania), 26 mar (EFE).- La isla de Sazan, destino prohibido para todo albanés por servir de base militar durante casi un siglo, abrirá por fin sus playas vírgenes de agua cristalina, sus bahías y cuevas marítimas a todo el público.

Vlora (Albania), 26 mar (EFE).- La isla de Sazan, destino prohibido para todo albanés por servir de base militar durante casi un siglo, abrirá por fin sus playas vírgenes de agua cristalina, sus bahías y cuevas marítimas a todo el público.


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El nuevo Gobierno albanés tiene previsto lanzar una amplia operación de limpieza de hormigón, minas, escombros y basura para abrir la isla al turismo nacional y extranjero.

“Esta isla había sido utilizada totalmente con fines militares. Esa época ha terminado. Es bonito que un espacio cargado de hormigón por cuestiones militares se convierta en un lugar bonito y apetecible para los turistas”, dijo la ministra de Defensa, Mimi Kodheli, al visitar recientemente la isla.

Ocupada por venecianos, británicos, griegos e italianos, Sazan se convirtió en la isla más militarizada del Mediterráneo durante medio siglo de comunismo y Guerra Fría.

Su posición estratégica en la entrada de la bahía de Vlora, entre el mar Adriático y el Jónico, la convirtió en perfecto punto de control del canal de Otranto, que une las 42 millas que separan la costa albanesa de la italiana.

Nueve líneas de defensa repartidas por toda la isla, junto con numerosos cañones, misiles, barcos torpederos y cuatro submarinos soviéticos de la vecina base naval de Pashaliman aguardaban para responder al ataque enemigo que nunca llegó.

La isla de 5 kilómetros cuadrados sirvió de base militar para los países del bloque comunista hasta que Albania salió del Tratado de Varsovia en 1968, después de que el dictador albanés, Enver Hoxha, rompiera las relaciones con la Unión Soviética.

En los años posteriores, Hoxha cerró herméticamente el país al resto del mundo y ordenó la construcción de más de medio millón de búnkers entre 1975 y 1982 para proteger Albania de un “inminente” ataque armado “imperialista y revisionista”.

“En aquellos años, fortificamos la isla. Hicimos un trabajo colosal que ni nosotros mismos, los oficiales, nos creemos”, dijo a Efe Agush Gjonaj, coronel retirado que fue comandante del mayor buque dragaminas albanés, destacado en Sazan.

Aún tiene fresco en la memoria cómo se entrenó seis horas diarias, con el resto de los militares que habitaban la isla, durante 14 años consecutivos para luchar contra un enemigo que “aún no conozco”.

“Descansábamos parcialmente sólo los domingos. Estábamos bajo tensión permanente. ‘El enemigo está enfrente. Llegará hoy o mañana, debéis estar listos para luchar y vencer con el armamento que tenéis’. Esas eran las instrucciones que nos daba el Partido (comunista)”, explica.

Eso, reconoce, era pura propaganda. “En el fondo, nadie creía que ‘pulgas’ como nosotros pudiéramos vencer a los ‘tigres’ estadounidenses, equipados con aviones, portaaviones y armamento sofisticado, pero nadie se atrevía a oponerse a las órdenes porque acababa fusilado como ‘enemigo de pueblo'”, dice.

Lamenta que, en su carrera militar de 30 años, pudo torpedear sólo una vez: en 1979, en la película “Ballë për Ballë”, basada en la novela del escritor Ismail Kadare “El gran invierno”, que cuenta la valentía de los albaneses que no dejaron la base de Pashaliman en manos de los poderosos soviéticos de Nikita Jruschov.

“En los tiempos de la dictadura, en la isla había de todo: escuela, hospital, tiendas, restaurante, cine. Era como una miniciudad en la que vivían unas 200 familias de los militares”, explica a Efe Robert Rushiti, director de la escuela primaria de la isla entre 1983 y 1986, a la que acudían 120 alumnos.

Relata que a los niños les enseñaba otro programa educativo para los tiempos de guerra, diferente a los de la paz, mientras recuerda las dificultades para ir a Vlora, la carencia de agua y luz.

Rushiti se muestra entusiasmado con la iniciativa del Gobierno para convertir Sazan en un lugar turístico porque, dice, es una parte de la Historia del país que atraería no sólo a extranjeros, sino también a albaneses, para cuya mayoría sigue siendo aún un misterio.

Los edificios donde vivían los militares acabaron siendo saqueados durante la rebelión armada de 1997.

También desapareció el armamento depositado en los túneles de la isla: bandas del narcotráfico acabaron utilizando estos conductos para ocultar temporalmente los grandes alijos de droga que transportaban en lanchas a Italia.

En los años posteriores, la isla se convirtió en base de la Policía italiana para prevenir la salida ilegal de inmigrantes y droga con destino al rico vecino. EFE