Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Los kurdos sirios, entre el horror yihadista y la escasez de ayuda turca

Suruç (sur de Turquía), 25 sep (EFE).- Los miles de kurdos de Siria que ha huido del terror de los yihadistas hacia Turquía reclaman ahora que se les deje traer su ganado, esencial para sus subsistencia, y denuncian la poca ayuda que reciben, hasta el punto de que muchos están empezando a regresar a su país.


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Las autoridades turcas mantienen abierto un paso en la alambrada fronteriza que separa Turquía de Siria para acoger a los refugiados de los pueblos alrededor de Kobani, la ciudad kurda en el norte de Siria bajo asedio del Estado Islámico (EI).

Fardos de mantas, colchones, sacos e incluso cacerolas se amontonan bajo rachas de viento que momentáneamente se convierten en tormenta de arena, pero es lo único que pueden traer los campesinos.

Atrás se quedan miles de coches, aparcados a lo largo de la alambrada, y numerosos rebaños que buscan restos de hierba en unos terrenos quemados por el sol de septiembre y convertidos en desierto polvoriento por el viento.

“Queremos que Turquía nos deje traer nuestros coches para ponerlos a salvo”, pide Husein, que vino con sus ovejas desde un pueblo a orillas del Eúfrates, ahora destruido por el avance del Estado Islámico (EI).

“No queremos conducirlos en Turquía; simplemente pedimos que nos asignen un aparcamiento donde dejarlos estacionados hasta que podamos volver. Ahora los hemos tenido que dejar en la alambrada donde están rodeados de minas; nos los roban, y si llega el EI, no dejará ni uno”, vaticina.

Más importante aún es salvar los rebaños, que llevan días sin forraje, apuntan otros campesinos, como Alí.

“No hay agua en kilómetros a la redonda. Vacas y ovejas son lo único que tenemos, pero se nos van a morir. Turquía no los deja pasar”, se queja.

“Los trajimos porque hasta hace cinco días era normal que cruzáramos con las ovejas. Y no era contrabando: los soldados turcos nos dejaban pasar sin problemas. Es ahora, con la crisis, cuando han cerrado la frontera”, asevera Alí.

Añade que sus amigos kurdos en el lado turco ya le han señalado que no tendrían ningún inconveniente en hacerse cargo de los animales.

El Gobierno turco ha prometido que iba a delimitar corrales para los rebaños donde los animales podrían quedarse tras pasar un control sanitario, informó el diario “Sabah” el miércoles.

Pero hasta el momento, vacas y ovejas siguen errando entre los miles de coches aparcados frente a la alambrada.

Algunos campesinos, como Husein, vuelven a Siria tras una breve estancia en Turquía, para hacerse cargo de sus rebaños.

Otros aseguran que regresan a sus casas porque en Suruç, la ciudad turca adonde las autoridades transportan a los refugiados una vez pasado el primer control de registro y salud, no reciben suficiente ayuda.

“No hay mantas, no hay comida adecuada. Es mejor volver a casa”, asegura un anciano.

Los campesinos son los más afectados por el avance de las milicias radicales, que destruyen todo a su paso, aseguran.

“Donde hay un árbol, lo queman. Roban todo lo que hay en la casa. He visto cómo mataron a trescientas ovejas y a los tres pastores que las cuidaban. Los degollaron y los dejaron tirados al sol, sin cabezas; por suerte pude escaparme”, relató a Efe Azad Mohamed, un maestro de escuela de un pueblo al este de Kobani.

Muestra una foto, realizada con su móvil, de lo que a su juicio es una bomba de fragmentación sin explotar, supuestamente disparada por el Estado Islámico; “una munición ilegal”, apunta.

Todos los refugiados coinciden en señalar que el simple hecho de ser kurdo es una inmediata condena a muerte en manos de los yihadistas.

Alí se queja amargamente de que los países europeos parecen apoyar al Estado Islámico en lugar de enviar ayuda a los kurdos.

“Hay mil franceses en el EI; hay alemanes, británicos… ¿Cómo pueden llegar todos sin que sus países se enteren? ¿No existen los pasaportes?” pregunta.

Apunta que, recientemente, un grupo de aldeanos atrapó a cinco personas que cruzaron desde Turquía, supuestamente extranjeros que se iban a unir a las filas del EI.

“No hablaban ni árabe, ni turco ni kurdo. Ahora están en la cárcel en Kobani”, agrega.

También recuerda que de un grupo de 15 yihadistas abatidos recientemente en combate, cinco eran sirios, pero diez extranjeros.

Ningún refugiado entiende por qué los yihadistas degüellan a las personas en lugar de dispararles, como sería habitual en una guerra.

“Degollar sólo se hace con animales. Y hasta a un animal le tapas los ojos para que no se asuste cuando lo sacrificas”, se estremece Faruj, otro campesino de Kobani. EFE