Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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Guerra de invitados cubanos entre republicanos y demócratas en discurso Obama

El congresista republicano John Boehner por Ohio John Boehner (c) presta juramento hoy, martes 6 de enero de 2015, después de ser reelegido como presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos en in Washington (EE.UU.). EFE/JIM LO SCALZO

Washington, 20 ene (EFE).- Una guerra silenciosa se libra esta noche en los palcos del Congreso de los Estados Unidos, donde invitados cubanos a favor o en contra del deshielo entre Washington y la Habana escucharán el sexto discurso del Estado de la Unión del presidente Barack Obama.


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Desde que Ronald Reagan hiciera pública, por primera vez, la lista de invitados de la noche, conocer los asuntos que tratará el mandatario durante su discurso es igual de importante que saber quiénes se colocarán en los palcos tras los representantes republicanos y demócratas.

Alan Gross, el estadounidense que pasó cinco años encarcelado en Cuba por “acciones contra la integridad territorial del Estado”, será junto a su esposa Judy uno de los invitados de la primera dama, Michelle Obama.

La liberación de Gross se produjo el mismo día que Washington y La Habana anunciaron un acuerdo bilateral para acercar posturas y, por tanto, Gross representa la posición de la Casa Blanca y de la mayoría de los demócratas.

El subcontratista para la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), que ha apoyado públicamente a Obama, escuchará sus palabras desde el tercer palco, donde se sentarán las más de 20 personas que invitó la primera dama.

En los asientos que corresponden a la congresista por Florida Kathy Castor se sentará el empresario José Valiente, antiguo presidente de la Cámara de Comercio de Tampa (Florida), que creó un comité de “Vuelos a Cuba” para establecer un servicio aéreo regular para los cubano-estadounidenses.

Valiente, de origen cubano, ha pedido el fin del embargo que pesa sobre la isla desde 1961 y cree que la bahía de Tampa, en la costa oeste de Florida, está destinada a ser “la puerta de entrada” a Cuba.

Con el fin de mostrar la oposición de los republicanos al deshielo, el senador republicano Marco Rubio invitó a la activista cubana Rosa María Payá, hija del disidente Oswaldo Payá, fallecido junto al activista Harold Cepero en un accidente de tráfico en 2012.

Rubio, que suena entre los posibles candidatos republicanos a la Presidencia, quiere que la presencia de Payá recuerde a Obama que “los asesinos de su padre no han sido llevados ante la Justicia y que EE.UU. ahora se sienta en la mesa con ellos”.

Reproche que también quiere mostrar esta noche un líder de la resistencia cubana, Jorge Luis García Pérez, conocido como Antúnez, que paso 17 años en una cárcel y al que invitó el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner.

Pérez y su mujer escucharán la alocución de Obama desde el palco del republicano de mayor rango en la cámara baja.

Ambos han rechazado la política de Obama hoy en una rueda de prensa, a la que acudieron con Marlene Alejandre Triana, hija de Armando Alejandre, un piloto de la organización anticastrista “Hermanos al rescate” cuyo avión fue derribado por las autoridades cubanas en aguas internacionales en 1996.

Su hija ha sido invitada por la congresista por Florida Ileana Ros-Lehtinen, también de origen cubano y una de las voces republicanas más duras contra el régimen castrista que rechaza las conversaciones con la isla.

Sin embargo, la línea que separa a republicanos y demócratas no es tan clara como pueden mostrar sus invitados.

El demócrata Robert Menéndez, igualmente de origen cubano, ha rechazado públicamente las acciones de Obama al creer que “defienden el comportamiento brutal del Gobierno cubano”, pero ha guardado silencio sobre quiénes se sentarán en su palco.

Tras las palabras de Obama, mañana miércoles viajará a Cuba la delegación estadounidense de más alto rango que visita la isla desde hace décadas, para entablar unas conversaciones que servirán para trazar la agenda que guiará la normalización de las relaciones con el Gobierno de Raúl Castro. EFE