Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Trump dice en la frontera con México que los hispanos lo aman

El precandidato presidencial republicano Donald Trump escucha una pregunta en el Puente World Trade International en Laredo, Texas el jueves 23 de julio de 2015. (Foto AP/LM Otero)

Texas, EE.UU. (AP) — Completamente seguro de sí mismo, Donald Trump visitó la frontera con México el jueves y vaticinó que los hispanos lo amarán — “ya lo hacen”— pues como presidente regresará los empleos que se han ido al extranjero y le dará más oportunidades a aquellos que viven legalmente en Estados Unidos.


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“Hay un gran peligro con los ilegales”, dijo el precandidato republicano a reporteros. Pero afirmó tener “una gran relación” con los hispanos, incluso a pesar de que los líderes latinos lo han acribillado por describir a los inmigrantes mexicanos como criminales y violadores.

“Regresaré los trabajos de China, regresaré los trabajos de Japón”, dijo Trump. “Los hispanos obtendrán esos empleos y amarán a Trump”.

Mientras tanto, el secretario de Relaciones Exteriores de México, José Antonio Meade Kuribreña, quien esta semana visitó California, dijo al diario San Francisco Chronicle que el punto de vista de Trump “no tiene cabida en la política”. Está “manchado por el prejuicio, racismo o simplemente ignorancia”, dijo.

La rápida visita a la frontera se dio mientras Trump sigue ganando la atención de la contienda presidencial republicana, lo que exaspera a sus rivales.

Al hacer campaña en Gorham, Nueva Hampshire, Jeb Bush ofreció un mensaje claramente diferente sobre el debate migratorio y habló en parte en español.

“Un republicano nunca volverá a ser elegido presidente de Estados Unidos a menos de que hagamos campaña así”, dijo Bush haciendo un gesto con sus brazos abiertos.

“A menos que hagamos campaña abiertamente, haciendo campaña por cada rincón de este país, haciendo campaña con las comunidades latinas, las comunidades que crecen rápidamente en todo este país, eso hará la diferencia sobre quién será el próximo presidente”, agregó.

Trump, un empresario y estrella de la televisión, creó todo un espectáculo antes de su viaje de campaña al decir que se estaba poniendo “en gran peligro” al ir a la frontera cerca de la violenta ciudad mexicana de Nuevo Laredo, pero dijo “lo tengo que hacer, lo tengo que hacer”.

Mientras hablaba con reporteros con su espalda hacía el Río Bravo (Grande en Estados Unidos), una enorme cantidad de camiones pasaban tranquilamente de México hacia el World Trade Bridge que los conduce a Texas, un centro comercial pujante que suele ser visitado por funcionarios. Trump viajó en una caravana acompañada por muchos policías sobre calles que fueron cerradas para su paso.

Un sindicato local de agentes fronterizos canceló su participación en los actos del precandidato presidencial. Los agentes fronterizos planeaban acompañar a Trump a la frontera y reunirse con él, pero se retiraron después de consultarlo con el sindicato nacional, el Consejo Nacional de la Patrulla Fronteriza, informó Héctor Garza, presidente del Local 2455 del sindicato.

Trump descendió de su avión en Laredo y dijo que los miembros del sindicato se retiraron porque están “petrificados y temen decir lo que está ocurriendo” en la frontera. Decenas de personas, entre manifestantes y simpatizantes, lo esperaban en tierra.

Algunos le gritaban “¡fuera!” en español, un simpatizante tenía un letrero que decía, también en español, “no era insulto”, sobre sus declaraciones acerca de los inmigrantes.

Su visita generó una fuerte reacción entre algunos residentes de Laredo, que tiene una población predominantemente hispana.

Pedro Omar Castillo, de 72 años, dijo que Trump necesita el voto hispano para ganar en 2016 pero “no lo tendrá por sus palabras… Es un racista”.

Karina Villalba, de 26 años, esperó a Trump en el aeropuerto con un letrero que decía: “Escuché tu discurso y NO estoy ofendida”.

Villalba dijo que aprecia la forma de comunicarse de Trump. “A veces la honestidad duele”, dijo.

Trump lanzó su campaña por la nominación presidencial de su partido con un discurso en el que dijo que los inmigrantes mexicanos son criminales y violadores, desatando el debate entre los republicanos, que se intensificó tras sus comentarios despectivos sobre el servicio militar del senador de Arizona John McCain durante la guerra de Vietnam.

Sean pesos pesados en el partido como el exgobernador de Florida Jeb Bush o casi debutantes en el escenario nacional como el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, los rivales de Trump tienen que lidiar con su costumbre de llamarlos por su nombre, denigrar a la dirigencia del partido y agitar el debate sobre la inmigración.

En Washington el miércoles, en respuesta a una pregunta sobre el viaje de Trump, el exgobernador texano Rick Perry dijo: “Espero que pueda encontrar la frontera. Me parece que nunca ha estado allí”.

Perry dijo que la campaña de Trump es un “cáncer para el conservadurismo” y “un escandaloso y delirante acto carnavalesco”. Perry definió el “trumpismo” como una “mezcla tóxica de demagogia, mezquindad y absurdo que llevará al Partido Republicano a la perdición si continúa”.

Y de hecho, los insultos entre Trump y sus rivales han sido tóxicos. El senador republicano Lindsey Graham dijo el jueves que “la única manera en la que podremos perder esta elección es si seguimos diciendo cosas como las que dice Donald Trump”.

“Creo que es un accidente de autos político que la gente frena para ver”, dijo a Graham a MSNBC.

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Los periodistas de The Associated Press Calvin Woodward y Alicia A. Caldwell colaboraron desde Washington.