Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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EEUU y Cuba festejan primero, cruzan duras palabras después

El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, camina en la "Finca Vijia", donde vivió el fallecido escritor estadounidense Ernest Hemingway y que ahora es un museo, en San Francisco de Paula, al este de La Habana, en Cuba, el viernes 14 de agosto de 2015. Kerry asistió antes a la ceremonia de reapertura de la embajada estadounidense, tras medio siglo de relaciones a menudo hostiles entre ambos países. (AP Foto/Ismael Francisco, Cubadebate)

LA HABANA (AP) — La festiva ceremonia de izamiento de bandera en la reabierta embajada estadounidense en La Habana se vio seguida de palabras más serias con vistas a mejorar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.


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El secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, se reunió el viernes por la tarde con disidentes cubanos y dijo que la isla no verá el fin del detestado embargo estadounidense a menos que el gobierno cubano haga progresos en derechos humanos, para cerrar una jornada que comenzó con el izamiento de la bandera de barras y estrellas ante la embajada.

Los negociadores cubanos y estadounidenses tienen previsto reunirse en La Habana a principios de septiembre para comenzar las conversaciones sobre normalización de los lazos entre los dos países, lo que abarca desde seguridad marítima al embargo o derechos humanos, dijo Kerry a la prensa.

Las negociaciones seguirán tres vías, explicó. La primera abarcará campos en los que se esperan avances rápidos, como la cooperación en cuestiones navales, cambio climático y medio ambiente. La segunda incluirá temas más complejos como el establecimiento de vuelos directos y acuerdos de telecomunicaciones entre ambos países. La última tratará los problemas más espinosos, como el embargo, derechos humanos y las reclamaciones cruzadas de extradición de fugitivos.

“No hay forma de que el Congreso levante el embargo si no hacemos avances en cuestiones de conciencia”, afirmó.

Kerry comenzó el día pidiendo un cambio democrático en la isla en un discurso que fue televisado en todo el país. “Seguimos creyendo que la gente de Cuba estaría mejor en una auténtica democracia, donde las personas sean libres de elegir a sus líderes, expresar sus ideas, practicar su fe”, dijo.

Cientos de cubanos se mezclaron con turistas estadounidenses ante la antigua Sección de Intereses de Estados Unidos, ahora rebautizada con un cartel con las palabras “Embajada de los Estados Unidos de América”. Los asistentes vitorearon mientras Kerry hablaba, el Quinteto de Metal del Ejército estadounidense interpretó “The Star-Spangled Banner” y los marines de Estados Unidos izaron la bandera ante el edificio, situado ante el famoso Malecón de La Habana.

Tras la ceremonia, el ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, atendió a la prensa con Kerry y comenzó su intervención denunciando violaciones a los derechos humanos en Estados Unidos, aludiendo a la muerte de afro-estadounidenses por disparos de la policía o a los malos tratos a los prisioneros en la bahía de Guantánamo de Cuba, donde Estados Unidos mantiene una base naval que La Habana reclama.

Cuba, afirmó Rodríguez, es un lugar sin discriminación racial brutalidad policial o muertes derivadas de esos problemas. El ministro señaló que el territorio donde hay torturas y personas detenidas en un limbo legal no está bajo la jurisdicción cubana, en referencia a la prisión en Guantánamo.

Muchos cubanos discrepan con esa opinión, incluidos afro-cubanos que afirman que la discriminación sigue siendo rampante pese al ideario igualitario de la revolución. Los grupos de derechos humanos afirman que las autoridades emplean de forma habitual detenciones temporales y palizas a críticos con el gobierno para intimidar a los disidentes.

También el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, pidió cambios en Cuba cuando anunció la nueva política estadounidense sobre la isla el pasado diciembre, aunque sus palabras fueron menos agresivas que las de Kerry el viernes.

Cuba reabrió oficialmente su embajada en Washington el mes pasado. Estados Unidos ondeó también entonces su bandera en La Habana, aunque se reservó la ceremonia formal para la visita de Kerry. Tres infantes de marina que bajaron la bandera en la embajada estadounidense en La Habana en 1961 entregaron la nueva a los marines que la izaron el viernes.

Kerry fue el primer secretario de Estado en visitar Cuba desde 1945, y su discurso fue llamativo por su franqueza y la difusión que recibió en el país caribeño.

Muchos cubanos elogiaron las peticiones de Kerry de reformas, por ejemplo de un mayor acceso a la tecnología en una isla que tiene uno de los índices de penetración de internet más bajos del mundo. Y acompañaron sus elogios con peticiones de que Estados Unidos levante el embargo impuesto hace 53 años y facilite el viaje entre los dos países.

Julio García, mecánico de 51 años dijo que le gustaría ver “más democracia, elecciones. Esperamos que esto venga con esta apertura diplomática”.

Como Obama, Kerry dijo que la vieja estrategia estadounidense, intentar aislar a Cuba y provocar un cambio de régimen asfixiando el comercio y fomentando la agitación de bases, ha fracasado.

El diplomático señaló que sería poco realista esperar que normalizar las relaciones tuviera un efecto transformador a corto plazo. “Corresponde a los cubanos forjar el futuro de Cuba”, añadió.

Kerry dio un breve paseo por la plaza histórica de San Francisco con el historiador Eusebio Leal, y se detuvo a mirar las tiendas y saludar a vecinos y comerciantes, antes de asistir al alzamiento de bandera en la residencia del responsable de la embajada.

Allí se dirigió a un grupo de diplomáticos, cubanoamericanos y defensores de mejorar las relaciones con Cuba. Al acto también acudieron disidentes como José Daniel Ferrer, Miriam Leiva y Yoani Sánchez, que tuiteó una foto con Kerry y otra del secretario de Estado en una reunión privada con un grupo de disidentes

Los disidentes no fueron invitados a la ceremonia en la embajada para evitar fricciones con las autoridades cubanas, que suelen boicotear actos a los que asiste la pequeña oposición política del país.

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