Ecuador. Jueves 8 de diciembre de 2016
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Infringir el ramadán en público está penado con cárcel en varios países

Ramadán en Arabia Saudita.

Varios países árabes y de Asia castigan con la cárcel, y en algunos casos con latigazos, a quienes se atreven a infringir en público el ayuno en Ramadán e incorporan en sus legislaciones delitos específicos de ruptura pública del ayuno.

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El ramadán, uno de los cinco pilares del islam, prohíbe a cada musulmán comer, beber, fumar o tener relaciones sexuales en las horas del día entre el alba y el ocaso, pero la traducción legal y la presión social varían mucho de un país a otro, dentro de los países total o mayoritariamente musulmanes.

La infracción pública del ayuno es delito como tal en Arabia Saudí, Bahrein, Pakistán, Afganistán, Irán, Malasia, Brunei, Marruecos y algún estado de Indonesia; aunque en la realidad las leyes se aplican con gran discrecionalidad.

En el extremo más rigorista, está el país cuna del islam, Arabia Saudí: allí, el infractor se enfrenta a la flagelación y la cárcel, siendo el número de latigazos y el tiempo de prisión potestad del juez; para los extranjeros (que tampoco deben comer o beber en público), la pena es el destierro.

En Afganistán, quien sea visto a plena luz del día comiendo o fumando recibirá entre 39 y 80 latigazos; si reincide, irá a la cárcel tanto tiempo como decida el juez.

La ley en Irán contempla una gradualidad en el castigo según sea el grado de “provocación” del infractor: puede ser una simple amonestación en una comisaría, una multa, unos días en prisión y, en el supuesto más severo, una tanda de latigazos.

Sin embargo, la sociedad iraní, contrariamente a los tópicos, es más tolerante que sus leyes y es relativamente corriente ver a obreros bebiendo y tomando agua discretamente en un rincón; al mismo tiempo, los certificados médicos que eximen a un creyente del ayuno son moneda corriente.

Pakistán, un estado que aplica cada vez más restricciones religiosas, introdujo en 1981 un castigo de entre uno a tres meses de cárcel para quien no respete la abstinencia diurna.

En el Sultanato de Brunei, la ruptura del ayuno en pleno día puede acarrear penas de hasta 4.000 dólares y un año de cárcel, mientras que en la vecina Malasia la pena es de seis meses de cárcel, y el doble para un reincidente.

El país del mundo con mayor población musulmana, Indonesia, no tiene castigos a nivel estatal dada la importancia de las comunidades no musulmanas, pero la provincia de Aceh, donde oficialmente rige la “sharia” o ley islámica, se aplican latigazos a los pecadores.

En el mundo árabe, y fuera de Arabia Saudí, solamente Bahrein, Jordania y Marruecos castigan la no observancia del ayuno: en Jordania la pena máxima es un mes de cárcel y una multa de 40 dólares; en Bahrein, el tiempo de cárcel depende del juez, y en Marruecos la pena es de uno a seis meses de cárcel.

La ley en Marruecos (artículo 222 del Código Penal) es lo bastante vaga como para permitir un alto grado de interpretación: castiga a “todo individuo notoriamente conocido por su pertenencia al islam que rompa ostensiblemente el ayuno en un lugar público durante el ramadán”.

La “notoriedad” y la “ostentación” quedan, como es evidente, abiertos a la opinión de la policía y del juez, pero la realidad es que en Marruecos la policía practica una especie de “exceso de celo” que lleva a los agentes a detener a jóvenes que se esconden bajo un árbol o dentro de un coche para fumar un cigarro o beber un sorbo de agua.

En la vecina Argelia, no hay artículos específicos que impongan por ley el ayuno, pero también aquí los poderes públicos han mostrado en los últimos años un alto grado de discrecionalidad al perseguir a los infractores utilizando otros artículos del código penal, concretamente los que castigan “la perturbación del orden público” y “la denigración de los principios del islam”.

En Argelia, solo la región bereber de la Cabilia, con reputación de rebelde, ha visto en los últimos años movimientos de infracción pública y grupal del ayuno, sin aparentes consecuencias, pero en Marruecos, una acción similar programada en 2009 terminó con todos sus impulsores en la cárcel, en medio de una gran condena social.

En todo el mundo musulmán, el debate sobre la obligatoriedad legal del ayuno se da en muy pocos países, y es animado por minorías laicas sin gran peso en el debate público o político.

En cuanto a la tolerancia social con los infractores, más difícil de medir, es sabido que incluso en países con unas sociedades muy conservadoras, como Egipto o Irak, existen lugares donde una persona puede comer al mediodía sin ser molestado; en el otro extremo está Marruecos, donde lo normal es que un camarero se niegue a servir comida a un musulmán. EFE (I)

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