Ecuador. lunes 20 de noviembre de 2017
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Separatistas postsoviéticos ansiosos por posible secesión catalana

Banderas de España, Cataluña y la Unión Europea. (PATRICK HERTZOG/AFP/Getty Images)

Moscú (EFE).- Los separatistas postsoviéticos -las georgianas Abjasia y Osetia del Sur, la moldava Transnistria y el enclave de Nagorno Karabaj- se frotan las manos ante una posible secesión catalana, como ya ocurriera con la anexión rusa de Crimea.


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“Nosotros tenemos varias Cataluñas y aún tendremos que resolver y resolver (estos problemas). Debemos conocer nuestra historia y debemos sacar conclusiones”, dijo recientemente Mijaíl Gorbachov, expresidente soviético, al presentar su libro de memorias.

Gorbachov sabe de lo que habla, ya que vivió en primera persona la traumática desintegración de la URSS y el estallido de conflictos étnicos que acabarían lastrando a varias de las nuevas repúblicas independientes.

Además, las regiones prorrusas del este de Ucrania, Donetsk y Lugansk, no renuncian a sus aspiraciones secesionistas, y los analistas no ven ni mucho menos cerrado el problema chechén o sofocadas las ansias nacionalistas en Tatarstán.

Los separatistas postsoviéticos ven el conflicto catalán como una oportunidad, como ya ocurriera en marzo de 2014 tras la reunificación rusa con Crimea, aunque entonces sus esperanzas se vieron frustradas.

Y es que Rusia, que tuvo un papel fundamental en todos esos movimientos secesionistas, no quiso verse implicado en nuevos contenciosos diplomáticos, habida cuenta la airada reacción occidental a su injerencia en Ucrania.

Osetia del Sur incluso anunció entonces la convocatoria de un referéndum para unirse a la Federación Rusa, pero el Kremlin le hizo entender que no era el momento, y la consulta se redujo a cambiar el nombre de la autoproclamada república.

Ahora, con la declaración unilateral de independencia del Parlamento catalán los separatistas georgianos han visto una nueva vía de legitimar su secesión de Georgia, únicamente reconocida por Rusia, Venezuela, Nicaragua y Nauru.

A finales de septiembre Osetia del Sur aseguró que el referéndum convocado por el Gobierno autonómico catalán era, “sin lugar a dudas, un asunto interno del Estado” español, aunque llamaba a la comunidad internacional a evitar una “escalada de la tensión”.

El tono cambió tras la declaración de independencia, ya que el ministro de Exteriores, Dmitri Medóev, aseguró a medios rusos que “los dirigentes de Osetia del Sur estudiarán el asunto del reconocimiento de la independencia de Cataluña si reciben la correspondiente solicitud”.

El diplomático subrayó que “nadie tiene derecho a negar a los habitantes de Cataluña la aspiración a tener su propio Estado”.

“El referéndum es la máxima forma de expresión de la voluntad popular”, agregó.

Medóev recordó que acaba de regresar precisamente de Cataluña, donde abrió esta semana una oficina de representación suroseta, como había hecho antes en otros países europeos.

La otra república separatista georgiana, Abjasia, que cuenta con representante en Barcelona, también se mostró dispuesta a reconocer la independencia catalana.

Precisamente, España siempre ha mantenido una postura clara con respecto al separatismo postsoviético al defender la integridad territorial georgiana, al igual que ocurrió más recientemente con Crimea y el Donbass.

De hecho, el presidente georgiano, Gueorguii Margvelashvili, envió el mismo viernes un mensaje al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y al rey Felipe VI en la que expresaba su apoyo a la soberanía española.

La nota subrayaba que “el peligro del separatismo es algo bien conocido para Georgia”, en alusión a las autoproclamadas repúblicas de Abjasia y Osetia del Sur.

Mientras, la postura rusa contrasta por su tibiedad en comparación con la adoptada por las principales potencias mundiales, que condenaron al unísono el viernes la declaración de independencia.

El Kremlin mantiene desde entonces un escrupuloso silencio y sólo la portavoz de la Cancillería subrayó que la posición rusa permanece invariable, es decir, que es un asunto interno de España y que espera que se resuelva en el marco de la legislación nacional.

El discurso oficial no ha variado, aunque las declaraciones políticas de las últimas semanas si han añadido matices a la postura inicial, a lo que se suma que Moscú ha obviado repetidamente que España nunca ha reconocido la independencia de Kosovo.

El presidente ruso, Vladímir Putin, criticó el “doble rasero” de los países occidentales por apoyar en su día la “desintegración ” de otros Estados, y recordó que la secesión de Kosovo abrió la “caja de pandora” de los separatismos.

“Resulta que para algunos de nuestros colegas hay luchadores buenos por la libertad y hay separatistas que no pueden defender sus derechos ni con la ayuda de mecanismos democráticos”, afirmó. EFE (I)

io/vh/ah