Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Mejorar la profesión

Por Eduardo Varas

Se habla de medios. No importan la perspectiva ni el punto de fuga. Lo único que interesa es cómo ellos son el enemigo o cómo representan la defensa de un valor absoluto e incontrastable, que hoy se comprende como lo que sea: libertad de expresión. Nunca se ha dicho tanto sobre lo mediático en este país. Nunca se ha hablado muchas cosas y no se ha llegado a ningún sitio. En el fondo, nos hemos obsesionado con ideas que nos etiqueten y no somos capaces de hacer del ejercicio de la duda una posibilidad más para la convivencia.

Por Eduardo Varas


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Se habla de medios. No importan la perspectiva ni el punto de fuga. Lo único que interesa es cómo ellos son el enemigo o cómo representan la defensa de un valor absoluto e incontrastable, que hoy se comprende como lo que sea: libertad de expresión. Nunca se ha dicho tanto sobre lo mediático en este país. Nunca se ha hablado muchas cosas y no se ha llegado a ningún sitio. En el fondo, nos hemos obsesionado con ideas que nos etiqueten y no somos capaces de hacer del ejercicio de la duda una posibilidad más para la convivencia. Ejercicio uno: ¿y si en realidad los medios son el enemigo? Ejercicio dos: ¿y si los medios sí son un aporte para mantener una democracia crítica y los ojos abiertos para evitar que los gobiernos de turno se burlen de nosotros? Se trata de preguntar y descubrir nuevos caminos para circular.

Es un momento extraño para generar conciencia sobre el periodismo y sus practicantes: esos seres que, por un lado, son los asalariados-víctimas de los ogros que pagan sus sueldos y, por otro, los profesionales que hacen muy poco para replantear el oficio o darle un espacio más a la creatividad como germen de comunicación. Días extraños, si tomamos en cuenta que se confunde conciencia, reflexión y ética con la creación de una ley y un ente regulador, que en circunstancias normales tendría una función clara para que la comunicación masiva en un país se moviera en parámetros claros de acción. Pero cuando se asume que una ley y un ente regulador van a mejorar a los medios “porque sí”, estamos en serios problemas de definición.

La normativa y la justicia son los mecanismos del Estado para imponer entre los ciudadanos el orden necesario. Cuando creemos que el correcto funcionamiento de los medios está SOLO en la relación directa entre “orden necesario” y comunicación social, no sé hacia dónde nos dirigimos.

La práctica del periodismo dentro de una empresa de comunicación exige lo mismo que requiere todo tipo de periodismo: diálogo. Si se entiende que la base de este oficio es aceptar órdenes y cumplirlas porque el jefe decide, realmente no buscamos comprenderlo ni ejercerlo de mejor manera. Es en el diálogo donde la comunicación social tiene su fuerte; en ese intercambio de ideas que dentro de las paredes de un medio va a generar posturas claras, opiniones firmes y una práctica con altura. Lastimosamente, muchos asumen que el camino se encuentra en la corrección enérgica del padre que le ordena a su hijo pequeño que no meta los dedos en el tomacorriente. La misma conciencia de siempre, esa que no regula sino que ordena. Miradas de gobierno que no dejan de ser representaciones puras de la angosta mentalidad ecuatoriana.

La transformación viene desde adentro, desde los mecanismos que se construyen dialogando, con la comprensión de que el control que quiera ejercer un Estado está de más y es burdo si no establece espacios de educación y análisis en la misma comunidad, para convertirnos en mejores consumidores de información. La época lo pide, la actualidad tecnológica nos lleva por ese lado. Porque asumir que todo será paz y alegría al prohibir en medios términos discriminatorios, porque un informe aprobado de la Ley de Comunicación delimita su uso, es caer en el error más grande: la disriminación, por ejemplo, se la combate reconociéndola y desbaratándola en el propio terreno de la acción discursiva. Con su negación solo nos quedamos a oscuras; así como una enfermedad sin síntomas, que termina siendo peor a la larga. Solo sirven la exposición y el conocimiento, tal como el gran Elías Canetti lo escribió en su novela “Auto de fe”: “En cuanto se llama a las cosas por su verdadero nombre, pierden su poderoso hechizo”. Una ley es orden; sin embargo, una ley no es única respuesta.

2 Comentarios el Mejorar la profesión

  1. Realmente creo que las nuevas técnitas informáticas, como esta del internet, y en particular en este caso, el espacio de opinión para el público a través del diario digital la República; si permiten una auténtica LIBERTAD DE EXPRESIÓN CIUDADANA. Esta es una fuente primaria, directamente del público, que es casi siempre el mas acertado al dar su opinión, ya que en el día a día percibe lo que está pasando en el país de forma mucho mas clara que los políticos, e incluso muchos periodistas.
    En mi opinión, si se percibe ahora en el país, un clima de intolerancia y autoritarismo en contra de la libertad de expresión, por parte del gobierno.La alarma de lo que nos está pasando, viene del exterior; como ejemplos, el Washington Post, El Tiempo de Colombia, El Correo de Lima, e incluso organismos internacionales de Derechos Humanos.
    Es un feo estigma, que se nos compare en materia de represión de la libertad de expresión, con países como Cuba y Venezuela.

  2. Realmente creo que las nuevas técnitas informáticas, como esta del internet, y en particular en este caso, el espacio de opinión para el público a través del diario digital la República; si permiten una auténtica LIBERTAD DE EXPRESIÓN CIUDADANA. Esta es una fuente primaria, directamente del público, que es casi siempre el mas acertado al dar su opinión, ya que en el día a día percibe lo que está pasando en el país de forma mucho mas clara que los políticos, e incluso muchos periodistas.
    En mi opinión, si se percibe ahora en el país, un clima de intolerancia y autoritarismo en contra de la libertad de expresión, por parte del gobierno.La alarma de lo que nos está pasando, viene del exterior; como ejemplos, el Washington Post, El Tiempo de Colombia, El Correo de Lima, e incluso organismos internacionales de Derechos Humanos.
    Es un feo estigma, que se nos compare en materia de represión de la libertad de expresión, con países como Cuba y Venezuela.

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