Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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¿Hundió Macri a Cristina Fernández?

Por Martín Santiváñez Vivanco
@viejoreino

Está acostumbrado a ganar. Mauricio Macri lo ha sido todo en el universo de la empresa y en el oscuro y difícil mundo del fútbol argentino, auténticas universidades del poder real. Por eso, esta victoria que le arranca al kirchnerismo, aplastando al senador Daniel Filmus, ex Ministro de Educación de Néstor Kirchner, sólo puede interpretarse como lo que en verdad es, un nuevo paso de Macri hacia su gran objetivo, la Casa Rosada.

Por Martín Santiváñez Vivanco
@viejoreino


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Está acostumbrado a ganar. Mauricio Macri lo ha sido todo en el universo de la empresa y en el oscuro y difícil mundo del fútbol argentino, auténticas universidades del poder real. Por eso, esta victoria que le arranca al kirchnerismo, aplastando al senador Daniel Filmus, ex Ministro de Educación de Néstor Kirchner, sólo puede interpretarse como lo que en verdad es, un nuevo paso de Macri hacia su gran objetivo, la Casa Rosada.

El 2015 Macri tentará la presidencia. Consciente de sus fuerzas, esta vez ha declinado medirse con Cristina Kirchner porque sabe que una oposición fragmentada y cainita poco tiene que hacer ante la maquinaria presidencial.

Macri, conocedor de sus recursos y apoyos, en las elecciones de octubre sostendrá al candidato que enfrente en mejores condiciones a la presidenta —siempre apostando por el caballo ganador— sin comprometer su independencia.

Si algo caracteriza a Macri es su posibilismo, un rasgo que le ha permitido sobrevivir y fortalecerse en la dura palestra de la política argentina. Esta no es una victoria aislada, fruto del inasible carácter porteño o de la intuición coyuntural de un candidato aconsejado por un brillante asesor ecuatoriano como es Jaime Durán Barba.

El líder de PRO, desde hace tiempo, despliega una estrategia nacional. La primera derrota del oficialismo tuvo a Macri como protagonista. La segunda, la humillante debacle del peronismo en Santa Fe, también contó con la intervención de PRO.

Este domingo se votará en Córdoba, la segunda plaza fuerte del país, y la disputa se librará entre un radical, un peronista y un aliado del socialismo. Macri sonríe mientras teje redes provinciales, reforzándose con cada derrota de la presidenta, una líder que contempla cómo se difumina en el espacio el mito de su invulnerabilidad.

Tradiciones políticas

Esta elección ha reflejado las tradiciones políticas que los candidatos encarnan. Por un lado está Macri, un liberal que suma aliados y no duda en apelar a un populismo de derecha, fichando a un actor cómico como el “Midachi” Miguel del Sel con tal de acumular poder. Franquicia su estilo.

En el otro extremo, Cristina Kirchner, una caudillista autoritaria que ha mandado al sacrificio a Filmus sin que le tiemble el pulso. Es más, desplegando dos estrategias distintas en Santa Fe y Buenos Aires, el kirchnerismo apostó por todo el repertorio con idéntico resultado.

Por un lado, Agustín Rossi, pese a su híper cristianismo y a su cercanía con la Presidenta, fue apabullado sin misericordia. Y cuando Daniel Filmus fue expulsado del Olimpo de Palacio para evitar que la derrota salpique a la “jefa”, la hecatombe porteña ya era inevitable.

El peronismo, incorregible según Borges, se mantiene unido en torno a Cristina. Pero los cuadros del partido no dudarán en desbancarla y arrastrar su cadáver político por el campo y la ciudad si pierde la reelección.

El kirchnerismo es una más de las múltiples herejías de la asamblea peronista, religión cuya liturgia contempla, de cuando en cuando, sendos sacrificios humanos. Filmus y Rossi son los últimos de la lista. Cristina, tarde o temprano, caerá.

Decadencia del kirchnerismo

Aislada en el boato del poder, cerrada a las críticas y sin capacidad de recular ante los errores, cada día aumenta la lista de disidentes que conspiran contra su política y reniegan de su estilo. Por ahora, sin embargo, su liderazgo, aunque más discutido que antes, se mantiene en pie. Pero aunque renueve la presidencia, la decadencia del kirchnerismo no tardará en apoderarse de un país caracterizado por la volatilidad de sus afectos y la poca intensidad de sus odios.

Mientras tanto, Macri se consolida. Ha vencido mejorando el resultado de su primera victoria, hace cuatro años, con más de treinta puntos de ventaja sobre su contendor. Y aunque disponga de sólo 26 de los 60 escaños, gobernará Buenos Aires controlando a la oposición y pactando con Coalición Cívica.

Las sucesivas derrotas del Frente para la Victoria (FPV) influirán en las elecciones primarias que se celebrarán el 14 de agosto, obligatorias para todos los partidos y promovidas por la propia Presidenta. No olvidemos que los hombres que han sido derrotados fueron apuestas personales de Cristina. Son cadáveres de su estrategia electoral.

Filmus tuvo que pelear no sólo contra Macri, también con el radicalismo verbal de Fito Páez —“da asco la mitad de Buenos Aires”— las críticas de los intelectuales oficialistas y el abandono de sus compañeros de partido, empezando por la propia Presidenta.

Ganará Cristina

Pese a todo, es muy probable que Cristina Kirchner gane las elecciones presidenciales en octubre y aunque la victoria de Macri afecta a su régimen, no lo aniquila ni hiere de muerte a la Presidenta.

Las encuestas, el espejito en el que se contempla Cristina día a día, le son favorables y aunque ella y sus acólitos culpen a la prensa de las últimas derrotas, lo cierto es que en lo personal mantiene un gran respaldo popular fruto del asistencialismo y la poderosa mafia de medios de comunicación subvencionados por el gobierno que apoyan sin cesar los dichos y hechos de la nueva reina peronista.

Macri tiene que esperar. No ha destruido a la Presidenta pero si la oposición pierde las próximas generales él será la esperanza visible del antiperonismo. Mientras tanto, puede optar por convertirse en el gran concertador de una alianza de oposición en torno a un solo candidato (Duhalde, Alfonsín, etc.) sin dejar de fortalecer el PRO con miras a la gran confrontación.

Lo otro, el pactar con el gobierno, es un suicidio político. Ojalá que en ese lapso Madame Kirchner no continúe pisoteando el Estado de derecho, ni quiebre al país, por el bien de Argentina y el de toda la región.

Este texto de Martín Santiváñez Vivanco ha sido reproducido de elmundo.es