Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Implosión

Por Pablo Noboa Baquerizo

Es el método que se piensa utilizar para demoler el edificio del MAGAP en Guayaquil y parece ser el mismo método que se está utilizando para afectar a la agricultura en su conjunto. La sombra que hasta hoy produce este edificio es lo último que nos queda de la época de oro agrícola en el país, donde según las declaraciones del Presidente, en Radio Canela, existen “áreas donde falta todo por hacer, que todavía no hemos consolidado: el sector agrícola”.
Tendríamos que precisar: no es que no se haya invertido en este campo, sólo que el dinero no lo soluciona todo. Hemos pasado por cinco ministros en esta administración y aún no se logra encontrar el rumbo.

Por Pablo Noboa Baquerizo


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Es el método que se piensa utilizar para demoler el edificio del MAGAP en Guayaquil y parece ser el mismo método que se está utilizando para afectar a la agricultura en su conjunto. La sombra que hasta hoy produce este edificio es lo último que nos queda de la época de oro agrícola en el país, donde según las declaraciones del Presidente, en Radio Canela, existen “áreas donde falta todo por hacer, que todavía no hemos consolidado: el sector agrícola”.

Tendríamos que precisar: no es que no se haya invertido en este campo, sólo que el dinero no lo soluciona todo. Hemos pasado por cinco ministros en esta administración y aún no se logra encontrar el rumbo.

En el área bananera se prohibieron las nuevas siembras desde finales de los años noventa. Ahora, por el contrario, éstas se aprueban y se han inscrito cientos de hectáreas; éstas obviamente aumentan la oferta y presionan los precios a la baja sobretodo en los veranos. De esta manera el gobierno se vuelve en parte responsable por la crisis y como salida se le ocurre la compra de racimos a $2. Sin embargo el precio oficial de la caja se mantiene a $5,50 y el exportador que no lo cumple puede afrontar el cierre de su negocio.

Se obliga al productor a firmar contratos con las exportadoras, sin embargo el subsidio de la compra de racimos es sólo para los que no tienen contrato. Mientras que los productores medianos y grandes pagan sus impuestos, reciben auditorías de parte del Ministerio del Trabajo y del Seguro Social. Cuando los precios bajan se les pide dejar de exportar el 50% de su volumen,  sin embargo los subsidios no son para ellos, no importa si el financiamiento de éstos se lograron con la tasa que cobró Corpecuador a todos los productores.

Si estas políticas se mantienen, ¿será conveniente formalizarse?

De instituciones como el Programa Nacional del Banano, como del edificio, sólo nos queda la sombra de lo que algún día fueron. Se administra el sector con un romanticismo pueril que fácilmente cae en manos de oportunistas. En la vida enfrentamos muchas veces situaciones tragicómicas pero en el MAGAP las vemos casi a diario. Es hora de preocuparse por políticas de fondo, si el banano va a formar parte del desayuno escolar, que se contraten maduradoras y una red de distribución para llegar a los niños con alimentos de calidad.

Es escandaloso que con el “sobrante” del subsidio se vayan a contratar fumigaciones para unos pocos. O será que la nube de desechos que generará la tan comentada implosión logrará tapar tanto desacierto.

Los agricultores ponemos siempre los ojos en la naturaleza. Esperemos que el próximo invierno lave los rezagos de la implosión… que lave también estas políticas improvisadas es mucho pedir.