Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Las elecciones en España o la deriva de la democracia

Por Andrés López Rivera

Independientemente de los (previsibles) resultados de las elecciones generales del pasado domingo (20-N) en España, cabe recalcar que la “expresión democrática” en las urnas es sintomática de la deriva de las democracias occidentales modernas. En efecto, al despojarse de las evidencias, uno cae en seguida en cuenta de que la contienda política del 20-N no oponía el Partido Socialista Obrero Español al Partido Popular, sino más bien la clase dirigente a los indignados.

Por Andrés López Rivera


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Independientemente de los (previsibles) resultados de las elecciones generales del pasado domingo (20-N) en España, cabe recalcar que la “expresión democrática” en las urnas es sintomática de la deriva de las democracias occidentales modernas. En efecto, al despojarse de las evidencias, uno cae en seguida en cuenta de que la contienda política del 20-N no oponía el Partido Socialista Obrero Español al Partido Popular, sino más bien la clase dirigente a los indignados.

Inmersos en el juego de las apariencias, ambos partidos se hacían eco del movimiento de los “indignados”, también conocidos como el “15-M”. “Nos han dado un toque de atención porque no estábamos resolviendo sus problemas”, admitían desde el PP. “Es un movimiento cívico extraordinario”, se declaraba en el PSOE. Los discursos simulados brillan por su ausencia en el contenido de sus respectivas propuestas. Y es que, al fin y al cabo (no hace falta referirse a Nostradamus para predecirlo) el imperativo categórico de “adoptar medidas de austeridad” se presentará como la única opción para enfrentar la crisis. No queda de otra. Las directivas de la gobernanza mundial deben ser seguidas al pie de la letra. Las exigencias impuestas por el mercado financiero y la Unión Europea son inexcusables. De ahí que los políticos aparezcan como marionetas del poder económico/financiero. Así, en Vigo por ejemplo, el debate electoral entre Rajoy y Rubalcaba ha sido parodiado con dos personajes de Plaza Sésamo: Epi y Blas.

Las urnas nunca dieron una perspectiva de emancipación. Los indignados lo ponían de esta manera: el voto válido “sobrerrepresenta a los partidos mayoritarios” y el voto en blanco “entorpece a los partidos pequeños”, no quedan sino el “voto protesta” (voto blanco y nulo) y la abstención que, dicho sea de paso, han incrementado de un 0,61% y 3% respectivamente. En este sentido, el abstencionismo no debe ser interpretado como desinterés o indiferencia, sino más bien como una sanción, un signo de reproche a  unas elecciones que Sartre hubiese calificado de “trampa para bobos”. Incapaces de encauzar la indignación, los partidos mayoritarios han llevado a cabo las elecciones al margen del movimiento 15-M. El hecho es tanto más inquietante cuanto que los indignados, lejos de ser un movimiento de “extrema izquierda marginal antisistema” como decía José María Aznar en Ecuador antes de recibir su doctorado honoris causa, es un movimiento que goza de la simpatía de la gran mayoría de los ciudadanos españoles (73% según un encuesta realizada por Metroscopia). El 15-M encarna así la acción directa y el 20-N la participación política “legítima”.

Mariano Rajoy viene entonces a unirse, por medio de dicha participación, a las nuevas figuras políticas encargadas de enfrentar la crisis en Europa: Lucas Papademos, en Grecia, y Mario Monti, en Italia. “Líderes” cuya vocación es la de no interrumpir la inercia política en la que se encuentran sumidas las democracias de sus respectivos países bajo los imperativos del mercado financiero y la Unión Europea. El hecho marca el retorno de los “escrupulosos tecnócratas”. Basta con recordar que Monti fue “international advisor” de Goldman Sachs y Papademos, jefe del Banco Central de Grecia. Responsables, todos, de la deriva economicista de la democracia y su eterna búsqueda de rentabilidad, eficacia y productividad. Responsables en fin, del advenimiento de “la democracia contra sí misma”, según Marcel Gauchet.

Es así que la deriva de la democracia occidental converge con la consolidación de los autoritarismos en los “países del Sur” (salvo excepción de la incierta “primavera árabe”). Ahmet Insel se cuestiona: ¿La época posmoderna podría ser acaso la de la post-democracia? Una época abismal, vaticinada por Javier Pradera, fallecido el mismísimo 20-N: “La capacidad del mundo de avanzar hacia el abismo y sumergirse en sus honduras parece marchar en contra de las posibilidades racionales; sin embargo, hace un siglo sucedió algo muy parecido”. En paz descanse.

5 Comentarios el Las elecciones en España o la deriva de la democracia

  1. no entiendo: el voto en blanco no sirver porque entorpece a los partidos pequeños o, por el contrario, es una de las 2 alternativas q quedan, como parte de “voto protesta”?
    Y fue el nulo el que creción 0.61%? Y el abstencionismo el 3%? Cuáles son los “respectivamente”?

  2. Vamos a morir cienes de veces, Mariano recorta si o si, ya tenemos a los tecnócratas del BCE y FMI dando órdenes de los recortes en sanidad, educación,etc.

    España ha tenido suerte por lo menos de seguir con un gobierno autónomo, Grecia e Italia cayeron en manos de los tecnócratas (el resultado será parecido), no existe esperanza en este país, la gente está resignada a que habrá 3 o 4 años durísimos y 4 o 5 de lenta recuperación.

    Lo más triste de la situación española es que la deuda que tiene es gracias al sector privado, los bancos piden rescates al estado y este cede…

  3. Hasta que se dieron cuenta que el Socialismo, no importa
    de cual siglo, no es el camino. La pregunta es. El pueblo ecuatoriano deberá
    llegar a ese límite para darse cuenta?

  4. Hasta que se dieron cuenta que el Socialismo, no importa
    de cual siglo, no es el camino. La pregunta es. El pueblo ecuatoriano deberá
    llegar a ese límite para darse cuenta?

Los comentarios están cerrados.