Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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Siria…, ¿el siguiente?

Por Joaquín Hernández Alvarado
Guayaquil, Ecuador

“Durante muchos decenios, en Iraq y en Siria, Saddam Hussein y Hafez al Assad -y después su hijo Bachar- han ejercido un poder absoluto. Han reprimido todas las formas de oposición y hecho callar las voces disidentes en el seno mismo del Régimen, volviendo imposible todo debate real sobre decisiones estratégicas. Incensados por medios de comunicación a sueldo, los tiranos se enceguecen tanto sobre su popularidad como sobre las realidades internacionales complejas, lo que les conduce a tomar decisiones desastrosas”.

Por Joaquín Hernández Alvarado
Guayaquil, Ecuador


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“Durante muchos decenios, en Iraq y en Siria, Saddam Hussein y Hafez al Assad -y después su hijo Bachar- han ejercido un poder absoluto. Han reprimido todas las formas de oposición y hecho callar las voces disidentes en el seno mismo del Régimen, volviendo imposible todo debate real sobre decisiones estratégicas. Incensados por medios de comunicación a sueldo, los tiranos se enceguecen tanto sobre su popularidad como sobre las realidades internacionales complejas, lo que les conduce a tomar decisiones desastrosas”.

Este análisis de Joseph Sassoon en su artículo “Cómo los tiranos toman decisiones”, en la edición francesa de febrero 2012 de Le Monde Diplomatique, tiene especial resonancia en momentos en los que los combates contra el régimen de Bachar al Asad se producen en los suburbios de Damasco sin que la fuerza militar del Régimen haya podido hasta el momento imponer su superioridad militar a los insurrectos desde que la insurrección comenzó hace casi un año en la ciudad de Daraa y los observadores y analistas internacionales daban por descontado la derrota de los insurrectos en los primeros meses del enfrentamiento.

Siria vive en una encrucijada. Dos dimensiones definen su crisis, según el análisis de Alain Gresch en el número de enero de 2012 de la edición francesa de Le Monde Diplomatique: “la lucha de su pueblo por la democracia y la libertad y la voluntad de tumbar a un Régimen aliado a Irán en los momentos en que los Estados Unidos, la Unión Europea e Israel conducen una ofensiva mayor contra la república islámica”.

En el complejo dominó de la región hay además dos potencias regionales en que miden sus fuerzas en Siria: Irán por una parte, que perdería a uno de pocos aliados más importantes si el Régimen de Bachar al Asad cae, y Arabia Saudita por otra parte, que desea aislar a Irán. Siria es un país predominantemente sunita, en el que las minorías que apoyan al Régimen son alauí y cristiana.

¿Se puede apoyar al Régimen sirio sin respaldar su tiranía y sus medidas represivas? Gresch, analista de un medio de comunicación autodefinido independiente y alineado con lo que se denomina tendencia de izquierda y, por tanto, no sospechoso de herejía ni de “contaminación occidental”, anota: “la represión sangrienta con sus centenares de muertos y el uso de la tortura” desencadenados por el actual Gobierno de Bachar. Por su parte, la oposición, conformada por el Consejo Nacional Sirio (CNS) y el Comité de Coordinación Nacional (CCN) no ha logrado conformar un frente unido. Mientras el CNS considera necesaria la intervención de los países occidentales y de los del Golfo e, incluso algunos de sus miembros apoyan la intervención militar, la CCN no está de acuerdo con dicha intervención y considera que solo la movilización pacífica interna y las presiones en forma de sanciones, permitirán una transición hacia la democracia.

El futuro geopolítico de toda esta región, clave para la configuración del mundo que se realizando en esta primera década del siglo XXI no pasa por supuesto por América Latina.