Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Una perla más

Por Danilo Arbilla
Miami, Estados Unidos

La noticia apareció por todos lados, pese a que no es una novedad: en Argentina la libertad de prensa está bastante castigada y muy lastimado el derecho a la información de sus ciudadanos. Eso sí, el Gobierno lo maquilla y lo disimula bien y cuenta con colaboradores y amigos hábiles, talentosos y hasta arteros para conseguirlo. En casos se favorece, además, del descuido de organizaciones que se muestran mucho más celosas con otros países y otros gobiernos en materia de denunciar las violaciones de la libertad de expresión. Como que se distraen con los Kirchner.

Por Danilo Arbilla
Miami, Estados Unidos


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La noticia apareció por todos lados, pese a que no es una novedad: en Argentina la libertad de prensa está bastante castigada y muy lastimado el derecho a la información de sus ciudadanos. Eso sí, el Gobierno lo maquilla y lo disimula bien y cuenta con colaboradores y amigos hábiles, talentosos y hasta arteros para conseguirlo. En casos se favorece, además, del descuido de organizaciones que se muestran mucho más celosas con otros países y otros gobiernos en materia de denunciar las violaciones de la libertad de expresión. Como que se distraen con los Kirchner.

Pero esta vez a alguien se le fue la mano. Fue un caso flagrante de censura. Y por TV, que se dan cuenta todos. Habrá sido por orden de la propia presidenta o del “ministro”, quien sabe, que todo puede ser. O quizá del dueño o director del medio más realista que el rey. En definitiva, como ha dicho Jorge Lanata, uno de los periodistas más prestigiosos y respetados de la Argentina y también más perseguido por el kirchnerismo: “Hoy el 80% de los medios está manejado por el Gobierno”.

La cuestión fue que abruptamente –cortina musical de por medio– se interrumpió una entrevista televisiva a un ex hombre fuerte del kirchnerismo, hoy opositor. Nada menos que a Alberto Fernández, quien fuera jefe de Gabinete durante el gobierno de Néstor Kirchner y en una primera etapa del primer gobierno de Cristina Kirchner.

Lo de Fernández lo vio todo el mundo y salió por todo el mundo, pero es solo una perla de un largo collar, que el propio Fernández, cuando era el hombre ejecutor, comenzó a enhebrar y cuya manifestación más notoria, tanto como efectiva y siniestra, ha sido el manejo discriminatorio de la publicidad oficial. Esto es, el manejo de los dineros públicos en función de los intereses personales del funcionario. “Yo no les voy a dar dinero a los medios que informan en contra (léase en forma independiente) de mi gobierno”, fue la arrogante respuesta que dio el entonces jefe del Gabinete a una misión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), haciendo caso omiso a la observación de que ese dinero no era suyo, sino que era de los contribuyentes.

Por la discriminación en la publicidad oficial, condenada incluso por la justicia, a la que el gobierno de Cristina Kirchner no le ha hecho mucho caso, y la sanción de leyes restrictivas, entre ellas una reciente que le da al Gobierno el monopolio del papel prensa, la independencia de los medios informativos está severamente coartada en la Argentina. Desde el poder se fijan pautas editoriales e informativas, se dice quién puede trabajar o no, y si bien hay quienes se resisten, no todos pueden hacerlo y no siempre la justicia es el camino indicado: hay jueces y jueces.

Y ni hablar de la información oficial; la que surge del Gobierno, de sus oficinas y sus voceros. Y no estamos hablando de los discursos ni del supuesto cáncer de la presidenta. Hace unas semanas, The Economist dejó de dar determinada información económica oficial argentina (inflación). Según la respetable revista británica, son más confiables las cifras oficiales chinas o griegas que las que da el INDEC, que es la oficina gubernamental argentina a la que nadie cree y que “intenta engañar a votantes e inversores”.

Lo del “cállate la boca” a Fernández parece que fue un error del director del canal, que ya pidió disculpas, lo que no borra la metida de pata. Aunque de todas maneras, más tarde o más temprano todo se sabe y, como dice Lanata refiriéndose al estado del periodismo en su país, “este es un momento muy particular, hay una grieta difícil, estimulada por el Gobierno, una grieta riesgosa. Todavía no pasó lo que pasa en Caracas, que los chavistas entran a Globovisión y los cagan a trompadas, pero en algún momento puede pasar”.

* Danilo Arbilla es periodista uruguayo. Ha sido presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa. Actualmente es miembro del Instituto de Prensa Internacional (IPI), de la Asociación Mundial de Periódicos (WAN), de la Sociedad de Editores de Diarios de Estados Unidos (ASNE) y de Word Media. Su articulo ha sido publicado originalmente en el diario ABC de Paraguay.