Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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Condeno porque quiero

Por Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador

Jorge Egas y Luis Jácome, superintendente de Bancos y presidente del Banco Central, nombrados a mediados de 1998, empezaron sus funciones con el cierre del Banco de Préstamos, e inmediatamente se enfrentaron con la crisis de Filanbanco; es evidente, cualquier deficiencia en la supervisión no puede serles atribuida. La bomba les llegó activada: no tenían ni dos meses en sus cargos cuando el crédito de liquidez fue entregado por el Central.

Por Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador


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Jorge Egas y Luis Jácome, superintendente de Bancos y presidente del Banco Central, nombrados a mediados de 1998, empezaron sus funciones con el cierre del Banco de Préstamos, e inmediatamente se enfrentaron con la crisis de Filanbanco; es evidente, cualquier deficiencia en la supervisión no puede serles atribuida. La bomba les llegó activada: no tenían ni dos meses en sus cargos cuando el crédito de liquidez fue entregado por el Central.

Sin embargo, sistemáticamente han tratado de inmiscuirlos en una absurda acusación de peculado. Primero, fue el juez Armando Bermeo, para quien fueron coautores de ese delito, por haber, en una carta, “recomendado y apoyado” que el Congreso dicte la ley que creó la AGD, insostenible e insólita tesis que para al menos ser coherente debiera entonces haber incluido a los diputados que la aprobaron.

Ahora el turno fue del juez nacional Merino, quien en el caso El Universo dijo que dizque no hay norma que regule el monto indemnizatorio, extravagancia en que se apoyó para sostener que 40 millones de dólares eran “proporcionales” para compensar los daños económicos que se hubieran producido si no se publicaba la columna de Emilio Palacio. El mismo juez, en el caso de Egas y Jácome, luego de citar enjundiosos criterios doctrinales sobre la complicidad, concluyó que la finalidad del cómplice es

“contribuir a que otro ejecute o cometa un acto ilícito” (p. 23), y sobre esa base los condenó a tres años de reclusión como supuestos cómplices de peculado, por haber emitido “…opiniones e informes en unos casos favorables y en otros de carácter negativo y con el único propósito de viabilizar los créditos y salvar la quiebra bancaria, pero que fueron distorsionados por quienes tenían el poder de decisión… …los administradores de Filanbanco” (p. 55)

Si los informes, hasta negativos, querían evitar la quiebra, y si los préstamos fueron luego distorsionados por los administradores como dice el juez Merino, ¿cómo entonces Egas y Jácome “contribuyeron” a que se cometa un delito? Ni media palabra explicando esto hay. Condeno, porque quiero.

Ese es el paisito.

1 Comentario el Condeno porque quiero

  1. Es claro que la sindicación de Jorge Egas fue necesaria para que el juicio sea llevado en Quito, (habrá que indagar, si se pudiera, a quién beneficiaba esto).  Hay “crimenes por odio”, esta es una “sentencia por odio”….

Los comentarios están cerrados.