Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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El aniversario que nadie quiere celebrar

Por Gonzalo Orellana
Madrid, España

En mayo del 2010, luego del hallazgo de que Grecia había “maquillado” sus cifras macroeconómicas y en medio de una espiral de desconfianza que impidió a este país financiarse por si mismo, la Unión Europea en conjunto con el FMI rescataron al país heleno con un préstamo de €110.000 millones. Rápidamente los líderes de varios países europeos enfatizaron lo aislado del caso, afirmando “Nosotros no somos Grecia”.

Por Gonzalo Orellana
Madrid, España


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En mayo del 2010, luego del hallazgo de que Grecia había “maquillado” sus cifras macroeconómicas y en medio de una espiral de desconfianza que impidió a este país financiarse por si mismo, la Unión Europea en conjunto con el FMI rescataron al país heleno con un préstamo de €110.000 millones. Rápidamente los líderes de varios países europeos enfatizaron lo aislado del caso, afirmando “Nosotros no somos Grecia”.

¿Dónde estamos dos años mas tarde? Después de rescatar a Irlanda, Portugal y a Grecia nuevamente con alrededor de €300.000 millones, después de negociar una reestructuración de la deuda griega con el sector privado por mas de €100.000 millones (el mayor “default” de la historia), después de tomar medidas extraordinarias como la compra de deuda soberana por parte del Banco Central Europeo o la inyección de liquidez en el sistema financiero por mas de €1 trillón (¡la sola cifra abruma!), todo esto combinado con una serie interminable de recortes presupuestarios y subidas de impuestos en toda Europa. Estamos en el mismo lugar: intentando evitar que Italia o España, cuarta y quinta economía del continente, enfrenten el mismo destino que las tres anteriores ya que por sus dimensiones resultarían imposibles de rescatar.

Resulta increíble que en dos años Europa no haya sido capaz de resolver el problema y que lejos de ello, hoy más que nunca se planteen escenarios que hace algunos años habrían generado escalofríos a cualquier europeo, como es la terminación del euro o la salida de alguno de sus miembros. Las causas de la crisis de deuda en todos los casos fue la existencia de uno o más de estos desequilibrios: burbuja inmobiliaria, crisis del sistema financiero, exceso de deuda pública y privada o un estado hipertrofiado.

Tradicionalmente cuando un país tiene una crisis en el sector real de la economía, la solución está en que temporalmente el Estado se expanda para compensar la reducción de la demanda privada; cuando la crisis se genera en el sector público, la recuperación viene de la mano del sector privado, sea este interno o por vía de exportaciones. En ambos casos, la política monetaria es fundamental para volver a crecer, y es aquí donde países en situaciones inicialmente dispares llegan a un punto en común, ninguno de ellos la tiene. En un momento en que el sector público no puede estimular la economía y el sector privado está demasiado endeudado para consumir, el único estímulo puede venir desde fuera, en este caso del Banco Central Europeo inyectando liquidez en los bancos y gobiernos en problemas. Esta estrategia tan solo compra tiempo, dos años por ahora, pero no soluciona el tema de fondo: la contracción de la demanda y la incapacidad de crecer.

Los países que componen el euro se han embarcado en la obra titánica de reducir su gasto publico, medida necesaria dados los enormes excesos acumulados que han contribuido a que estas economías pierdan competitividad y dinamismo. Sin embargo se han olvidado o han querido olvidar que solamente reducir la deuda a costa de deprimir la economía es como querer salir de un hueco cavando más.

Hoy más que nunca la situación es agobiante, las previsiones de crecimiento para Europa son famélicas, con el consiguiente impacto que esto tiene en el resto del mundo. Lo más grave es que las medidas tomadas por la autoridad monetaria se muestran cada vez menos capaces de generar confianza y el tiempo para actuar se reduce. El euro, que empezó como un proyecto de integración admirable que ayudó a Europa a crecer y que contribuyo a converger a los países más pobres con los más desarrollados, hoy se enfrenta a su prueba mas dura, prueba que solo puede ser superada si las naciones mas ricas están dispuestas a compartir los riesgos de las naciones en problemas. Después de dos años de sufrimiento parecen haber pocos dispuestos a hacerlo.

2 Comentarios el El aniversario que nadie quiere celebrar

  1. Quien diría, Europa con esos problemas. Nosotros como países tercermundistas tenemos mucho por aprender para no caer en erorres parecidos. No hay nada seguro

  2. Impresionante al punto que ha llegado Europa,parece una pesadilla;esto no enseña a los latinoamericanos a tener el ahorro como norma,lo que no sucede ahora en el Ecuador.Excelente el análisis.
    Clemente Orellana 

Los comentarios están cerrados.