Ecuador. domingo 17 de diciembre de 2017
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¿Cuándo es excesivo el gasto público?

Por Gonzalo Orellana
Madrid, España

Sin duda alguna, es más fácil plantearse la pregunta que responderla. Existen tantos ejemplos de estructuras de gasto público como países y están tan influenciadas por razones políticas, culturales, geográficas, demográficas, etc., que resulta complicado determinar qué nivel de gasto es excesivo. Teóricamente, el sector privado es el encargado de generar crecimiento en la economía y el sector público el responsable de asegurar que esta funcione correctamente, ya sea brindando bienes y servicios, protegiendo a los ciudadanos y sus bienes, redistribuyendo la riqueza, etc.

Por Gonzalo Orellana
Madrid, España


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Sin duda alguna, es más fácil plantearse la pregunta que responderla. Existen tantos ejemplos de estructuras de gasto público como países y están tan influenciadas por razones políticas, culturales, geográficas, demográficas, etc., que resulta complicado determinar qué nivel de gasto es excesivo. Teóricamente, el sector privado es el encargado de generar crecimiento en la economía y el sector público el responsable de asegurar que esta funcione correctamente, ya sea brindando bienes y servicios, protegiendo a los ciudadanos y sus bienes, redistribuyendo la riqueza, etc.

Como en casi todo, la realidad suele estar muy lejos de la teoría. Todos los estados del mundo intervienen de varias maneras en la economía, mediante empresas públicas, el cobro de impuestos, pago de subsidios o siendo un importante empleador. Se pueden encontrar casos exitosos de países que crecen con fuerte presencia estatal, por ejemplo China y también ejemplos de naciones donde el estado participa menos, Reino Unido o por quedarnos en la región, Chile.

Hay dos elementos esenciales a considerar cuando analizamos el gasto público: el primero es la eficiencia del sector público, dado que una parte importante del PIB de un país se destina a pagar funcionarios, su nivel de eficiencia es trascendental para que un país crezca. El excesivo numero de empleados en el sector público es una de la razones de la crisis griega, sin embargo Dinamarca, que se encuentra a la cabeza del gasto público en Europa, no tiene un problema de déficit o excesivo endeudamiento; la conclusión, no solo gasta más, sino también lo hace de manera más eficiente. Hay que recordar que la principal fuente de ingresos de los estados es la extracción de riqueza del sector privado, vía impuestos, y esto solo se justifica si el gasto estatal contribuye de manera decisiva al crecimiento económico.

El segundo elemento es el impacto que la actividad estatal puede ocasionar en el sector privado. Cuando en un país la participación del estado se vuelve tan grande que desplaza al sector privado como generador de riqueza, empleo y dinamismo económico, entonces hay un problema, no solo porque la competencia y la búsqueda de beneficios es la base del capitalismo, sino porque la excesiva presencia estatal genera desincentivos a emprender y crear un negocio propio. Es triste ver que en mucho países europeos una gran parte de los jóvenes sueñan con ser funcionarios y no emprendedores.

Existen países que parecen funcionar bien con altos niveles de intervención estatal, sin embargo en la mayoría de los casos un excesivo gasto público genera inconvenientes tarde o temprano, sea por el endeudamiento para financiarlo, por unos niveles impositivos demasiado altos que desincentivan la creación de riqueza en el sector privado o directamente porque el gasto corriente que suele ser el componente más grande del gasto público es ineficiente. El crecimiento económico basado únicamente en gasto público no es sostenible.

El Ecuador en los últimos cinco años ha visto un incremento notable del gasto público, mas del 12% entre el 2010 y el 2011, a tasas muy por encima del crecimiento del país. Parte del gasto está justificado en las necesarias inversiones en infraestructura o gasto social pendientes, así como en ampliar la capacidad del estado de ejercer su rol. Sin embargo, existen profundas ineficiencias y malgasto de recursos que tarde o temprano deberán ser resueltos, y sería mas responsable hacerlo ahora que la economía está creciendo y no esperar a un momento de crisis. El creciente gasto en subsidios energéticos sin ningún criterio mínimo de eficiencia o justicia, así como decisiones absurdas basadas en cálculos políticos y no en resolver problemas de fondo, como los subsidios a la harina o el recientemente anunciado a los transportistas, son desperdicios de valiosos recursos que seguramente algún día lamentaremos.