Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Los idus de marzo

Por Andrés Cárdenas
Quito, Ecuador

“He visto a muchos demócratas caer por no meterse en el lodo con los elefantes”, dice un personaje. “Siempre que trazo una línea en la arena la tengo que mover”, dice otro. ¿La trampa, el juego sucio y las traiciones son el inevitable camino hacia el triunfo político? ¿Se puede creer en ideales y ser fiel obstinadamente a ciertos principios? Basada en una obra de teatro, Los idus de marzo se introduce con honestidad en los manoseos políticos propios de época de campaña.

Por Andrés Cárdenas
Quito, Ecuador


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“He visto a muchos demócratas caer por no meterse en el lodo con los elefantes”, dice un personaje. “Siempre que trazo una línea en la arena la tengo que mover”, dice otro. ¿La trampa, el juego sucio y las traiciones son el inevitable camino hacia el triunfo político? ¿Se puede creer en ideales y ser fiel obstinadamente a ciertos principios? Basada en una obra de teatro, Los idus de marzo se introduce con honestidad en los manoseos políticos propios de época de campaña.

Stephen Meyers es un joven idealista e inteligente planificador de tácticas políticas que, junto a Paul Zara, trabaja para el candidato demócrata Mike Morris en las primarias norteamericanas. Negociaciones por el apoyo de un influyente senador, peligrosos intercambios de información con una periodista del Times, hábiles jugadas del candidato contrario y affaires entre miembros de la campaña, acompañan a la carrera electoral en la que Meyers, al final, no será el mismo.

George Clooney, guionista, director, productor y actor de este filme, apunta a elevar lo accesorio hasta que parezca protagónico y así tener como resultado una historia poderosa y uniforme. Se trata de un thriller político en el que las subtramas, periodísticas y “sentimentales”, son hilos vistosos e imprescindibles en el tejido final. Y un reparto de actores secundarios de lujo, como son Philip Seymour Hoffman (Truman Capote, Moneyball, Perfume de mujer), Paul Giamatti (Cinderella Man, John Adams) y el propio Clooney, que brillan en cada escena escoltando a un magnífico Ryan Gosling (Drive, The Notebook).

En el diálogo más interesante de la película se habla de la lealtad como única moneda de cambio en la política. “Sin ella no eres nada y no tienes a nadie”. Sin embargo escasea. Una equivocación humana motivada por vanidad o ingenuidad hace que Meyers caiga en una espiral que lo hace tocar fondo y pone en entredicho su integridad moral. Ese es uno de los mayores logros de Clooney: construir personajes claroscuros con vientos más fuertes que sus raíces.