Ecuador. domingo 10 de diciembre de 2017
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¿Un nuevo PRI?

Por Joaquín Hernández
Guayaquil, Ecuador

A mediados de ayer lunes, mientras el Instituto Federal Electoral de México emitía continuamente resultados de las elecciones del domingo, estaba claro ya que el nuevo presidente de México era el militante del Partido Revolucionario Institucional, PRI, Enrique Peña Nieto. Ciertamente, el porcentaje de votos a su favor, 37,8%, seis puntos arriba de su más cercano contendiente Andrés Manuel López Obrador con el 31.87%, no era tan amplio como el que las encuestas habían pronosticado, pero en todo caso suficiente para garantizar su victoria.

Por Joaquín Hernández
Guayaquil, Ecuador


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A mediados de ayer lunes, mientras el Instituto Federal Electoral de México emitía continuamente resultados de las elecciones del domingo, estaba claro ya que el nuevo presidente de México era el militante del Partido Revolucionario Institucional, PRI, Enrique Peña Nieto. Ciertamente, el porcentaje de votos a su favor, 37,8%, seis puntos arriba de su más cercano contendiente Andrés Manuel López Obrador con el 31.87%, no era tan amplio como el que las encuestas habían pronosticado, pero en todo caso suficiente para garantizar su victoria.

Después de 12 años, como no se han cansado de repetir los titulares de periódicos, el PRI vuelve al poder. Solo que Enrique Peña Nieto, EPN para utilizar las claves mexicanas, no es ni Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), rostro duro unido a la masacre de Tlatelolco; Luis Echeverría Álvarez (1970-76), jugando a la ideología izquierdista, pero propiciando el cierre de la prensa crítica como Excelsior, ni por supuesto Adolfo López Mateos (1958-64) y su armonía de un crecimiento industrial sostenido. En cambio participa y mucho del gusto por el éxito y la globalización de Carlos Salinas de Gortari (1994-2000) y por la apuesta al espíritu empresarial que caracterizó al sexenio de Miguel Alemán Valdés (1946-52).

“Me defino como un pragmático” le responde a Carlos Puig que presenta su perfil en la revista Letras Libres. “Yo creo” –continúa— “que es lo que mueve y es lo que motiva a las nuevas generaciones”. Y añade, para horror de los ideólogos de la llamada izquierda sudamericana: “Represento a una generación que a diferencia de las generaciones anteriores que se identificaban con algún dogma político, nosotros no”. “Mi única definición es que soy un pragmático al que le importan los resultados. Los resultados, eso lo que importa: los resultados”.

Carlos Monsiváis hubiese preguntado ¿quién no es pragmático cuando ejerce el poder y además le gusta? Por ejemplo gastar millones para promover su imagen televisiva. EPN como gobernador del estado de México aumentó el gasto publicitario según el perfil de Letras Libres, en más del mil por ciento. El 46% de ese gasto fue para una empresa, la de mayor audiencia, Televisa.

EPN, además, firmó 608 compromisos ante notario que fueron cumplidos religiosamente. La inversión pública “convirtió el presupuesto en varilla y cemento, para que se pudiera inaugurar, fotografiar, grabar, presumir; poner en uno de esos cientos de anuncios en las pantallas de televisión”. Por lo menos en el mundo del marketing, las ideologías sí han muerto. El que esté libre de pecado, lance la primera piedra…

¿Qué hará un pragmático ante la guerra contra el narco y el crimen organizado que declaró Felipe Calderón y de la cual poco concreto han dicho los candidatos? ¿Logrará mejorar la producción petrolera, concretamente la gestión de Petróleos Mexicanos? ¿Cómo ampliar las fuentes de financiamiento? ¿Cómo mejorar la gobernabilidad del país? ¿Lo permite un 7% de ventaja en votos?

El PAN se ha resignado. El PRD sigue a la espera.