Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Va por ellas

Por Bernardo Tobar
Quito, Ecuador

La aventura reciente de un activista chino nos recordó que el aborto selectivo y forzado, esto es no consentido por la madre -peor por el ser humano en gestación- sigue siendo una política en algunos países del Asia, entre otras formas de violencia contra la mujer. Y puso en evidencia que estos temas no se enfrentan si el riesgo es empañar diálogos diplomáticos de “alta política”. La discriminación al género femenino es un asunto tocado en los pasillos de las embajadas, en las conversaciones no registradas, en la penumbra de las confesiones al oído, pero pocas veces a la luz de las agendas oficiales.

Por Bernardo Tobar
Quito, Ecuador


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La aventura reciente de un activista chino nos recordó que el aborto selectivo y forzado, esto es no consentido por la madre -peor por el ser humano en gestación- sigue siendo una política en algunos países del Asia, entre otras formas de violencia contra la mujer. Y puso en evidencia que estos temas no se enfrentan si el riesgo es empañar diálogos diplomáticos de “alta política”. La discriminación al género femenino es un asunto tocado en los pasillos de las embajadas, en las conversaciones no registradas, en la penumbra de las confesiones al oído, pero pocas veces a la luz de las agendas oficiales.

Paul French, escribiendo para Foreign Policy, cuenta que aún hoy se ven en China anuncios laborales que exigen a las mujeres una mínima altura, además de los necesarios requisitos de medidas y apariencia, y nos revela las bases históricas del mito de la Dama-Dragón, etiqueta que la cultura China aplica a mujeres cuya influencia y éxito no se atribuye, como sucede con el sexo opuesto, a mérito, sino a una combinación de intriga, belleza y lascivia que les permite dominar a los hombres que ostentan el poder con riendas que, como corresponde a semejante imaginario, se manipulan tras bastidores y, especialmente, bajo las sábanas.

En Medio Oriente la condición femenina es aún más extrema, donde el Islam consagra la poliginia, las mujeres heredan la mitad que sus hermanos varones, son en algunos casos ejecutadas en caso de adulterio, y los velos que las ocultan públicamente revelan apenas su rostro -en Ecuador algún presidente ya propuso añadir tela a las minifaldas, y otro sentenció que las piernas bonitas no contribuyen a la democracia-. Esta abstinencia estética lleva a los varones de esas regiones a mirar a las visitantes occidentales, vestidas usualmente con desenfado y las mínimas prendas que exige el verano, con la minuciosidad de un juez en un concurso morfológico de animales: examen periférico, en redondo, de abajo hacia arriba, anotación de medidas, llamada a colegas para una segunda opinión…

Nuestro Hemisferio ha dado pasos significativos en favor de la mujer, aunque en el Norte las conquistas se han centrado en esa intersección puramente legal y utilitaria donde se cruzan dimensiones tan distintas como las de los dos sexos, lo que se ha traducido en no discriminación, igualdad laboral, cesión del rol maternal a hombres en no pocos casos, posiciones dominantes dentro y fuera de la cama y otras cosas por el estilo, donde la mujer ha avanzado como ser humano, igual a cualquiera, mas no necesariamente como mujer. Han saldado una deuda frente a los hombres, pero han abierto un nuevo pasivo frente a su propio género.

Latinoamérica, y el Ecuador en especial, me parece que sigue un camino más lento en sus resultados, pero más firme en sus fundamentos. Es cierto que todavía hay violencia intrafamiliar, especialmente en sectores culturalmente deprimidos, y que falta trecho para que los avances jurídicos se lleven a la práctica a plenitud; pero en general no ha sacrificado la mujer el privilegio de su esencia ni su misión existencial por parecerse al sexo opuesto en sus manifestaciones y efectos mundanos.