Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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¿Incitar al odio?

Por Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador

Asumo el riesgo de que todo lo que diga a favor de Miguel Macías Carmigniani sea usado en mi contra, con el sambenito de parcialidad pues es mi primo hermano como el apellido lo revela; pero también asumo el riesgo de que cualquier discrepancia conceptual sea deformada con el pretexto de que “ni el primo está de acuerdo”. Me esforzaré entonces en explicar, con la mayor objetividad posible, mi postura sobre el asunto aquel del artículo de Miguel sobre las familias alternativas.

Por Eduardo Carmigniani
Guayaquil, Ecuador


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Asumo el riesgo de que todo lo que diga a favor de Miguel Macías Carmigniani sea usado en mi contra, con el sambenito de parcialidad pues es mi primo hermano como el apellido lo revela; pero también asumo el riesgo de que cualquier discrepancia conceptual sea deformada con el pretexto de que “ni el primo está de acuerdo”. Me esforzaré entonces en explicar, con la mayor objetividad posible, mi postura sobre el asunto aquel del artículo de Miguel sobre las familias alternativas.

Empiezo diciendo que hasta se puede no compartir los sentimientos expresados en el susodicho artículo, o la forma en que fueron exteriorizados públicamente; de hecho yo no siento ni pienso lo mismo. Pero el punto ahora en debate no es ese. El tema es que se ha pedido el enjuiciamiento penal del autor por un supuesto delito de incitación al odio, en razón de la orientación o identidad sexual, como dice la denuncia presentada por el señor Efraín Soria, por sus propios derechos y “en representación de la comunidad GLBT del Ecuador”. Que se inicie semejante juicio sería inaceptable, pues para sostener que Miguel cometió tal delito habría que recorrer un larguísimo trecho, imposible para quienquiera que analice las cosas sin pasión.

¿Incitó Miguel en su artículo a que se odie o desprecie a los homosexuales? Si por un lado incitar es “mover o estimular a alguien para que ejecute algo”, y por otro, odio es la “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”, para sostener que cometió aquel delito habría que explicar en qué parte de su escrito estimuló a sus lectores a que sientan aversión por los homosexuales, en razón de que él les desea el mal. Francamente no hay base racional para la denuncia. Se trata, simplemente -lo digo con la mayor cortesía, para que no se me acuse de incitar cosas que ni siento ni deseo-, de una explosiva reacción agitadora.

Estoy seguro de que la Fiscalía no se unirá a semejante comparsa, malgastando recursos públicos. Primero, porque objetivamente no hay delito. Pero en adición, aplicando la Constitución (art. 195), que establece el principio de mínima intervención penal.

4 Comentarios el ¿Incitar al odio?

  1. Imperdonable que un articulista ataque con sus particulares opiniones a una comunidad que tiene derecho a llevar su vida, su orientación sexual como le venga en gana. Peor aún que ese mismo articulista sea un miembro activo de la administración de justicia, pues con semejantes prejuicios no cabe de él esperar sino parcialidad. 

    Por otra parte, el medio que publicó el texto homofóbico hizo bien en censurarlo y pedir disculpas. La opinión pública se encargará de restarle crédito a las opiniones del homófobo, sin necesidad de represalias penales. Creo que ahí debería terminarse el tema. Macías aprenderá que ciertas cosas hay que callarlas por elemental respeto: uno puede sentir repulsión por ciertas conductas, no por ello condenar a quienes las practican. Me parece sumamente desagradable la homosexualidad, antinatural si se quiere, pero me importa un comino que otros la practiquen siempre y cuando con ello no hagan daño a los demás y respeten a quienes no compartimos sus gustos.

    Veo comensales obesos atragantándose con kilos y kilos de comida en restaurantes. Esta exhibición de glotonería me causa repulsión. No por ello tengo derecho a hacer público el asco que esa persona me ha causado. Allá ella. Allá yo. Tanto derecho tengo yo a sentir náusea, como él a embutirse de grasa. A lo que ninguno de los 2 tiene derecho es usar un medio de comunicación masivo para increpar a los demás a compartir sus particulares sentimientos de repulsión.

    • A ver… cómo es la cosa ??

      SI yo siento “asco” (usando sus palabras) de las manifestaciones gay públicas (no me meto en lo privado de nadie), segun usted, yo debo callarme.

      Pero el “colectivo” (o bus, o metrovia…) glbt sí tiene libertad para hacer sus manifestaciones públicas como el odioso “dia del orgullo gay”

      Entonces, en qué mismo quedamos ?? Las mayorías debemos “respetar” los “derechos” de las minorias, pero NO al revés ???

      • Don Carlos Castro y usted a qué minoría pertenece?.

      • No he leído por ninguna parte de mi texto anterior que yo defienda el día del orgullo gay. Esa celebración me parece ridícula, sinsentido. Pero hey! si le apetece inventar la celebración del dia del orgullo hetero, allá ud. , está en pleno derecho, igual q los homo mientras no hagan daño a nadie.
        Y si le apetece también está en su derecho de ir al mencionado gay parade y manifestar su asco. Aunque me parecería poco prudente, en mi humilde opinión, pero en fin: alla ud. Uno se queja públicamente respecto a lo que le afecta, los meros desagrados personales se los manifiesta en casa. Por qué quejarse sobre gustos que a ud. en nada le afectan? O es que le afectan? En lo personal me importa un comino la orientación sexual de los demás, mientras me dejen en paz a mí con la mía.

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