Ecuador. lunes 18 de diciembre de 2017
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Miedo a la libertad

Por Joaquín Hernández Alvarado
Guayaquil, Ecuador

En el año 1947, Gino Germani, considerado el fundador de la sociología en Argentina y con enorme influencia en América Latina, tradujo y editó dentro de su vasta empresa de publicación de las obras más importantes de la sociología de la época, el libro del psicoanalista alemán Erich Fromm, Escape from freedom, que apareció como El miedo a la libertad. Germani, en un gesto de enorme significación teórica y metodológica no se contentó con la traducción sino además escribió un significativo prólogo que la edición de Paidós del año 2012 de El miedo a la libertad, reproduce.

Por Joaquín Hernández Alvarado
Guayaquil, Ecuador


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En el año 1947, Gino Germani, considerado el fundador de la sociología en Argentina y con enorme influencia en América Latina, tradujo y editó dentro de su vasta empresa de publicación de las obras más importantes de la sociología de la época, el libro del psicoanalista alemán Erich Fromm, Escape from freedom, que apareció como El miedo a la libertad. Germani, en un gesto de enorme significación teórica y metodológica no se contentó con la traducción sino además escribió un significativo prólogo que la edición de Paidós del año 2012 de El miedo a la libertad, reproduce.

Como se conoce, desde los años 30 del siglo pasado, la sociología alemana, sobre todo la proveniente de la Escuela de Frankfurt, trabajaba con el psicoanálisis para el análisis de uno de los fenómenos más desconcertantes pero igualmente relevantes de la época: la personalidad autoritaria, el avance del fascismo en Europa y la debilidad no solo de los ciudadanos de las democracias liberales que permitían ingenuamente con su voto el triunfo de los totalitarismos sino, además, la resignación o aceptación retroceso de este tipo de dictadura por buena parte de los sectores supuestamente antagónicos a las mismas, los trabajadores organizados. Más aún, los años treinta mostraron, para quienes tenían la suficiente lucidez de espíritu, que el fenómeno del totalitarismo no estaba solo reservado para las democracias liberales, sino también para las nacientes revoluciones socialistas, como era el caso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS. El culto al autoritarismo y a la dictadura eran compartidos por países e ideologías de condiciones tan disímiles como las democracias alemana e italiana y la revolucionaria URSS.

En estas condiciones el mero análisis sociológico era insuficiente para dar cuenta de la emergencia del totalitarismo. El problema para Germani no era solo europeo. Su experiencia del primer peronismo (1943-1955) mostraba lo pertinente y actualizado de entender el fenómeno populista que terminaba en una dictadura caudillesca, legitimada por elecciones.

Para Germani, la obra de Fromm daba pautas para entender el fenómeno del autoritarismo y, a la postre, del totalitarismo. El problema para Fromm y Germani coincidía en su diagnóstico, estaba en el sentido de la adaptación de las clases sociales frente a las nuevas condiciones de vida. El proceso de individuación iniciado en la Edad Media y alcanzado exitosamente al parecer en la Modernidad, terminaba en una situación de profundo aislamiento y soledad moral para los ciudadanos. En esa situación, las adaptaciones sociales tenían un carácter marcadamente irracional. “A menos que logre restablecer una vinculación con el mundo y la sociedad que se funde sobre la reciprocidad y la plena expansión de su propio yo, el hombre contemporáneo está llamado a refugiarse en alguna forma de evasión de la libertad”. Esta evasión concluía en la entrega incondicional de la propia libertad a caudillos autoritarios que la anulaban pero proporcionaban una salida no conflictiva.