Ecuador. martes 12 de diciembre de 2017
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La posibilidad del error

Por Andrés Cárdenas
Quito, Ecuador

A sus diecisiete años, Karl Popper ya estaba descubriendo las bases del pensamiento que se dedicaría a defender hasta su muerte en 1994. Muy importante para aquello fue haber visto morir a varios compañeros suyos socialistas y comunistas en un tiroteo con la policía. Entonces Popper se cuestionó profundamente los postulados marxistas hasta concluir “su carácter dogmático y su increíble arrogancia intelectual”. En la misma época trabajó en una clínica infantil del psicólogo Albert Adler, en donde también estuvo en contacto con las tesis de Sigmun Freud. Allí, en cambio, constató cómo las teorías de ambos nunca se ponían en duda, aun cuando surgían datos experimentales que las objetaban.

Por Andrés Cárdenas
Quito, Ecuador


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A sus diecisiete años, Karl Popper ya estaba descubriendo las bases del pensamiento que se dedicaría a defender hasta su muerte en 1994. Muy importante para aquello fue haber visto morir a varios compañeros suyos socialistas y comunistas en un tiroteo con la policía. Entonces Popper se cuestionó profundamente los postulados marxistas hasta concluir “su carácter dogmático y su increíble arrogancia intelectual”. En la misma época trabajó en una clínica infantil del psicólogo Albert Adler, en donde también estuvo en contacto con las tesis de Sigmun Freud. Allí, en cambio, constató cómo las teorías de ambos nunca se ponían en duda, aun cuando surgían datos experimentales que las objetaban.

Marx, Adler y Freud se convirtieron, para Popper, en ejemplos de pensamiento dogmático que lo único que buscan es hallar verificaciones a sus teorías favoritas. Cualquier refutación debía ser reinterpretada con los sistemas previamente establecidos. Frente a ellos estaba Einstein, quien en cambio buscaba experimentos cruciales que pusieran a tambalear sus teorías para fortalecerlas o demostrar su falsedad. Y Karl Popper vio en él una auténtica “actitud científica” o “actitud crítica”, que nunca llega a estar completamente segura de sí misma –a establecer dogmas– sino que la somete constantemente a una metodología de ensayo-error para derribarla o pulirla.

Sobre este hallazgo, Popper construyó toda su filosofía, hasta llegar a afirmar que todo conocimiento es conjetura, hipótesis, posibilidad, lo que no ha estado exento de serias críticas. Incluso creyó haber resuelto “el problema de la inducción” que plantea la incapacidad de llegar a juicios universales partiendo de evidencias particulares. Hizo extrapolaciones violentas que lo llevaron a ser vulnerable en campos como la filosofía de la ciencia o la teoría del conocimiento.

Sin embargo, su “actitud crítica” es bastante valiosa en el ámbito del actuar político en democracia, ya que nos sugiere abandonar posturas dogmáticas e ideologías, dejar de interpretar todo de acuerdo a nuestras teorías, y abrirnos a un diálogo sincero en el que aceptamos la posibilidad del error.

En este contexto, es preocupante la posición de muchos grupos feministas y de género que están realmente fundados sobre dogmas inamovibles y asumen posiciones que no admiten conversación alguna. Muestra de ello es que se muevan con agendas preestablecidas como la diseñada por Kirck y Madsen es su libro After the Ball, el intento de censura en España al libro Comprender y sanar la homosexualidad de Richard Cohen, la toma de posiciones insostenibles e irresponsables en el caso del aborto, etc. En su ideología tampoco hay espacio para el error y, como Marx, Adler y Freud, solo buscan verificaciones.