Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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Enemigo en casa

Por Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

El presidente del Consejo Nacional de Elecciones (CNE) –un exministro del presente Gobierno y ex asesor de uno de los gobiernos de la denostada partidocracia– ha hecho una serie de declaraciones en una reciente entrevista con El Comercio que son de suma trascendencia para el proceso electoral. Una de ellas es que ni él ni los miembros del CNE conocían de las denuncias que meses atrás habían hecho dos partidos sobre la existencia de firmas falsas. Esto sorprende, pues, las denuncias se hicieron de forma pública y causaron escándalo.

Por Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador


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El presidente del Consejo Nacional de Elecciones (CNE) –un exministro del presente Gobierno y ex asesor de uno de los gobiernos de la denostada partidocracia– ha hecho una serie de declaraciones en una reciente entrevista con El Comercio que son de suma trascendencia para el proceso electoral. Una de ellas es que ni él ni los miembros del CNE conocían de las denuncias que meses atrás habían hecho dos partidos sobre la existencia de firmas falsas. Esto sorprende, pues, las denuncias se hicieron de forma pública y causaron escándalo.

Es decir, todo el país sabía de estas denuncias menos los actuales miembros del CNE, quienes, debemos entender que a la sazón, vivían en el Ecuador y eran personas informadas del quehacer nacional. Si tales denuncias hubiesen sido tomadas en serio en su momento –algo que ahora se reconoce– probablemente no estaríamos viviendo el presente espectáculo de incertidumbre. Una explicación para la afirmación de que estos conciudadanos no conocían de semejantes denuncias podría ser el que las hicieron dos partidos de oposición, el PRE y el PSP, y por ello simplemente fueron ignoradas.

Es una muestra del nivel de solipsismo que ha llegado la política ecuatoriana. Basta que un adversario político presente una denuncia para que ella sea descartada y por lo general hasta descalificada con insultos. Es más, no es raro que los denunciantes sean inmediatamente enjuiciados y perseguidos penalmente. Da la impresión que una de las condiciones que deben cumplir algunos funcionarios es ignorar todo lo que digan quienes no son de su simpatía política sin importar cuán sensatos sean sus planteamientos. Las consecuencias de esta cultura de ignorar al otro la estamos ahora pagando con las serias dudas que han surgido sobre la confiabilidad del próximo proceso electoral.

Estas dudas se agravan más cuando el máximo funcionario del organismo electoral ha reconocido, con encomiable honestidad por cierto, que lo más probable es que los problemas detectados tengan su origen en la propia institución que él dirige. En efecto, ha dicho que se trata de un delito informático generado por algún “enemigo en casa”, y hasta ha calificado al sistema de control del CNE de “basura”.

El que se admita abiertamente que quienes han cometido semejante infracción están dentro de la institución electoral, y que el sistema de control merece el tacho de basura es simplemente increíble. Pero más grave es que se pretenda eliminar de la contienda electoral a movimientos políticos invocando en su contra fallas que pudieron ser fraguadas desde dentro del propio organismo electoral, y que se les dé un plazo para corregir estos errores solo a unos pero no a otros.

Parece que en el Ecuador ya no solo se cometen delitos informáticos en las judicatura cuando ciertos jueces se limitan a firmar sentencias que le son enviadas en un pendrive por una de las partes e introducidas en las computadores sino por los funcionarios de los organismos electorales al registrar a los movimientos políticos. Vaya el país en que vivimos.

* El texto de Hernán Pérez ha sido publicado originalmente en El Universo.