Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Urnas de Pandora

Por Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador

En una entrevista con el diario El País, a propósito de su último libro La civilización del espectáculo, el escritor peruano Mario Vargas Llosa trae a colación una anécdota que se la refirió un compatriota suyo. Vargas recuerda que “En las últimas elecciones peruanas, el escritor Jorge Eduardo Benavides se asombró de que un taxista de Lima le dijera que iba a votar por Keiko Fujimori, la hija del dictador que cumple una pena de 25 años de prisión por robos y asesinatos. “¿A usted no le importa que el presidente Fujimori fuera un ladrón?”, le preguntó al taxista. “No —repuso este— porque Fujimori solo robó lo justo”. “Lo justo. La indiferencia moral. La civilización del espectáculo”, añade Vargas.

Por Hernán Pérez Loose
Guayaquil, Ecuador


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En una entrevista con el diario El País, a propósito de su último libro La civilización del espectáculo, el escritor peruano Mario Vargas Llosa trae a colación una anécdota que se la refirió un compatriota suyo.

Vargas recuerda que “En las últimas elecciones peruanas, el escritor Jorge Eduardo Benavides se asombró de que un taxista de Lima le dijera que iba a votar por Keiko Fujimori, la hija del dictador que cumple una pena de 25 años de prisión por robos y asesinatos.

“¿A usted no le importa que el presidente Fujimori fuera un ladrón?”, le preguntó al taxista.

“No —repuso este— porque Fujimori solo robó lo justo”.

“Lo justo. La indiferencia moral. La civilización del espectáculo”, añade Vargas.

Ese es el estándar de conducta pública que parecería que hemos terminado adoptando en el Ecuador como algo natural. Basta que el número de firmas trucadas, por así llamarlas, no sea tal que afecte el mínimo requerido por la ley para que las organizaciones políticas sean reconocidas, entonces, no importa. Se falsificó solo “lo justo” para abultar nomás el número, pero no para poner en riesgo el reconocimiento jurídico de dichas organizaciones.

Es probable que el desenlace final de este espectáculo de las firmas culmine como muchos sospechan en la eliminación de algunos movimientos y candidatos para las próximas elecciones. Pero en lo que al parecer no se ha caído en cuenta es que algo más grave ha ocurrido. Y es que al margen de a quienes se les permita presentarse en las próximas elecciones, y a quienes se les niegue ese derecho con el argumento de las firmas, es el proceso electoral mismo el que se ha desplomado.

¿Alguien en su sano juicio creerá que las próximas elecciones serán limpias, transparentes y confiables cuando resulta que Álvaro Noboa está afiliado al movimiento oficialista o Abdalá Bucaram no consta como miembro del PRE, o los dirigentes del MPD ya no son tales? ¿Cómo se espera que la ciudadanía crea en un sistema electoral que da cabida a que estas barbaridades pasen? ¿Cómo confiar en definitiva en un sistema informático que la máxima autoridad electoral lo ha tildado como digno de irse al tacho de basura? ¿Y fue a base de ese sistema de basurero que se llevaron a efecto las elecciones anteriores incluyendo un referéndum?

Como de costumbre los directivos del órgano de control, en este caso el Consejo Nacional de Elecciones, no responderán por lo sucedido. Ni en sueño presentarán su renuncia, ni serán removidos y menos enjuiciados. A lo sumo recibirán por allí una reprimenda nada más. Quien quiera que sea responsable –algo que probablemente nunca se sabrá– del caos informático de las firmas “no validadas”, como eufemísticamente se dice, no cayó en cuenta probablemente del alcance de su acto.

La enorme popularidad de Fujimori se convirtió en la fuente de las más graves ilegalidades y atropellos. Pero como todos los dictadores latinoamericanos, el chino no logró entender que para sobrevivir políticamente en el poder debió abusar solo “lo justo”.