Ecuador. lunes 11 de diciembre de 2017
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Repercusiones del Asilo

Por Gonzalo Maldonado
Madrid, España

Si el presidente Correa o su gobierno querían hacerse conocer a nivel internacional, claramente la decisión de otorgar asilo diplomático a Julian Assange fue la decisión correcta. No recuerdo ningún hecho en Ecuador que tuviera tal nivel de resonancia mediática a nivel mundial.

Por Gonzalo Maldonado
Madrid, España


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Si el presidente Correa o su gobierno querían hacerse conocer a nivel internacional, claramente la decisión de otorgar asilo diplomático a Julian Assange fue la decisión correcta. No recuerdo ningún hecho en Ecuador que tuviera tal nivel de resonancia mediática a nivel mundial.

Pero más interesante que la opinión de periódicos, son las reacciones de la gente en distintos foros y redes sociales, luego de varias horas dedicadas a leer algunos de los literalmente miles de comentarios que ciudadanos pusieron en periódicos de Europa, Latinoamérica y los Estados Unidos, se evidencia que el tema ha desatado las reacciones mas variadas: desde quienes comentan que prefieren terminar en la cárcel antes que vivir en Ecuador, hasta quienes aprovechan la ocasión para culpar de todos los males de la humanidad a USA y Reino Unido, desde los que califican a Correa de dictador a los que lo ponen como un ejemplo de líder mundial y desde quienes califican a Assange como el nuevo Gandhi a los que lo consideran un terrorista. Aunque hay que decir que llama la atención la cantidad de reacciones positivas a la decisión ecuatoriana, inclusive en los medios ingleses o americanos.

Después de dos meses de analizar, de hacer consultas con otros países y de supuestamente evaluar el impacto de conceder el asilo, el gobierno de Ecuador lo concedió, entendiendo que la vida de Assange así como su integridad corrían peligro en caso de ser extraditado a Suecia y eventualmente a USA. No soy dado a las teorías conspiratorias pero resulta por lo menos exagerado que el gobierno británico le dedique tanta atención, al punto de afirmar estar dispuesto a violar la más básica de las leyes internacionales, a una persona que es investigada por supuestos delitos sexuales.

La carta enviada por el Reino Unido al gobierno ecuatoriano será sin duda recordada como un grave error por parte del gobierno británico, reconocido incluso por sus propios medios de prensa. Amenazar con irrumpir en una embajada es impensable, aún más cuando la amenaza viene de un país democrático. Pero si realizar la amenaza es impensable, justificar dicha acción en una ley local, que fue creada para poder investigar el caso de un asesinato de una oficial de policía en 1987 que había sido victima de un disparo desde la embajada de Libia, es simplemente absurdo. Nadie en su sano juicio puede sostener que los casos sean equiparables o que la presencia de Assange en la embajada ecuatoriana sea una amenaza como lo era la presencia de un asesino refugiado en dicha embajada en aquel entonces.

Resulta también extraña la diferencia de trato que recibió por ejemplo Pinochet, quien también era requerido por la justicia de otro país europeo para la investigación de delitos mucho más graves que los que se le imputa a Assange. En aquel momento, el gobierno británico decidió dejar marchar al exdictador, alegando su avanzada edad y su estado de salud, decisión que en cualquier caso debería haber tomado quien lo imputaba, en este caso la justicia española, y no el Reino Unido que tan solo tenía que cumplir con la orden de extradición europea, exactamente lo que dice que va a hacer con Assange.

Sin duda resulta paradójico, sino hipócrita, que sea el gobierno de Correa quien defienda la libertad de expresión, cuando sus palabras y hechos en el pasado han demostrado exactamente lo contrario. Pero más allá de eso, la realidad es que la situación actual es compleja y su solución puede tardar mucho tiempo. Como menciona el Financial Times en su editorial, tanto Londres como Quito han decidido atrincherarse en esquinas opuestas, Ecuador otorgando un asilo que en la práctica no puede cumplir, pues Assange no podrá salir de la embajada para viajar a Ecuador, y Gran Bretaña realizando una amenaza que no puede ejecutar, por las implicaciones que una medida así podrían tener.

Dicho esto, y a menos que se quiera entrar en un proceso largo y desgastante que perjudique las relaciones de los dos países mas allá de lo deseable o lo lógico, se debe buscar algún tipo de negociación que permita a Assange dejar Londres o que la justicia sueca lo interrogue en la embajada como propuso Ecuador. Aunque a juzgar por el comportamiento del personaje que ha creado todo esto y por los varios giros que ha dado su defensa en los últimos 2 años, no sería extraño que de la misma forma en que sorprendió a todos asilándose en la embajada de Ecuador, la historia dé otro giro impensado.