Ecuador. viernes 15 de diciembre de 2017
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La antidemocracia de Montecristi

Por Carlos Larreátegui
Quito, Ecuador

Desde sus orígenes como República, la sociedad ecuatoriana ha pretendido resolver sus conflictos políticos a través de la aprobación de nuevas constituciones que prometen refundar la nación y enrumbarla hacia un progreso integral y definitivo. Con muy pocas excepciones, estos intentos han camuflado intereses políticos precisos y han entregado herramientas poderosas a los detentores del poder.

Por Carlos Larreátegui
Quito, Ecuador


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Desde sus orígenes como República, la sociedad ecuatoriana ha pretendido resolver sus conflictos políticos a través de la aprobación de nuevas constituciones que prometen refundar la nación y enrumbarla hacia un progreso integral y definitivo. Con muy pocas excepciones, estos intentos han camuflado intereses políticos precisos y han entregado herramientas poderosas a los detentores del poder.

Es verdad que las crisis políticas se han originado en las conductas más que por la aplicación de las normas jurídicas. Pero no es menos cierto que algunas constituciones confeccionadas a las medidas de sus dueños, han socapado intereses inconfesables y contribuido a agravar los enfrentamientos políticos e institucionales.

Bajo esta misma lógica, Alianza País rompió el ordenamiento constitucional y forzó un proceso político que desembocó en la aprobación de la Constitución de Montecristi. Se levantaron grandes monumentos que hoy lucen desolados y polvorientos y se anunció el advenimiento de una nueva era que implantaría el “buen vivir para ecuatorianas y ecuatorianos”. Sin embargo, el proceso nació viciado, no solamente por las violaciones perpetradas, sino porque Alianza País no creía en el Estado de derecho.

En una entrevista concedida al diario Expreso y publicada el 4 de diciembre del 2006, el presidente de la Asamblea, Alberto Acosta, declaró: “La reforma política no es el gran objetivo de la Asamblea Constituyente… Para mí, no es el gran objetivo una nueva Constitución”. Luego añade: “Sabemos lo que ha pasado con las constituciones. Hemos tenido como 20. ¿Para qué una nueva? Veo a la Asamblea como una oportunidad para construir ciudadanía, para que la gente participe. Ni siquiera me interesa si alguien me dice que la Constitución que vamos a elaborar es buena, ¿buena para quién, para qué?….” .

Si bien existe un problema de conductas que han propiciado la violación sistemática e impune del ordenamiento jurídico, la Constitución de Montecristi diseña un esquema institucional que permite el falseamiento de la democracia y la instauración de una dictadura disfrazada de ciertas formalidades propias del Estado de derecho. Este esquema entrega el poder político total a cualquier Presidente que arribe al poder secundado de un grupo parlamentario numeroso y obsecuente.

El tristemente célebre ‘Quinto Poder’ es una de las mayores imposturas de la historia del Ecuador y sirve como un ‘caballo de Troya’ para que el gobernante de turno manipule los organismos encargados de controlar y fiscalizar su gestión.

La reforma de la Constitución es un tema neurálgico para la democracia que requiere propuestas concretas en los próximos comicios. El galimatías de Montecristi es un instrumento perverso que contradice principios de una sociedad abierta y democrática.

* Carlos Larreátegui es Rector de la Universidad de las Américas. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario El Comercio.