Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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Narcoexport

Por Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile

Conversando con unos conocidos míos que se dedican al comercio exterior de bienes hacia y desde el Ecuador, me percaté de que observaban con preocupación la deriva que está tomando la narcoindustria “for export”. Existe un temor creciente sobre la manera como se exportan productos ecuatorianos a diferentes mercados, porque cada vez es más común que, junto a cualquier bien exportado, aparezcan escondidos alijos de coca. O que diferentes estupefacientes, en todas las formas, colores y montos, se camuflen como un racimo de banano, un pack de camarón o una caja de latas de la agroindustria. El ingenio criminal no conoce límites y, al parecer, tampoco escrúpulos para usar un subterfugio que sirva de transporte. Existe una razón económica de peso: el bien escondido o camuflado vale mucho más que el legalmente exportado.

Por Juan Jacobo Velasco
Santiago de Chile, Chile


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Conversando con unos conocidos míos que se dedican al comercio exterior de bienes hacia y desde el Ecuador, me percaté de que observaban con preocupación la deriva que está tomando la narcoindustria “for export”. Existe un temor creciente sobre la manera como se exportan productos ecuatorianos a diferentes mercados, porque cada vez es más común que, junto a cualquier bien exportado, aparezcan escondidos alijos de coca. O que diferentes estupefacientes, en todas las formas, colores y montos, se camuflen como un racimo de banano, un pack de camarón o una caja de latas de la agroindustria. El ingenio criminal no conoce límites y, al parecer, tampoco escrúpulos para usar un subterfugio que sirva de transporte. Existe una razón económica de peso: el bien escondido o camuflado vale mucho más que el legalmente exportado.

Uno de los problemas de la droga es que, mirada como “ítem” de exportación, tiende a desplazar a otros productos. Por su culpa, los trámites que enfrentan los exportadores ecuatorianos son cada vez mayores, lo que demora los envíos y encarece el costo de la exportación, quitándoles competitividad.

A ello se suma que los lazos de confianza se van quebrando conforme se profundiza la sensación de que nadie puede asegurar que en la cadena de producción y empaque no se pueda “colar” un interesado en enviar, de “agache” o con la anuencia de algún eslabón en la cadena de producción/exportación, unos kilos (¡o toneladas!) de droga. Finalmente, las autoridades del puerto de destino insumen mayor tiempo en revisar la mercadería que exportamos, demorando la desaduanización y complicando la calidad final del producto, cuando el mayor tiempo de permanencia en el puerto implica cambios en el proceso de maduración de bienes perecibles.

A los barones de la droga nada de eso les complica. Su fin es encontrar cualquier grieta o mecanismo para enviar a su mercado de destino alguno de sus productos. Saben que la pérdida que registran cuando son descubiertos una vez es compensada con creces la ocasión en que “la exportación” tenga éxito. Siempre encontrarán la manera de mandar sus productos en un cargamento por mar, tierra o avión. Empero, para el pequeño, mediano o gran exportador, y para los intermediarios comerciales, el del boom narcoexportador es un dolor de cabeza para el que no encuentran aspirina, y con el que, si quedan manchados, no tendrán una segunda oportunidad.

Conforme se suman a nivel mundial sospechas y evidencia de que la droga se convierte en un “ítem” estrella del Ecuador, paralelamente se advierten claros desincentivos y complicaciones para el resto de bienes de exportación. No se trata solo de aumentar controles, policías, perros y certificaciones. El costo, en tiempo y competitividad, irá en aumento, complicando al resto de bienes. Este es el tiempo de buscar una solución