Ecuador. miércoles 13 de diciembre de 2017
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La rebelión de Fisco

Por Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España

Lo conté otras veces, pero lo haré de nuevo porque me causó un gran impacto cuando era adolescente y hasta hoy, camino ya de la cuarta edad, lo sigo escuchando como si fuera entonces. En un teatro de Montevideo estaban poniendo “La rebelión de Fisco”, del dramaturgo alemán Friedrich Schiller (1759-1805). Escrita en 1784, su personaje central es Fisco, quien decide sublevarse contra el señor tiránico que oprime a su pueblo. La conspiración sigue su curso, pero Fisco es delatado por sus propios compañeros. Condenado a muerte, al subir al cadalso dice: “Desgraciado de mí que quise hacer libre a este pueblo, pero me olvidé de preguntar antes si este pueblo quería ser libre”.

Por Jesús Ruiz Nestosa
Salamanca, España


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Lo conté otras veces, pero lo haré de nuevo porque me causó un gran impacto cuando era adolescente y hasta hoy, camino ya de la cuarta edad, lo sigo escuchando como si fuera entonces. En un teatro de Montevideo estaban poniendo “La rebelión de Fisco”, del dramaturgo alemán Friedrich Schiller (1759-1805). Escrita en 1784, su personaje central es Fisco, quien decide sublevarse contra el señor tiránico que oprime a su pueblo. La conspiración sigue su curso, pero Fisco es delatado por sus propios compañeros. Condenado a muerte, al subir al cadalso dice: “Desgraciado de mí que quise hacer libre a este pueblo, pero me olvidé de preguntar antes si este pueblo quería ser libre”.

Los resultados de las elecciones en Venezuela me resultaron decepcionantes. La imagen de Chávez en el balcón del palacio de Gobierno de Caracas, abrazado al sable de Simón Bolívar, era una imagen grotesca, mientras la multitud lo vitoreaba. Si esto es lo que decidió la mayoría, pues respetémosla. No puedo dejar de pensar, sin embargo, en esa minoría que no siguió a Chávez porque ella será borrada del mapa político, laboral, social, intelectual de Venezuela. Chávez y sus seguidores son de los que piensan que “las mayorías mandan”, muy lejos de aquello de que la mayoría gobierna respetando los derechos, los intereses y las creencias de las minorías.

Son seis años más, seis años de agresiones, de insultos; insultos personales, insultos a la inteligencia, insulto a la cordura, porque Chávez, obedeciendo a su delirio mesiánico se cree con el derecho y en la obligación de decirnos a todos lo que debemos hacer, en qué debemos creer y cómo debemos actuar.

Si así no fuere, pues tronará desde su programa de televisión: nosotros bien lo sabemos pues hemos sido una de sus víctimas preferidas desde que el Congreso destituyó al presidente Lugo.

Los analistas dicen que ahora profundizará su famosa revolución socialista del siglo XXI de la que su propio creador, el sociólogo alemán Hans Dieterich, ha dicho que nada tiene de socialismo y se mandó mudar de Venezuela porque no lograba ponerse de acuerdo con Chávez.

No malgastó su tiempo ya que a menos de 48 horas de haber ganado las elecciones hizo declaraciones en apoyo a Bachar el Asad, el presidente sirio que está masacrando a su población: 20.000 muertos en el último año y medio provocadas por el dictador que, para Chávez, es el presidente legítimo y al que se debe apoyar en contra de los rebeldes. Se interrumpió aquí para recibir una llamada de otro “hermano” suyo, el presidente de Irán, un Estado teocrático donde se mata a las mujeres a pedradas por cualquier capricho de su marido o, lo que es inaudito, de sus propios padres y hermanos.

Esta violencia no debe sorprenderle mucho a Chávez pues preside el país más violento de América, por detrás de Honduras, con un récord de 80 homicidios por cada 100.000 habitantes. En 2011 se registraron 19.000 asesinatos en todo el país, casi tantos muertos como los provocados por la artillería pesada y la aviación de El Asad en Siria.

Para muchos, ha triunfado la democracia. Sobre todo para sus amigos y sus beneficiados con los dólares que fluyen en torrente gracias al petróleo. La democracia que ha triunfado es la de sentarse en el sillón presidencial y hacer todo lo necesario para que nadie lo levante de allí. La misma persona veinte años en el gobierno debe ser muy democrático en un país donde su libertador, Simón Bolívar, pensó seriamente en instituir la presidencia vitalicia así como también un senado compuesto de personas ilustres, elegidas a dedo, claro está, cuyo poder iba a ser balanceado con otra cámara elegida esta vez a través del voto de los ciudadanos. Estas son las lecciones de práctica política que nos quieren dar, además de una Cristina Kirchner que mueve sus hilos para optar por un tercer periodo y los hermanos Castro que no mueven nada porque ya se sabe que ellos estarán allí hasta que Dios les diga basta. Pero por lo visto ni Dios los quiere por eso tarda tanto en llevárselos.

* Jesús Ruiz Nestosa es periodista y escritor paraguayo. Su texto ha sido publicado originalmente en el diario ABC Color, de Paraguay.