Ecuador. jueves 14 de diciembre de 2017
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Lamento por la muerte de Silvia Kristel

Por Carlos Jijón
Guayaquil, Ecuador

Escribe Mario Vargas Llosa en su último ensayo, que lo que ha ocurrido con las artes y las letras, y en general con toda la vida intelectual en las últimas décadas, ha sucedido también con el sexo: que la civilización del espectáculo no solo ha dado el puntillazo a la vieja cultura, sino que también ha destruido lo que el autor de “la Guerra del fin del mundo” considera una de sus manifestaciones más excelsas de la cultura: el erotismo.

Por Carlos Jijón
Guayaquil, Ecuador


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Escribe Mario Vargas Llosa en su último ensayo, que lo que ha ocurrido con las artes y las letras, y en general con toda la vida intelectual en las últimas décadas, ha sucedido también con el sexo: que la civilización del espectáculo no solo ha dado el puntillazo a la vieja cultura, sino que también ha destruido lo que el autor de “la Guerra del fin del mundo” considera una de sus manifestaciones más excelsas de la cultura: el erotismo.

Lo escribo pocas horas después de enterarme de la muerte de la actriz holandesa Silvia Kristel, que cuando yo llegué a la adolescencia, era uno de los mayores mitos eróticos de la década de los setenta, y en la misma semana que he leído en un despacho de Associated Press que la novela “Cincuenta sombras de Grey”, de la escritora británica E. L. James, ha sido el libro más vendido la semana pasada en la mayoría de las librerías de América Latina, el nuevo boom, la nueva “Cien años de soledad” de esta segunda década del siglo XXI.

Debo confesar que no he leído, ni planeo hacerlo, la trilogía erótica que parece haber causado sensación en las modernas amas de casa. Pero me ha entristecido la muerte de Silvia Kristel, cuyo personaje Emmanuelle, una jovencita libertina que exploraba el placer, fue para mi, y para los hombres de mi generación, el más potente símbolo del erotismo, un dominio que según Freud, es el más recóndito refugio de la soberanía individual, donde se fraguan los rasgos distintivos de cada personalidad y que está inseparablemente unido a la libertad humana.

No deja de ser probable que el filme Emmanuelle haya sido un primer síntoma de aquello que Vargas Llosa describe como la banalización del sexo, y que como las “Cincuenta sombras de Gray” no se haya tratado más que de una especie de literatura de pacotilla que pretendiendo ser erótica no llegó más que a los rudimentos vulgares del género, esto es, la pornografía. Una pornografía suave y elegante que convirtió la mirada lánguida de Silvia Kristel, sus piernas largas y sus pechos erguidos, en uno de los más potentes símbolos de una generación que iba a precipitarse en el desenfreno.

Libertad y libertinaje. Vida y placer. Pero también dolor y muerte. Silvia Kristel ha muerto de un cáncer al estómago que le empezó en la garganta y que probablemente fuera causado por su adicción al cigarrillo, además de las drogas y el alcohol. Tanos y Eros. No deja herederas. En la civilización del espectáculo no hay espacio ya para el erotismo al estilo de Emmanuel, el de la literatura libertina como la de D. H. Lawrence en “El amante de Lady Chatterly”, en el que la vida no es tal sino conlleva un grito de libertad en contra de sujeciones morales, religiosas o políticas.

Hoy los cánones son otros. El libertinaje parece domesticado. Lo erótico es una historia de sumisión ante un hombre rico y poderoso, que según leo es el argumento de las sombras de Gray. Lo pienso mientras me entero que otro de los mitos eróticos de América Latina, la bomba sexi argentina Isabel Sarli, ha sido designada Embajadora de la Cultura Popular Argentina, con jerarquía de subsecretaria, por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Nunca lo hubiera imaginado en mi adolescencia.

1 Comentario el Lamento por la muerte de Silvia Kristel

  1. Recuerdo cuando estrenaron Emanuelle, yo tenía solamente 18 años y la censura era para 21(previa presentación de cédula de identidad), tuvimos que hacer malabares para entrar al cine, y cuando lo hicimos, oh sorpresa!, compartimos asiento con encopetadas damas de la sociedad quiteña, algunas con estolas de pieles, muchas de ellas con sus esposos vestidos como para una presentación de “Carmen”, debo anotar que fui al, creo que ya está cerrado, cine Hollywood. Es que Emanuelle realmente es una película excelente, erótica si, mas no pornográfica, o por lo menos no del tipo de pornografía que ahora está a un clic en los sitios de internet.

    Como no recordar la bella frescura de Silvia Kristel, su actuación que rompía tabúes en las actitudes de mujer, hombre y pareja, y sobre todo el contenido de Emanuelle que rompía lanzas contra la pacatería sexual. Esta película, que abrió camino a que se permita exhibir “Deep Throat” en salas de cine corrientes, dio lugar a varias secuelas, no vi ninguna, que fueron de calidad inferior según la crítica especializada, en las cuales el erotismo poco a poco fue reemplazado por pornografía mucho mas abierta y desenfrenada.

    Lástima que el erotismo haya muerto, ahogado por la pornografía, si lo siento mucho, ese halo de misterio que rodea al erotismo, es, diría yo saludable, siempre la tentación de lo prohibido ha sido el acicate para descubrir nuevas formas de expresión en lo que se refiere a la mayor fuente de placer de los humanos, el sexo. Esas relaciones sexuales que desafortunadamente se han banalizado, si, en muchos casos son simples ceremonias de iniciación, como en las pandillas, perdiendo mucho de su verdadero fin, el proveer el intercambio de profundos sentimientos de amor entre dos que desean compartirlo.

    Descansa en paz, Silvia Kristel, siempre serás el ícono de mi generación, la mujer bella y sensual que rompió el tabú del sexo en los adolescentes setenteros.

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